Ángel Blázquez, experto en eficiencia: “La gran mentira de los radiadores de 200% de eficacia está en cómo reparten ese calor y cuánto te cuesta tenerlos encendidos”

Un especialista en electrodomésticos desmonta el mito del rendimiento extremo en radiadores eléctricos y explica con números exactos el impacto que tienen estos equipos en el recibo mensual de electricidad

Una mujer de perfil pulsa un termostato digital en la pared que marca 21 grados junto a un radiador blanco y un gran ventanal.
Una mujer ajusta el termostato digital de un salón a 21 grados centígrados junto a un radiador durante una jornada fría de invierno. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Encender el radiador nada más llegar a casa, harto de pasar frío, parece el gesto más lógico del invierno. El problema llega con la factura de la luz: Ángel Blázquez, experto en electrodomésticos y eficiencia energética (@Electroangeloficial), advierte que subestimar el consumo de estos aparatos es uno de los errores financieros más habituales de la temporada y propone un cálculo que casi nadie hace antes de enchufarlos.

El gasto real de un radiador eléctrico

Blázquez desglosa la cuenta con cifras concretas: “Un radiador de 2.000 W encendido seis horas al día durante treinta días son 360 kWh, unos 90 euros al mes. Multiplícalo por tres radiadores y mira la factura”. El dato cobra fuerza si se tiene en cuenta que, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), la calefacción representa más del 47% del consumo energético total de los hogares en España.

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El experto insiste en que la potencia, y no la marca o el modelo, determina el gasto por hora. “A igual potencia todos gastan lo mismo por hora; lo que cambia es cuánto tiempo los dejas encendidos y a qué temperatura los estás poniendo”, explica.

Una mujer está esperando a que el radiador emita calor (Freepik)
Una mujer está esperando a que el radiador emita calor (Freepik)

La mentira del 200% de eficacia

Uno de los puntos centrales de la denuncia de Blázquez apunta a los reclamos comerciales que prometen rendimientos imposibles. “La gran mentira de ‘este radiador tiene un 200% de eficacia...’ Mentira. Casi todos los aparatos eléctricos convierten el 100% de la electricidad en calor; la diferencia está en cómo reparten ese calor y cuánto te cuesta tenerlos encendidos”, sostiene el especialista.

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Según su explicación, ningún radiador eléctrico puede generar más calor del que recibe en forma de electricidad, por lo que la verdadera diferencia entre modelos reside en la distribución de ese calor dentro de la habitación y en la gestión del tiempo de encendido, no en una supuesta multiplicación de la energía.

Cuántos vatios necesita cada habitación

Para evitar comprar equipos sobredimensionados o insuficientes, Blázquez propone una fórmula de cálculo según los metros cuadrados reales del espacio. “La regla de oro: en una vivienda bien aislada, necesitas unos 10 metros cuadrados por cada kilovatio; si tu casa es un colador, divídelo por dos”, detalla.

Radiador de aceite. (Adobe Stock)
Radiador de aceite. (Adobe Stock)

En estancias amplias, el experto recomienda distribuir la potencia en dos radiadores de 1.000 W colocados en extremos opuestos, en lugar de uno solo de 2.000 W, para repartir el calor de forma uniforme sin forzar el equipo.

El termostato, la variable que más pesa en la factura

La temperatura de consigna es, según Blázquez, el factor que más incide en el recibo mensual. “La cruda realidad es que cada grado de más se paga; ponlo en torno de unos 20 grados, la temperatura suficiente para estar cómodo en casa”, afirma.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) respalda esta recomendación: cada grado adicional por encima de los 20 ºC puede incrementar el consumo energético de la calefacción entre un 7% y un 10%.

Temporizadores para evitar el despilfarro

Como medida complementaria, Blázquez aconseja el uso de temporizadores o adaptadores wifi que permitan encender los radiadores poco antes de llegar a casa y apagarlos automáticamente cuando las habitaciones quedan vacías. Esta gestión automatizada del tiempo de uso, señala, es la que marca la diferencia real entre un consumo razonable y una factura disparada al final del mes.

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