Barcelona, 10 feb. (EFE).- Un equipo internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) ha descubierto unas larvas de mosca que se infiltran entre las termitas imitando sus rasgos y olor para socializar en un termitero.
El estudio, que publica la revista Current Biology, ha sido liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE), que es un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), con la participación del Instituto Botánico de Barcelona (IBB).
El estudio revela por primera vez una morfología única entre las larvas de moscas: una "máscara de termita" en la parte posterior del cuerpo, con falsos ojos y antenas.
Se trata de la primera mosca azul (califórido) capaz de integrarse socialmente con las termitas cosechadoras, unos insectos subterráneos con complejas estructuras sociales.
Nunca antes se había observado a una mosca azul que lograra infiltrarse en las termitas, y el descubrimiento abre la puerta a comprender la evolución de nuevas y sorprendentes formas de simbiosis y socialización entre especies.
El hallazgo tuvo lugar en la cordillera del Anti-Atlas, al sur de Marruecos, y revela unas adaptaciones morfológicas y químicas únicas, puesto que la investigación arroja luz sobre la evolución de las moscas y las adaptaciones de las especies que se relacionan con las termitas.
Según el investigador del IBE que ha liderado el estudio, Roger Vila, "debe de ser una especie extremadamente rara, porque hemos realizado tres expediciones más en esa zona y, a pesar de levantar cientos de piedras, solo encontramos dos moscas más, juntas en otro termitero".
El equipo ha descrito las adaptaciones morfológicas de esta especie de mosca azul y, en concreto, las larvas de este califórido han desarrollado un disfraz único para infiltrarse en los termiteros.
En la parte posterior de su cuerpo, la larva muestra una "máscara de termita": una "cabeza" -no funcional- con antenas y palpos (apéndices articulados sensoriales de los artrópodos) del tamaño de una gran termita cosechadora.
Además, la larva cuenta con dos ojos falsos, que en realidad son sus orificios respiratorios.
Vila señala que "la mayoría de las termitas viven a metros de profundidad y no tienen percepción visual. Sin embargo, las termitas cosechadoras salen al atardecer a recolectar hierba, por lo que disponen de ojos funcionales que la larva de mosca logra imitar con sus espiráculos".
Además, las larvas presentan inusuales "tentáculos" alrededor del cuerpo que imitan las antenas de las termitas con gran detalle, algo que el equipo ha podido visualizar mediante microscopía electrónica de barrido, y los numerosos tentáculos que rodean el cuerpo de las larvas facilitan la comunicación simultánea con varias termitas.
Dentro del nido todo está a oscuras, por lo que las termitas se reconocen entre ellas a través de las antenas, con las que detectan la forma y el olor de sus hermanas.
Todos los miembros del nido comparten este aroma, y las termitas soldado atacan y descuartizan a cualquier intruso de otra colonia, pero las larvas de esta mosca también han logrado imitar el olor distintivo de sus hospedadores.
"Cuantificamos la composición química de estas larvas y el resultado es sorprendente: no se pueden distinguir de las termitas de la colonia en la que viven, huelen exactamente igual", asegura Roger Vila.
Cuando el equipo encontró las larvas en Marruecos, estas ocupaban las cámaras de comida del termitero, y una vez en el laboratorio, pudieron observar que las larvas de mosca solían situarse en las zonas más pobladas del nido, dónde recibían atención constante por parte de las termitas, que las acicalaban con sus piezas bucales.
Aunque el equipo no logró desvelar su dieta, pudo observar comportamientos similares a la trofalaxis: las termitas parecían transmitirles alimentos boca a boca a las larvas.
"La larva no solamente es tolerada, sino que se comunica constantemente con las termitas por contacto con sus tentáculos parecidos a antenas e incluso parecen alimentarla, aunque esto aún no se ha podido demostrar", apunta Vila.
El equipo destaca la dificultad de cuidar estos insectos en el laboratorio, puesto que implica mantener colonias de termitas oriundas del desierto, que viven en condiciones muy especiales.
De hecho, admite el mismo investigador, las larvas estudiadas acabaron muriendo sin alcanzar la metamorfosis, por lo que podría haber elementos del nido y de la relación simbiótica entre termitas y moscas que no lograron trasladar al laboratorio.
En consecuencia, "su alimentación se desconoce hasta la fecha, y su forma adulta sigue siendo un misterio", añade Vila. EFE
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