Roberto Ruiz Oliva
Sevilla, 15 feb (EFE).- El profesor Enrique Herrero, más conocido como Quique Bolsitas, ha convertido la lucha contra la contaminación y la llamada 'basuraleza' en una misión social y medioambiental a través del 'plogging', práctica que combina ejercicio con la recogida de residuos y que ha movilizado a miles de personas en España gracias al escaparate de las redes sociales.
Lo que para muchos es un paseo por la playa o la montaña se transformó para él en un acto de responsabilidad personal y colectiva a raíz de una noticia sobre unas islas de plástico del Pacífico y sus posteriores efectos mortales en forma de borrasca en África.
"Estaba en el sofá de casa y me sentí responsable, de alguna manera, de que el plástico de este primer mundo hubiera acabado con la vida de 200 personas. Eso me hizo reaccionar", ha contado a EFE mientras desarrolla este domingo una actividad en el parque natural de Doñana, a lo largo de unos cinco kilómetros de litoral en Almonte (Huelva) entre las playas de Cuesta Maneli y Pico del Loro.
Este profesor de Educación Física en un instituto sevillano ha combinado desde entonces su labor docente con jornadas de limpieza de playas, ríos, caminos y montes que organiza con el objetivo de implicar, sin exclusión, a administraciones, asociaciones, colectivos y ciudadanos.
Entre los hallazgos que más le han marcado menciona desde lavadoras o sofás abandonados en plena playa hasta el descubrimiento de un hueso humano en la costa gaditana de Tarifa, así como una más reciente y preocupante presencia de garrafas de gasolina vinculadas al narcotráfico en distintos puntos del litoral.
Las redes sociales han desempeñado para él un papel clave en la transformación de la percepción pública sobre la basura en la naturaleza: "Muchísima gente que me sigue ya ve basura que antes no veía y muchos han pasado de la indignación a la acción", explica.
Quique maneja datos propios que revelan la magnitud de su trabajo: más de 186 toneladas de residuos recogidos en cerca de 1.600 limpiezas, con la participación de unas 23.000 personas desde que comenzó su actividad hace varios años.
El desafío es también educativo y estructural porque, en su opinión, la basura no es solo un problema estético, sino también de salud pública.
España, como otros muchos países, vive en una especie de "vertedero maquillado", donde demasiadas calles, cunetas y playas están afectadas por residuos que se infiltran en los acuíferos, el suelo y acaban llegando a los alimentos.
Sobre el papel de las administraciones, sostiene que estas no solo deben limpiar, sino trabajar en educación y en evitar que los ciudadanos generen residuos de forma irresponsable. "A día de hoy vamos perdiendo el partido. Hay que equilibrar la balanza y limpiar lo que no se limpió antes", subraya.
Su historia, que combina activismo, deporte y pedagogía, ha servido para acercar a niños, jóvenes y adultos a la preservación de los entornos naturales, y ha generado iniciativas de sensibilización en colegios y eventos medioambientales en distintas ciudades españolas.
Con una agenda apretada, confiesa que conciliar su labor docente con la actividad ambiental requiere disciplina. "Tener una agenda, ciertos hábitos… e incluso renunciar a tiempo con mis hijos y mi mujer", reconoce.
Su mensaje de cercanía, voluntariado y acción positiva ha logrado calar entre miles de personas que ahora ven la basuraleza no solo como un problema, sino como algo que pueden ayudar a transformar con sus propias manos. EFE
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