
Judith Ventura tiene 25 años y es una drogadicta en recuperación. A principios de año subió el primer vídeo a sus redes sociales (@myselfandheize) en el que confesaba que llevaba tres años siendo “adicta a la hierba” y que había decidido “cambiar para ser persona”. Desde entonces, la joven se ha sincerado con sus seguidores, que ascienden ya a más de 135.000, sobre la realidad que experimenta una persona adicta a las drogas y cómo es el proceso de abstinencia.
“Al comienzo (como cualquier adicto) lo hacemos como modo de escape; nadie se levanta un día y decide que va a ser drogadicto”, sostiene Judith en una entrevista con Infobae. En su caso, empezó a consumir drogas como heroína hace seis años “a modo de escape”. No obstante, poco después “eso se convirtió en rutina y finalmente en necesidad”. Todos los días, como describe, se despertaba “con dolores por todo el cuerpo, como si alguien te estuviera agarrando de los huesos de las rodillas mientras estás sintiendo tu cuerpo con rachas de frío y de calor que te hacen temblar sin control”.
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Bajo la necesidad de poder ir a trabajar, “me hacía 1 hora en transporte público hasta mi dealer (camello) para comprar lo necesario para aguantar el día”. Seguidamente, “cerca de ese mismo sitio (ya que el dolor empieza a ser insoportable), te sientas en un lugar escondido y comienzas a consumir”, explica. Eso le permitía dejar de sentir dolor: “No existe la tristeza, ves tu entorno colorido y vuelves a ser humano funcional”, afirma.
Y es que ese chute le permitía dejar de lado la dolencia y empezar su rutina: “Trabajar, cocinar, socializar, etc., hasta que te vas a dormir. Y así, lo repites durante seis años”, relata. Esta vía de escape, que comienza como una evasión emocional y acaba convirtiéndose en una necesidad física, se acaba convirtiendo en “un infierno en vida”. Por eso mismo es firme cuando asegura que “mi rutina en esa época era algo que no le desearía ni a mi peor enemigo”.
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“La adicción solo lleva a dos lados, a la cárcel o al cementerio”
Aunque cada caso tiene sus particularidades, la mayoría de las personas que toman la decisión de dejar las drogas suele ser por la ayuda de familiares o un hecho que les hace caer en la realidad. Judith explica que “ha habido varios momentos que me hicieron ‘click’ en la cabeza” y la impulsaron. Uno de ellos, que ha explicado en otras ocasiones, tuvo un impacto emocional muy fuerte al ver la “cara de horror” de su padre al ser testigo de cómo se inyectaba droga con su expareja.
El otro fue un aviso a su vida; mientras estaba en Lisboa, empezó a consumir cocaína inyectada. Esta sustancia es especialmente peligrosa por diferentes motivos, pero uno de los más alarmantes radica precisamente en la forma en la que se consume. “Si no aciertas en la vena, te puede crear problemas muy graves”, subraya la joven. En su caso, recuerda que “mis venas estaban destrozadas por el consumo diario y un día estaba caminando con las manos totalmente hinchadas, sin poder ser capaz de mover tan siquiera los dedos”, confiesa.
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Ante esta situación, “una persona normal dejaría de hacer eso por lo menos por dos días para poder recuperarse”. Pero Judith, nada más despertarse al día siguiente, decidió ir hasta el centro de venopunción más cercano, donde los profesionales inyectan los estupefacientes en condiciones sanitarias adecuadas. Los enfermeros “se quedaron en shock al ver mi estado físico”, afirma. Como narra, “tuvieron que usar una máquina para poder encontrarme una vena”. Y fue en ese instante cuando su cabeza hizo ‘click’. “Al verme así, me dije a mí misma: ‘O paramos ahora o mañana me muero’”. Y es que Judith sostiene que “la adicción solo lleva a dos lados, a la cárcel o al cementerio”.
De esta manera, “me alejé de todo aquel que consumiera cualquier sustancia y también me mudé a una zona bastante aislada”, explica. Judith tiene el privilegio de “hablar varios idiomas”, algo que le facilitó encontrar trabajo y una casa en Países Bajos. “Es ahí donde todo comenzó”.
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Cuando das el paso… hay demasiados obstáculos
Actualmente, hay 19.463 personas atendidas en centros y programas de Proyecto Hombre, la mayor institución a nivel nacional que ayuda a la recuperación de drogodependientes y el apoyo a sus familiares, que viven una realidad muy similar a la de Judith. De ese total, 4.396 de ellas recurrieron a la organización en 2025, según sus últimos datos.
Cada persona llega a la organización por diferentes motivos. En el caso de la joven de 25 años, fue justo después de ese ‘click’. Y es que en ese momento se dio cuenta de que esta situación la había aislado “por días en casa para seguir consumiendo”, algo que “afectó gravemente a mi salud mental al hacer que mis amigos perdieran completamente el contacto conmigo”.
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La culpabilidad provocó que Judith se sumergiera “en un agujero donde estaba sola con el consumo para olvidar mis errores”. La adicción hizo que durante el periodo de abstinencia presentara síntomas como “dolor intenso en los huesos, sudores fríos, temblores, ojos llorosos y una apatía que me impedía hacer una vida normal, ya que no tenía energía/motivación para hacer nada”, explica.
Pero el “infierno” que describe Judith no solo se vive hasta unas pocas semanas después de la última dosis. Y es que los seis años de abuso de sustancias han dejado una huella en su salud: “Me han hospitalizado varias veces por problemas circulatorios y con varios problemas respiratorios”, con los que se despierta muchas veces “sin poder respirar correctamente. Además, ha tenido dos principios de infarto por las consecuencias cardiacas. “Un día me podrían dar una sorpresa y me podría levantar muerta a causa de ellos”, sentencia.
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Para ayudar a “no sufrir los síntomas de la abstinencia”, tiene recetada metadona. Este es un opiáceo analgésico que “no me crea ningún colocón, simplemente me deja sin dolores”. A pesar de que es un proceso muy complicado, Judith aboga firmemente, en aquellos casos en los que una persona consume diferentes drogas a la vez, por “dejarlo todo de golpe, con la excepción del tabaco”.
Y es que, “créeme que fumar es un buen escape (y esto me lo dijeron en Proyecto Hombre)”, sostiene. Los expertos le explicaron que “no puedes tomar ninguna sustancia que te dé un ‘colocón’, no solo las fuertes, sino también el alcohol, ya que en algunos casos el adicto acaba cambiando un vicio por otro”, afirma. Aun así, la joven considera que “cualquier adicto va a tener una recaída”. Ante esta situación, “lo importante es que el entorno ayude al adicto a salir del bucle y que no caiga en el consumo que no puede parar”, aconseja. Esto también “es parte del proceso y no podemos culparle por cometer un error; tenemos que animarlo a que siga su recuperación y ver qué patrones le han llevado a consumir de nuevo”.
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“Intento actuar como una persona normal, pero he perdido muchísima capacidad para socializar”
Su experiencia también le ha enseñado que hay un problema en la sociedad con “normalizar” o banalizar algunas drogas. Bajo su opinión, si esto se afianza, “tendremos más adictos en nuestra sociedad y en la época actual en la que vivimos, donde mi generación se encuentra deprimida (problemas de vivienda, escasez de profesionales de la salud mental, trabajos mal pagados); le estamos dando un escape rápido que a la larga puede ser mortal”, afirma.

Al final, no se trata de saber si la heroína o fumar es malo, sino de estar informados: “¿Cuántos jóvenes saben que el alcohol es la única sustancia que es altamente adictiva y que te puede matar al dejarla? ¿Cuántos jóvenes saben lo que realmente tienen esas sustancias que consumen en raves?”, se pregunta.
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Por este motivo, Judith decidió empezar a publicar contenido en redes sociales. Aunque en su biografía asegura que no da consejos, tenía claro que quería mostrar la realidad de las drogas. Un deseo que le ha ayudado a ella en su proceso: “Aún sigo sin creerme que haya logrado todo lo que he logrado hasta ahora y es una bendición leer mensajes de gente diciendo que gracias a mi contenido han buscado ayuda profesional”, confiesa a Infobae.
Hoy, Judith sigue con la lucha. “Intento actuar como una persona normal, pero sinceramente, a raíz de dejar el consumo, sí que es cierto que he perdido muchísima capacidad para socializar”, se sincera. Por este motivo, cree conveniente que el sistema debería otorgar “una atención más empática con el adicto”. En su opinión, “no hay que centrarse en que deje la sustancia”, sino en “por qué el adicto consume, qué problemas personales tiene que le hayan llevado a ese punto de autodestrucción…”. Al final, “uno no decide consumir por gusto; en su mayoría acaban siendo adictos para poder cerrar algún trauma del pasado”.
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