Los momentos de la jornada 31

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Madrid, 12 abr (EFE).- Momentos de la jornada 31 de LaLiga EA Sports:

El Real Madrid se ha metido en un laberinto de resultados incómodos en partidos sin gobierno con un coste elevado. Ante el Girona volvió a suceder: encuentro áspero, ritmo trabado y un empate (1-1) que suena a despedida de la Liga. Nueve puntos de distancia respecto al Barcelona son más que una distancia. El equipo de Arbeloa, además, arrastra un momento torcido, con golpes recientes ante Mallorca y Bayern, y mira ya a la Champions como último refugio.

Pero el partido dejó una de esas jugadas que persiguen. Minuto 85: Mbappé cae en el área derribado por Vitor Reis, golpe en la ceja, sangre visible y el juego sigue. Ni árbitro ni VAR. En una Liga que se decide por detalles, ese fue uno grande. El Madrid se fue con la indignación a cuestas y Arbeloa lo resumió sin rodeos: "Eso es penalti aquí y en la luna".

La celebración del Barcelona

El Barcelona avanza con esa ligereza del que se sabe fuerte. Ante el Espanyol resolvió con claridad (4-1), con Ferran reencontrándose con el gol y Lamine Yamal marcando diferencias desde el talento. El equipo de Flick ha tomado velocidad de crucero y los números empiezan a ser concluyentes: nueve puntos de ventaja con 21 por jugar. No es definitivo, pero sí muy serio.

Después llegó la celebración. Vuelta al campo y comunión junto a la afición con Gavi, Fermín, Lamine y Casadó al frente para unirse a un cántico que remueve viejas rivalidades: "Perico dime lo que se siente, tener tu casa en Cornellà, te juro que aunque pasen los años, nunca lo vamos a olvidar. Te tiramos Sarriá, te fuiste a la montaña, y después te echamos de nuestra ciudad. Bajaste de división, para poder ser campeón, rezaremos por tu desaparición".

El Atlético jugaba en Sevilla con la cabeza partida entre dos citas importantísimas. Final de Copa, vuelta de Champions y rivales de peso en el horizonte (Real Sociedad y Barcelona). Pero el fútbol siempre obliga a atender el presente. Y ahí apareció un nombre nuevo: Javier Boñar. Simeone rotó y el chico encontró su sitio en una noche exigente.

Marcó y, al hacerlo, dejó ver todo lo que lleva detrás. Porque hay goles que no se celebran, se liberan. En la celebración ya se intuía la emoción y después, las lágrimas frente a las cámaras brotaron de sus ojos: "Llevo muchos años aquí trabajando. He pasado por momentos difíciles en este club y creo que me lo merezco. Gracias a toda la gente que me apoya, esto es para ellos".

En la zona baja no hay espacio para adornos. Se juega con urgencia y cada acierto tiene valor doble. Este fin de semana lo sostuvieron dos nombres propios: Muriqi y Viñas. Dos delanteros que entendieron el momento y cargaron con sus equipos.

El kosovar firmó dos goles ante el Rayo, alcanzó los 21 en Liga y sacó al Mallorca del descenso, con la licencia incluso de mirar de reojo a Mbappé. En Vigo, Viñas hizo lo suyo con dos tantos de área, de oficio, que dieron un 0-3 vital y sacaron a su equipo del último puesto. Son goles que no siempre ocupan portada, pero que sostienen temporadas.

El Sevilla vive instalado en la tensión, en ese punto en el que cada partido pesa más de lo normal. Ante el Atlético no podía fallar y el Sánchez Pizjuán acompañaba con esa mezcla de empuje y nervio. El contexto era claro: racha sin perder, pero peligro aún al acecho.

El partido tuvo todos los ingredientes: el golpe inicial de Akor Adams, la respuesta del joven Boñar y, justo antes del descanso, el momento clave. Córner de Rubén Vargas y cabezazo de Gudelj. Un gesto simple que lo cambió todo. Ese 2-1 no solo dio la victoria, también evitó la caída al descenso del Sevilla y concedió un respiro necesario al equipo de Luis García Plaza. En el Sánchez Pizjuán, ahora mismo, eso vale oro. EFE