Francisco Ávila
Fukuoka (Japón), 27 jul (EFE).- El grancanario Carlos Gimeno (1989), que hoy fue sexto en la final de Saltos de Gran Altura, contempla la vida desde los 27 metros de la plataforma desde la que cada cierto tiempo salta.
Podría ejercer de trapecista, pero en realidad es un equilibrista, que lo relativiza todo después de que un grave accidente en 2008 pusiera en peligro su vida.
La historia de Gimeno es una historia de superación personal. Su mundo se detuvo después de una caída que lo dejó inconsciente durante quince minutos. Fue en una actuación en un espectáculo en Macao, donde trabajaba. Los buzos tardaron un poco más de la cuenta y su vida pendió de un hilo.
"¿Por qué sigo saltando después de aquello? Por la sensación que me da, por la emoción que siento. Son tres segundos, la vida en tres segundos, visualizo el salto y ya...", comenta en una entrevista con EFE.
Gimeno se sitúa en lo alto de la plataforma y respira. Da igual que sea desde el puente del Guggenheim en Bilbao, desde los acantilados en Downpatrick Head (Irlanda), en Fort Lauderdale (Estados Unidos) o en Cozumel (México).
"Visualizo el salto y hago pequeñas correcciones. Me concentro en mis respiraciones, mido la distancia, me imagino cómo va a ser el salto y empiezo a contar...", relata.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Abre los brazos como si simulara que son unas alas. Uno, dos, tres segundos. Splash. Esa es la rutina, una y mil veces, un salto que en realidad son dos, la salida de la plataforma y la entrada en el agua.
"Si es como un corta y pega, porque no hay plataformas de esa altura en España, solo en China, donde hay una permanente. Se ensaya la primera parte del salto y después la segunda", cuenta.
Gimeno es saltador de formación y también por convicción. Se crió junto al mar y con su familia viajaba en una furgoneta y se instalaban junto a cualquier playa. Pescar, surf, buceo y tirarse por los acantilados eran sus aficiones.
Empezó a saltar desde el trampolín con diez años y estuvo enrolado en el Metropole durante unos cuantos años. En 2013 vio que en Barcelona se celebraba un Mundial de Natación en el que se estrenaba una nueva disciplina, la de los saltos de gran altura, y que no había ningún representante español, un año después estaba en Madrid interesándose.
Dos años después se estrenaba en un Mundial, fue en el de Kazan de 2015. Ya sabía que su vida iba a ir de equilibrio, de saltos y de altura. Un estilo de vida diferente.
Además durante un tiempo Gimeno trabajó en un espectáculo en un parque acuático, en el Zoomarine de Roma. Allí ejecutaba ejercicios desde una considerable altura, instalado en un columpio ruso. "¿Desde 20 metros? No, era de diez", asegura.
De un espectáculo en Roma, a otro en Macao. Allí vivió Carlos Gimeno durante cinco años (2015-2020). "Era un espectáculo instalado junto a un casino, una compañía que era un especie del Circo del Sol. Aquello era como Las Vegas, pero en China", cuenta.
"En la casa del agua danzante (The House of dancing water) desarrollé todo mi potencial durante cinco años. Era un trabajo muy, muy bien pagado y estuve allí hasta 2020", dijo.
Al tercer año de estar allí, sufrió un accidente que casi le cuesta la vida. Una mala salida, un desequilibrio y una entrada frontal en el agua. Estuvo quince minutos inconsciente, un trauma que superó como siempre, relativizando situaciones.
"Sabía que lo tenía que superar. No pienso en que se puede volver a repetir, porque si no, no saltaría más", insiste el grancanario. En Fukuoka saltará por segunda vez en un Mundial, durante los últimos tres años se ha integrado en el circuito mundial de grandes saltos que patrocina 'Red Bull'.
De hecho, Gimeno es el segundo mejor en el ránking mundial, por detrás del rumano Kontastin Popovici. En este tiempo ha saltado por todo el mundo y decidió tomarse más en serio los entrenamientos e integrar nuevos saltos tras la pandemia.
"En 2021 recibí una invitación de 'Red Bull', donde ya había probado en 2015, en una prueba en Cali (Colombia). Esto es lo que quiero, lo hago por mí y por todos, quiero ser un ejemplo de superación, de trabajo", insiste.
Y es que a este trabajador social le gusta ser "un ejemplo a seguir" para la gente, por lo que se ha esforzado en la vida. "Creo que he conseguido mi objetivo, que es transmitir mi camino", insiste Gimeno.
En el último año ha ido incrementado la dificultad de sus saltos. Tiene uno que reúne cinco mortales hacia atrás y otro que es de dificultad extra: se instala haciendo el pino a 27 metros y ejecuta un salto con cuatro mortales y medio para atrás.
Carlos Gimeno dice que tiene vértigo. EFE
fa/ea

