Los tres niños que vivieron encerrados en Oviedo han mejorado mucho, dice forense

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Oviedo, 11 mar (EFE).- Los tres niños que permanecieron cuatro años encerrados en una casa a las afueras de Oviedo no responden a un perfil de maltratados, echan de menos a sus padres, han mejorado mucho, juegan y se comportan como otros chicos de su edad y, aunque aún presentan déficits educativos, están "en camino de recuperación social y personal".

Según los letrados de la defensa, así lo ha asegurado el médico forense designado por el juzgado ante el tribunal, en el proceso a puerta cerrada a los padres -un alemán de 53 años y una mujer de 48 con doble nacionalidad, alemana y estadounidense- que mantuvieron encerrados entre diciembre de 2021 y abril de 2025 a sus tres hijos: dos gemelos que tenían entonces ocho años y su hermano mayor, de diez.

"El médico forense ha dicho literalmente que los acusados no tienen perfil maltratador y que los niños no tienen un perfil de maltratados", y se ha mostrado partidario de una conciliación familiar progresiva, ha señalado el abogado de la madre, Javier Muñoz Pereira, al término de la segunda sesión del juicio.

La letrada del padre, Elena González, ha subrayado que están "muy contentos" con la prueba pericial practicada y las manifestaciones del médico forense porque vienen a ratificar que sí hay un problema asistencial, pero "que no existe una casa de los horrores", como fue bautizado este caso por los medios de comunicación.

Tanto el médico-forense que examinó a los padres y los niños como el presentado por la defensa han coincidido en que "no hay ningún maltrato psíquico", aunque sí "cierta afectación de la capacidad volitiva" de los padres, y en que los niños les echan de menos, han subrayado los letrados.

Los niños, que actualmente se encuentran bajo la tutela de los servicios sociales del Principado, "merecen reintegrarse a una vida normal" y recuperar la relación paterno-filial, cuestión en la que han coincidido los peritos, ha afirmado González.

"Es importante recuperar esa relación paterno-filial que se ha roto de manera radical con la detención y el encarcelamiento de nuestros defendidos", ha añadido tras reconocer que, aunque los padres no tienen problemas psiquátricos, como tal, sí que presentan "trastornos de conducta por un miedo insuperable a volver a coger el covid" y por no tener regularizada su situación en España, según los letrados.

Dado que son "muy rigoristas", para ellos era importantísimo el no haberse podido regularizar a tiempo porque la madre tenía covid persistente y no podía acudir a empadronarse junto con los niños, como es obligatorio, "y eso fue el desencadenante de toda la situación, una situación de autoconfinamiento, no de una casa de los horrores", ha afirmado la abogada.

Los abuelos maternos, que han declarado por videoconferencia desde Alemania, han señalado que "se quieren volcar con sus nietos y que están dispuestos a ayudar", ha señalado Muñoz Pereira antes de subrayar que la defensa cree tener el respaldo de los peritos en cuanto el camino para la recuperación de los niños, que es lo que interesa, "pasa por reintegrar esta familia".

Educadores de los centros en los que se encuentran ingresados los niños también han prestado hoy declaración en un juicio que estaba previsto que acabara este miércoles, pero que concluirá mañana con los testimonios de la psicóloga que exploró a los niños inicialmente y de los progenitores, que lo harán antes de los alegatos finales de defensa y acusación.

La Fiscalía y la acusación particular piden 25 años y cuatro meses de prisión para cada progenitor y la retirada de la patria potestad y la suspensión de cualquier régimen de visitas durante ocho años por delitos de violencia psíquica habitual en el ámbito familiar, detención ilegal y abandono de familia.

Según el relato del ministerio público, fue el "miedo infundado" de los padres a un hipotético contagio lo que les llevó a encerrar a sus hijos en el interior de la casa, a privarles de sus necesidades educativas, sanitarias, emocionales y sociales y a cortarles cualquier comunicación con el mundo exterior, por lo que ni siquiera salían al jardín ni conocían a otras personas.

Los niños presentaban igualmente problemas de control de esfínter, por la utilización indebida y prolongada de pañales, caminaban encorvados con las piernas arqueadas, presentaban dificultades para subir y bajar escaleras, tenían la piel irritada y convivían entre "cantidades ingentes de basura y suciedad". EFE

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