Alfredo Castro: Ser Allende o esclavo de Pinochet produce un "tremendo placer" como actor

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Alicia G. Arribas

Madrid, 7 sep (EFE).- El actor chileno Alfredo Castro vive este septiembre "su cuarto de hora", una expresión de júbilo de su tierra de la que dan fe cuatro estrenos de películas, entre ellas "El Conde", donde interpreta a un esbirro de Pinochet, y la serie "Los mil días de Allende", donde se convierte en el mismísimo presidente, derrocado ahora hace 50 años.

En una entrevista con EFE en Madrid, el talentoso actor, ganador de cuatro premios Platino, se congratula de la casualidad de que el mismo día, este jueves 7 de septiembre, vean la luz a la vez en Chile dos de sus trabajos más brutales y en las antípodas uno de otro: Miguel Krassnoff, torturador chileno convertido en sirviente de un Pinochet vampiro por arte de Pablo Larraín, y el propio Salvador Allende.

"La distancia entre estos dos personajes me provoca un tremendo placer político, no placer personal -precisa el 'muso' de Larraín-, sino que me permite estar donde debo estar, de pie, para que mi profesión tenga algún valor".

La serie, dirigida por Nicolás Acuña para la Televisión Nacional de Chile (TVN) con el respaldo de RTVE, se presentará en el 71 Festival de San Sebastián y llegará a España en octubre. Son cuatro episodios que comienzan con el bombardeo a La Moneda, justo cuando Allende le pide a su asesor español Joan Garcés (Pablo Capuz) que salga del palacio, que huya, porque él será quien cuente la historia.

"Y así fue -comenta Castro-. Filmamos esa escena muy verídicamente y yo me emocioné hasta morir", confiesa.

La verdad, dice entre risas, "es que tengo una galería de roles bastante siniestra y ominosa, yo me iría con el premio al ominoso en el cine, en el teatro -más risas-, pero me produce un placer tan enorme mi profesión".

Su modo de actuar, dice, "es preguntarme cómo es la escena en la vida real, no en la ficción. Qué pasa en un cuerpo cuando se bombardea a metros de él; yo tuve una impresión muy fuerte".

DESPERTARSE EN OTRO PAÍS DE UN DÍA PARA OTRO

Pero, ¿cómo se llegó a aquella dictadura?, se pregunta. "Era gente predestinada al mal porque no tenían estructura política ni ideológica, solamente hacer el mal, y el poder". Todo esto está en la serie, incluidas vivencias de un jovencísimo Alfredo Castro.

"Yo lo recuerdo de pequeño, la gente joven, disfrutando, bailando, enamorándose, besándose, cantando la nueva canción chilena, y de un día para otro fue el horror", apunta Castro. En horas, "te amaneces en un país que no es el tuyo, con torturadores, con cuerpos en el río, con gente muerta en las calles, con campos de concentración".

A Allende, asegura, lo mataron simbólicamente con ese bombardeo. Hubo incluso, cuenta, "una especie de ensayo del golpe días antes, en agosto del 73. Los golpistas lanzaron algunos tanques a La Moneda y salió todo el pueblo en Santiago a defender su Gobierno. Se dieron cuenta que el golpe militar debía ser violento, rapidísimo y muy cruel, no podía haber términos medios".

Así saltamos a "El Conde". Augusto Pinochet, en esta película, no está muerto, sino que es un vampiro de 250 años que, por fin, ha decidido morir. Y Castro es su lacayo, un trasunto de Miguel Krassnoff, uno de los torturadores de la policía secreta que participó en el golpe.

"Me corresponde a mí ponerle cara a este ser abyecto que tiene 900 cadenas perpetuas. Es espantoso, leí mucho sobre él, y me descompuso su historia de crímenes, me provoca horror ese nivel de maldad", señala Castro.

Sin embargo, la cinta -muy aplaudida en el Festival de Venecia- es una sátira. "Yo creo que fue un acierto brillante de Larraín escoger un estilo, una forma, una textura que es la única manera de tomar a este dictador, este hombre siniestro: convertirlo en una farsa, una sátira cruel y violenta".

ALFREDO CASTRO, ESPAÑOL

Además Castro estrena este viernes en cines españoles una pequeña joya, la película "Karnawal" (2020), dirigida por el argentino Juan Pablo Félix, con la que obtuvo uno de sus premios Platino.

"Viene con retraso, pero viene linda esa película, yo la adoro, es muy tierna", apunta el chileno, que pronto podría ser español, si el Gobierno atiende su solicitud de nacionalización por la llamada "ley de nietos", aprobada el año pasado, que ofrece esa posibilidad a los nacidos en el extranjero de padres o abuelos españoles.

"Mi abuelo se llamaba Ulpiano Gómez, era el padre de mi madre, y nació en Torrelavega, en Cantabria", apunta el actor, que este mismo año piensa viajar con su hermana a la tierra de la que procede su familia, aprovechando su paso por el Festival de San Sebastián donde presenta dos de sus últimas películas.

LA TEORÍA DEL TERCER CUERPO

El actor explica a EFE que, desde muy pequeño, sintió que la ficción era su única salvación para soportar la vida. "Por mi sensibilidad, por donde yo miro la vida, por mi historia familiar, por la vida que me tocó vivir".

Así, ya de muy joven, inventó el modo de luchar contra la locura que le producían los personajes que actuaba. "Perdí pie entre ficción realidad, y cree la teoría del tercer cuerpo, uno donde yo puedo salvarme, es decir soy yo y no soy yo, un cuerpo a mitad entre los personajes y yo, un cuerpo donde puedo salvarme". EFE

aga

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