La caída de las poblaciones de fauna silvestre continúa, pero aún hay esperanza: la recuperación de la tortuga verde, el tigre o el atún rojo

El último informe Planeta Vivo de WWF señala una caída en la tendencia poblacional de los vertebrados a nivel mundial de un 73 %, aunque demuestra que el cambio es posible

El tigre ha pasado de tener 3.200 ejemplares en 2010 a 5.700 en 2025, lo que supone un éxito en la conservación de la especie. (Amoghavarsha/Wikimedia Commons)
El tigre ha pasado de tener 3.200 ejemplares en 2010 a 5.700 en 2025, lo que supone un éxito en la conservación de la especie. (Amoghavarsha/Wikimedia Commons)
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Cada vez más expertos coinciden en la idea de que el mundo atraviesa su sexta extinción masiva. Tras la caída del meteorito que acabó hace 66 millones de años con la mayoría de los dinosaurios, ahora es el ser humano el que se erige como amenaza de la biodiversidad. La contaminación, el cambio climático potenciado por las emisiones de gases de efecto invernadero, la presión cinegética o algunas actividades que suponen la degradación o pérdida de hábitats están llevando al borde de la extinción a cada vez más especies.

El último informe Planeta Vivo de WWF —que ha sido realizado por ZSL y añade 967 poblaciones y 295 especies al conjunto de datos del anterior, elaborado en 2024, por lo que el de 2026 agrupa 35.802 tendencias poblacionales y 5.790 especies— señala que entre 1970 y 2022 el tamaño de las poblaciones de fauna silvestre monitorizadas (vertebrados) se han reducido un 73 %. Los descensos más pronunciados se registran en América Latina y el Caribe (95 %).

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“Es una cifra profundamente preocupante para una de las regiones más biodiversas del planeta, que alberga seis países megadiversos y especies que no se encuentran en ningún otro lugar”, explica Roberto Troya, vicepresidente senior de oficinas de país y director regional de Latinoamérica de WWF. Tras esta región siguen África (80 %), Asia-Pacífico (49 %), Norteamérica (28 %) y Europa y Asia Central (23 %).

La tortuga verde ha sido la primera tortuga marina en pasar de "en peligro" a "de preocupación menor". (Chelonia mydas/Wikimedia Commons)
La tortuga verde ha sido la primera tortuga marina en pasar de "en peligro" a "de preocupación menor". (Chelonia mydas/Wikimedia Commons)

Los sistemas energético, alimentario y financiero, en el punto de mira

Según el informe de WWF, los ecosistemas más afectados son los de agua dulce, seguidos de los terrestres y los marinos. La pérdida y la degradación del hábitat es la principal amenaza y estas están fundamentalmente impulsadas por fallos en los sistemas alimentario, que es la principal causa; energético, que potencia el cambio climático, y financiero, que financia actividades dañinas.

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Sin embargo, no todo está perdido, pues hay espacio para que se activen puntos de inflexión positivos. En la energía, por ejemplo, la solar se ha convertido en “la fuente más barata de nueva generación en la mayoría de los países, aunque la transición aún es lenta y desigual. Con respecto a la alimentación y la agricultura, se han producido avances en materia de producción positiva para la naturaleza, comercio y consumo sostenible, dietas saludables y menor desperdicio.

El informe de WWF, sin embargo, señala que las finanzas están todavía en fases tempranas de este cambio. “Debe dejar de financiar actividades dañinas, valorar naturaleza y clima como riesgos materiales, dar certidumbre regulatoria y cerrar una brecha anual de 942,000 millones de dólares en financiación de biodiversidad”.

Vista aérea de un área deforestada en Brasil. (Ueslei Marcelino/Reuters)
Vista aérea de un área deforestada en Brasil. (Ueslei Marcelino/Reuters)

Casos de éxito esperanzadores

Pese a que las tendencias poblacionales descendentes superan a las ascendentes, lo que provoca que, como resultado, la reducción media se sitúe en 73 %, desde WWF también subrayan que alrededor de la mitad de las poblaciones incluidas en el informe son estables (7 %) o están aumentando (43 %).

Destacan, por ejemplo, casos como el de la tortuga verde, que en 2025 se convirtió en la primera tortuga marina en pasar de la categoría de “en peligro de extinción” a “de preocupación menor” tras 50 años de trabajos de nidificación en 80 países.

También el tigre, pues mientras que en 2010 solamente quedaban 3.200 ejemplares salvajes y la especie se acercaba al borde del abismo de la extinción, en 2025 la población creció hasta lo 5.700, lo que supone un aumento del 70 %.

El caso del elefante africano de sabana es uno de los ejemplos que pone WWF de éxitos en la conservación de especies. (Sharp Photography/Wikimedia Commons)
El caso del elefante africano de sabana es uno de los ejemplos que pone WWF de éxitos en la conservación de especies. (Sharp Photography/Wikimedia Commons)

O el atún rojo del Atlántico y del Pacífico, que la sobrepesca llevó al borde del colapso. Ahora se han recuperado hasta el punto de que ninguna de las dos especies se considera amenazada.

Desde WWF también señalan el caso del elefante africano de sabana. Este gran mamífero continúa en declive en la mayor parte de su territorio y sigue clasificado como “en peligro de extinción”. Sin embargo, algunas poblaciones del África meridional están aumentando en ciertos lugares gracias a que se han instaurado marcos legales que otorgan a las comunidades locales participación directa en la gestión de los elefantes mediante la gestión comunitaria de los recursos naturales, devolviendo derechos y responsabilidades sobre la fauna salvaje a las comunidades que se benefician de la gestión sostenible.

“Dichos procesos de recuperación han llevado décadas. Y fue necesario que la gente siguiera trabajando sin saber si sus esfuerzos iban a dar resultado, haciendo frente a los reveses políticos, los recortes de financiación y a largos periodos en los que parecía que nada estaba cambiando”, señala WWF en su informe. “Todas tenían en común un objetivo claro, un plan revisable a medida que se aprendía de lo hecho, la capacidad de actuar y la resiliencia para seguir adelante pese a todas las dificultades. En psicología, esa combinación se denomina esperanza”.

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Cambios profundos para salvar la naturaleza

Pese a todo ello, la conservación por sí sola no basta. Para evitar que estas especies acaben extinguiéndose es necesario que la sociedad active puntos de inflexión positivos en aquellos sistemas que están ejerciendo presión sobre las poblaciones: el energético, el alimentario y el financiero.

“Para continuar y ampliar estos éxitos de conservación, es necesario transformar las industrias y los sistemas que impulsan la pérdida de naturaleza. Ya se están produciendo avances. No en todas partes, ni todavía a la escala necesaria, pero sí lo suficiente para demostrar que el cambio es posible”, explica la doctora Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional. “Es hora de acelerar la escala de esos cambios sistémicos que ya están en marcha y trabajar juntos en armonía con la naturaleza para construir un mundo más sostenible, equitativo y resiliente. Juntos podemos restaurar nuestro planeta vivo”.

“Transformar sistemas complejos a la velocidad y a la escala necesarias no será fácil, pero, activando puntos de inflexión positivos, puede ocurrir más rápido de lo que pensamos”, añade Daudi Sumba, director de Conservación de WWF Internacional. “Cuanto antes actuemos, mayores serán los beneficios para las personas y la naturaleza. Tenemos el conocimiento, las herramientas y las vías; lo que importa ahora es nuestra determinación colectiva para actuar juntos y estar a la altura del desafío de situar la naturaleza y el clima en la senda de la recuperación de aquí a 2030”.

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