Paco Aguado
Madrid, 5 abr (EFE).- El diestro Curro Díaz, que hizo hoy el paseíllo en Las Ventas sólo dos días después de la muerte de su padre, remontó el luto con una entregada actuación que le valió una aplaudida vuelta al ruedo, una vez que la presidencia le denegó una oreja pedida por la mayoría de público.
En circunstancias tan dolorosas, el torero de Linares puso todo de su parte, al igual que sus compañeros, ante un lote de toros de Martín Lorca que dieron un juego muy escaso, lastrados por la falta de empuje y también por una medida raza de la que los tres espadas supieron sacar más prestaciones de las esperadas.
Pero quien más vio reconocido el esfuerzo fue Curro Díaz, que contó siempre con el apoyo del tendido y que no se guardó nada ya con un primero de la tarde que usó su serio y veleto armamento para intentar tropezar constantemente su muleta y saliéndose de los embroques sin entrega cuando no lo conseguía.
El veterano jiennense fue cogiéndole paulatinamente la medida para, con un buen manejo de tiempos y alturas, trazarle muletazos de buen tono por ambas manos, buscando siempre la naturalidad, aunque entonces no tuvo la efectividad con la espada que sí consiguió con el segundo de su lote, que cayó antes por los efectos de una espada que entró algo desprendida.
A ese detalle fue al que tal vez se agarró la presidencia para desatender la mayoritaria petición de oreja que provocó esta vez una faena de pases menos limpios, pero sí más ligados, en tanto que Curro Díaz logró aprovechar las sosas y cortas arrancadas del animal situándose más en corto y aminorando también la exigencia del trazo, con el tendido apoyando hasta el último momento.
Aunque fue imposible nada en claro de un primero afligido y si apenas fuerzas, que obligó a abreviar, Rafael Serna le hizo después al quinto de los de Martín Lorca una faena de enorme mérito técnico, por mucho que no encontrara eco entre el público de este Domingo de Resurrección madrileño.
Este otro toro del lote del sevillano no sólo no se empleó sino que tuvo una fija tendencia a puntear bruscamente los engaños, lo que Serna evitó hábilmente vaciando los pases por debajo de la pala de los pitones, sobre todo con la diestra, por donde incluso llegó a ligárselos con un corto aunque suficiente recorrido, todo desde la base del aguante y el valor natural.
También por la firmeza se caracterizó la actuación del mexicano Diego San Román, por mucho que exigiera más de lo necesario a un tercero de la tarde que se movió con voluntad en una faena abierta con tres ajustados pases cambiados por la espalda. Fue al darle más pausas y sitio cuando el queretano logró los mejores momentos de un trasteo tan largo que dio tiempo a que sonaran dos avisos.
Y otro más escuchó en el sexto antes siquiera de montar la espada, una vez que de mitad de obra en adelante San Román encontró el ritmo preciso para alargar la dormida y apagada embestida de un basto sobrero de Carmen Valiente al que, aun al paso y un tanto "dormido", hizo seguir su muleta con ajuste y recorrido, pero también sin una adecuada respuesta del tendido.
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FICHA DEL FESTEJO:
Cinco toros de Martín Lorca y un sobrero, en sexto lugar, de Carmen Valiente, sustituto del tercero de Escribano Martín, devuelto por flojo. Corrida en su conjunto de muy aparente presentación y bien armada, aunque algo descompensada de hechuras por falta de remate en los cuartos traseros, lo que acusaron en unas fuerzas muy medidas, así como su raza, que redujeron su juego. El sobrero, cornalón y de poco fondo.
Curro Díaz, de verde botella y azabache: media estocada desprendida y dos descabellos (ovación); estocada delantera desprendida (vuelta al ruedo tras petición de oreja mayoritaria).
Rafael Serna, de marino y oro: dos pinchazos y descabello (silencio); media estocada y dos descabellos (silencio).
Diego San Román, de violeta y oro: tres ponchazos, estocada delantera y descabello (silencio tras dos avisos); estocada y descabello (silencio).
Entre las cuadrillas, destacó la brega de José María Soler con el cuarto.
Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Francisco Díaz, padre de Curro Díaz, y del torero retirado Ricardo Ortiz.
Tercera corrida de la temporada en Madrid, con algo más de un tercio del aforo cubierto (10.030 personas, según la empresa) en tarde de temperatura primaveral.
EFE
pa/may
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