Santiago de Compostela, 29 abr (EFE).- Galicia acaricia de nuevo la normalidad tras haber ido recuperando de madrugada el suministro eléctrico después de un apagón que devolvió a algunas de sus lonjas y ultramarinos al pasado, con subastas a viva voz para poder mantener así la actividad y con pesas antiguas de balanza y cuentas con lápiz.
En A Coruña el fallo eléctrico accionó los sistemas de seguridad de las antorchas de la refinería de Repsol y la humareda fue la primera señal de alarma para muchos de los vecinos de una ciudad que en algunos puntos no solamente se quedó sin luz, también sin agua, un hecho del que informaron fuentes municipales y que añadió un problema extra.
En Vigo, Stellantis se vio obligada a paralizar la producción, y lo mismo ocurrió en la planta de alúmina de Alcoa en San Cibrao (Lugo), que tuvo que frenar debido a la falta de energía eléctrica, un coste todavía no cuantificado pero del que los sindicatos han empezado a alertar.
El responsable de Industria de CCOO en A Mariña, José Antonio Zan, que trabaja en esta multinacional, ha contado a la prensa que por ahora ya se sabe que "las cubas que estaban arrancadas se fueron al traste, ya pasaron a mejor vida".
En Ourense uno de los mayores problemas ha estado en la estación de tren, pues los pasajeros del AVE no pudieron abandonar Galicia y se vieron obligados a buscar alojamiento en hoteles de esta ciudad gallega.
Este lunes, alrededor de las 12:30 horas, se vivió una caída del sistema eléctrico en todo el territorio peninsular del que solo han quedado a salvo Canarias, Baleares y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Como consecuencia de la intensidad de la caída del sistema eléctrico se paralizó el normal funcionamiento de infraestructuras, comunicaciones, carreteras, trenes, aeropuertos, colegios y hospitales.
Algunos de estos centros, en especial los hospitalarios, pudieron continuar prestando los servicios más urgentes ya que cuentan con grupos electrógenos de respaldo para cortes de luz. EFE

