Si tienes dolor lumbar o la espalda cargada, probablemente estés cometiendo uno de estos cinco errores

Identificar ciertas costumbres del día a día es clave para proteger la espalda y evitar que las molestias se vuelvan recurrentes

Factores que influyen en el dolor de espalda
Mujer con dolor lumbar. (Magnific)
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La espalda es una de las zonas del cuerpo que más sufre a lo largo del día. Pasar demasiadas horas sentado, mantener una postura inadecuada o realizar determinados movimientos sin tener cuidado pueden acabar pasando factura, especialmente en la parte lumbar.

Aunque solemos atribuirlas al cansancio o a un mal gesto puntual, lo cierto es que algunos hábitos cotidianos pueden estar detrás de ese dolor que vuelve una y otra vez. Identificar estos errores es el primer paso para cuidar la espalda y evitar que las molestias condicionen nuestra rutina.

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Hábitos que perjudican a tu espalda

Uno de ellos es realizar movimientos bruscos de flexión y torsión del tronco. Limpiar, ordenar armarios, trabajar en el jardín o realizar determinadas tareas laborales obliga a inclinarse y girar el cuerpo.

Cuando estos movimientos se hacen de forma continuada, especialmente si se realizan con rapidez y de manera agresiva, pueden aumentar la carga sobre la musculatura lumbar. Conviene evitar los giros bruscos y procurar mover los pies para cambiar de dirección en lugar de retorcer únicamente la espalda.

Otro error frecuente es levantar peso sin cuidar la técnica. Recoger una caja del suelo, cargar las bolsas de la compra o levantar a un niño son gestos habituales que pueden convertirse en una fuente de molestias cuando se realizan sin cuidado. Al levantar un objeto pesado manteniéndolo alejado del cuerpo, la zona lumbar soporta una carga mayor. Para reducir el esfuerzo, conviene acercar el objeto al cuerpo, flexionar las caderas y las rodillas y evitar los giros mientras se levanta.

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Un hombre con camisa a cuadros levanta una caja de cartón del suelo en un almacén con estantes y paquetes al fondo.
Hombre intentando coger una caja. (Imagen Ilustrativa Infobae)

También hay que prestar atención a la postura frente al ordenador o al teléfono móvil. La cabeza adelantada, los hombros caídos y la espalda arqueada son habituales cuando trabajamos con el portátil o miramos el móvil. Mantener estas posiciones durante demasiado tiempo puede aumentar la tensión muscular. Colocar la pantalla a una altura cómoda, apoyar los pies en el suelo y cambiar de posición con frecuencia ayuda a reducir esa carga.

A esto se suma llevar siempre el peso sobre el mismo lado del cuerpo. El bolso, la mochila o las bolsas de la compra pueden influir en cómo distribuimos la carga al caminar. Cuando transportamos habitualmente todo el peso sobre un solo hombro o una misma mano, el cuerpo tiende a compensar inclinándose o modificando su posición para mantener el equilibrio. Lo recomendable es repartir la carga, utilizar mochilas con dos tirantes y evitar transportar más peso del necesario.

Por último, fumar también puede perjudicar la salud de la espalda. Aunque no siempre se relaciona con las molestias lumbares, el tabaquismo se asocia con un mayor riesgo de dolor de espalda. Entre las posibles explicaciones se encuentran sus efectos sobre la circulación sanguínea y los tejidos que forman parte de la columna vertebral. Abandonar este hábito no garantiza que desaparezcan las molestias, pero sí contribuye a mejorar la salud general y reducir otros factores de riesgo.

Posibles efectos en las cervicales

Tensión cervical freepik
Dolor cervical (Magnific)

Los hábitos que perjudican a la espalda no siempre se quedan en la zona lumbar. Algunas de estas costumbres, especialmente mantener una mala postura durante horas o pasar demasiado tiempo en una misma posición, también pueden sobrecargar las cervicales. Cuando trabajamos frente al ordenador con la cabeza adelantada, miramos el móvil inclinando el cuello o conducimos durante trayectos largos sin cambiar de postura, los músculos cervicales permanecen sometidos a una tensión prolongada.

Esta sobrecarga puede provocar rigidez, dolor al girar la cabeza y molestias que se extienden hacia los hombros. También influye la postura que adoptamos al dormir: una almohada demasiado alta o baja puede obligar al cuello a permanecer en una posición incómoda durante toda la noche.

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