La tasa de mortalidad de personas migrantes con VIH es menor que la de las españolas

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Madrid, 28 nov (EFE).- Las personas foráneas con VIH han registrado en las dos últimas décadas, particularmente en los últimos cinco años, unas tasas de mortalidad menores que las de las españolas, pero han reducido menos el número de fallecimientos por esta enfermedad, lo que constata su peor acceso al sistema sanitario.

El efecto 'migrante sano' (solo lo hacen las personas en buenas condiciones de salud) y el del 'sesgo del salmón' (los migrantes vuelven a sus países para morir) explicarían esa menor mortalidad, según un estudio multicéntrico presentado en el XV Congreso Nacional de GeSIDA, el grupo de estudio del sida de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas (SEIMC).

Para llevar a cabo este trabajo, dirigido a evaluar las diferencias en la mortalidad general y por causas específicas entre las personas migrantes y nativas con VIH, se seleccionaron personas con el virus sin tratamiento antirretroviral, con una edad de 18 o más años y reclutadas entre el 1 de abril de 2004 y el 30 de noviembre de 2023.

El resultado es que las muertes relacionadas con el VIH/SIDA representaron el 26,6 % de las producidas entre los españoles y el 30,6 % entre los migrantes. Les siguieron los cánceres no definitorios de sida, que representaron el 23,4 % y el 17,5 %, respectivamente.

Los autores han llegado a estos resultados con una muestra de 20.333 individuos, de los que el 46,2 % (9.395) eran migrantes, algo más de la mitad (54 %) de América Latina; el 31,7 % de Europa, el 12 % de África y el 2,3 % de otras regiones.

Además, en este grupo había más probabilidades que en el de los españoles de ser mujeres (17,5 % frente a 11,5 %), más jóvenes (35 frente a 39,2 años) y haber adquirido el VIH a través de relaciones heterosexuales (30,1 % frente a 23,4 %).

Durante el seguimiento, se produjeron 1.005 muertes, 714 en españoles y 291 en migrantes. En general, la tasa de mortalidad fue de 8,91 (por 1.000 días) en españoles y 4,86 en migrantes.

La evaluación de las diferencias en mortalidad se ha hecho de forma general entre 2004 y 2023, así como por intervalos de años, elegidos para reflejar cambios relevantes en la legislación migratoria española (2004-2011, 2012-2017 y 2018-2023).

En base a estos intervalos, las tasas de mortalidad (por 1.000 año-persona) para españoles y migrantes, fueron, respectivamente, de 14,25 frente a 9,83 en 2004-2011; de 7,93 frente a 4,70 en 2012-2017; y de 7,44 frente a 3,08 en 2018-2023.

Pese a esta ventaja en la mortalidad, el trabajo revela que, aunque con el tiempo han ido descendiendo las muertes relacionadas con el VIH/SIDA entre ambos grupos, en las personas foráneas la reducción ha sido menor, lo que refleja un peor acceso a la atención sanitaria o un mayor retraso en el diagnóstico.

En la realización de este estudio han participado expertos del Instituto de Salud Carlos III-(CIBERINFEC), de los hospitales Ramón y Cajal, Clínico San Carlos y Fundación Jiménez Díaz de Madrid; del Hospital Virgen de Valme de Sevilla, del Hospital Reina Sofía de Córdoba; del Hospital del Mar de Barcelona, del Basurto-Osakidetza de Bilbao, del Clínico de Valencia, del San Pedro-CIBIR de Logroño y del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga.

Durante el principal foro científico sobre VIH de España, celebrado estos días en Zaragoza, también se ha presentado otro estudio de varios hospitales -Ramón y Cajal, Son Espases de Palma, Universitari Joan XXIII de Tarragona, Virgen de Valme, Vall d´Hebron de Barcelona, Donostia de San Sebastián, Bellvitge de L´Hospitalet de Llobregat y del Virgen del Rocío- que ha demostrado un retraso en la aparición de eventos adversos para la salud en personas con VIH.

Los autores definieron tres periodos de seis años para su estudio: 2006-2011, 2012-2017 y 2018-2023 e incluyeron eventos adversos cardiovasculares mayores (entre los que se incorporó infarto agudo de miocardio e ictus no mortales y muerte cardiovascular, tumores malignos no definitorios de SIDA y muertes no accidentales.

Así, la media de edad de aparición del primer evento adverso fue de 42,2 años en el primer periodo analizado; de 45,6 años en el segundo y de 48,3 años en el tercero.

Resultados que, según los autores, podrían apuntar a que las mejoras en el tratamiento antirretroviral y la atención que reciben las personas que viven con el virus contribuyen a un envejecimiento más saludable en esta población. EFE