Sevilla, 20 sep (EFE).- "Reto monumental, apoteósica, hito, mastodóntica, visionaria y rompedora" son algunas de las calificaciones que la ópera de Wagner "Tristán e Isolda" ha recibido este miércoles por los principales artífices de su nueva producción a cargo del sevillano Teatro de la Maestranza, que la estrenará los días 27 y 30 de este mes y el 3 de octubre.
"Es una ópera rompedora y visionaria por la inestabilidad armónica que abre la puerta al desgarramiento tonal de la segunda Escuela de Viena", ha señalado en la presentación a la prensa el director del Maestranza, Javier Menéndez, mientras que el director musical Henrik Nánási ha destacado la paradoja de que, compuesta por Wagner para olvidarse de la complejidad de su tetralogía "El anillo del nibelungo", acabó haciendo una obra aún "más compleja y difícil".
En la época de Wagner esta ópera tuvo un estreno tardío por "el reto monumental que supone ponerla en escena con las garantías que requiere", no obstante es una obra muy representada, también por su complejidad escénica y aunque su trama no sea otra que las emociones musicales de los intérpretes, donde descansa todo su argumento, según Menéndez.
En efecto, según Henrik Nánási, "lo importante ocurre antes del inicio de la obra, que es más interesante que lo que pasa después, cuando lo cuenta Isolda; de modo que durante cuatro horas se habla de las emociones y los sentimientos de los personajes; esto es todo lo que ocurre".
Sobre el tenor ha destacado Nánási que requiere una gran potencia musical y a la vez la capacidad de "hacer matices y acoplarse a las emociones íntimas de la partitura", para lo cual en esta ocasión se cuenta con Stuart Skelton, quien cuando finalicen sus tres funciones en el Maestranza habrá interpretado este papel en 96 ocasiones, de tal modo que alcanzará el centenar en las próximas puestas en escena de esta producción en Munich.
A diferencia de la soprano sueca Elisabet Strid, que debutará este papel en el teatro sevillano y que hoy también acompañaba al director de escena Allex Aguilera, quien ha prometido que "no será la Isolda que se acostumbra a ver".
Aguilera también ha confesado abiertamente que en esta producción, "la música es la que manda, hay poco teatro, hay emociones con pocas acciones; hemos dado facilidad a los cantantes porque sabemos lo difícil que es; lo hemos preferido así aunque parezca una representación estática".
Por ese motivo, el director de escena ha optado por "crear atmósferas", para lo cual se ha ayudado de vídeos, en el convencimiento de que esta obra "es como el Amazonas, donde además de que concluyen todos los ríos, basta que uno vaya a contracorriente para no conseguir el objetivo; de ahí que todos nademos en favor de la corriente".
Aguilera, que ha reiterado que es de esos directores de escena que jamás se ponen contra la música con "movimientos imposibles", se ha declarado "wagneriano confeso" tras recordar que ya en el Maestranza ha dirigido "La Walkiria" y "Sigfrido".
El diseñador del vestuario, Jesús Ruiz, ha coincidido con los directores en que la música de esta ópera "es tan apoteósica que rellena cualquier hueco, por lo que en sus diseños ha optado por "ser original volviendo al origen, lo cual dentro de poco será lo más rabiosamente moderno", por lo que ha preferido crear "un universo atemporal".
Sobre los perjuicios que en el área mediterránea puedan pesar sobre la música de Wagner, Menéndez ha respondido que "Tristán e Isolda" es "una obra que te lleva por delante, que te arrolla por su capacidad de emocionar, que también es sensual y casi erótica, y tan monumental que es muy difícil resistirse a entrar en ella". EFE
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