“Venimos a cumplir un mandamiento judicial, te apoyamos”: dentro del desahucio de Maricarmen y la pregunta con la que dejó sin palabras a la policía

La periodista de laSexta Andrea Ropero pudo pasar con la anciana las últimas horas en su hogar, también el momento del desalojo, que cuenta en un reportaje

La periodista Andrea Ropero habla con Maricarmen la mañana del desahucio. (laSexta)
La periodista Andrea Ropero habla con Maricarmen la mañana del desahucio. (laSexta)
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La Policía Nacional debió superar distintas barreras para desahuciar a Maricarmen Abascal, la primera de ellas humana, formada por cientos de personas, en su mayoría jóvenes, en defensa de la dignidad de una anciana de 87 años, pero también de lo que representa su lucha. La última estaba compuesta por un sofá, una estantería y alguna lámpara, sosteniendo la puerta del domicilio, obligando a la fuerza bruta para acceder. Superado el último obstáculo para dejar a la anciana sin casa, llegaron a ella: “Buenos días, Maricarmen”, saludó un antidisturbios. Había decenas como él en el edificio y en el exterior. En su dormitorio, postrada en su silla de ruedas, dejó sin palabras al agente con solo una pregunta.

“Mira -dijo él-, venimos a cumplir un mandamiento judicial. Te apoyamos y estamos contigo, ¿vale? Tenemos que hacer nuestro trabajo", trató de empatizar. Entonces ella, mirándole a los ojos, respondió: “Pero, ¿por qué?" Es solo un extracto de un reportaje de la periodista de laSexta Andrea Ropero, que vivió el desalojo desde dentro, junto a la protagonista, sus familiares y miembros del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, que no la han abandonado desde que comenzó su pugna contra los dueños de Urbagestión, dos hermanos que ya atesoran una propiedad más con la que seguir enriqueciéndose, dejando a una mujer dependiente en la calle.

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“No es una delincuente”

El reportaje, de 13 minutos, comienza a las 5:30 horas en la acampada frente a la puerta del portal. Allí pasaron la noche 200 personas. Ropero sube a la vivienda, donde a las 6:00 despierta Maricarmen: “No sé cómo estoy. Cansada, muy cansada -contesta finalmente-. Y esperando a ver lo que puede ocurrir”. Duerme gracias a unas pastillas. “La tensión pasa factura, siete años no pasan en balde”. Cambia el tono cuando la periodista le pregunta por quienes abajo aguardaban a la policía para tratar de frenar el desalojo, para tratar de impedirlo: “Siento una gran alegría y un gran respeto por toda esta gente que está luchando por mí en la calle porque es mi familia”.

“Ni el Gobierno, ni Almeida, ni Ayuso”, lamenta. A todos escribió, al presidente del Gobierno, a la presidenta de la Comunidad de Madrid, al alcalde de Madrid, sin respuesta. La única propuesta que recibió fue una plaza en una residencia en Alcalá de Henares. “¿Qué hago yo allí?” El “y ahora qué” lo responde con gran incertidumbre: “Empezar de cero, empezar una nueva vida... a los 87″.

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Los agentes irrumpieron en la casa, en el dormitorio, pero no se la pudieron llevar. Vicente, primo de Maricarmen, llamó al Samur para que la bajaran sanitarios y no la policía porque “no es una delincuente”. La sacaron en camilla, para subirla a una ambulancia, para pasar la primera noche de su nueva vida en el Gregorio Marañón, ingresada con un agotamiento severo. La han echado de la casa en la que ha pasado los últimos 70 años de su vida.

Subida del alquiler del 275%

El origen del contrato se remonta a 1956, cuando el padre de Maricarmen firmó el arrendamiento de la vivienda bajo el régimen de renta antigua. Tras su muerte, el contrato se subrogó primero en su mujer y, años más tarde, en la propia Maricarmen, que mantuvo las mismas condiciones: una renta actualizada cada año según el IPC, más gastos como el IBI. Así vivió casi dos décadas antes de que el edificio cambiara de manos.

Momento en el que Maricarmen abandona su hogar, desahuciada por un fondo buitre. (Reuters/Susana Vera)
Momento en el que Maricarmen abandona su hogar, desahuciada por un fondo buitre. (Reuters/Susana Vera)

En 2018, el inmueble fue vendido a la inmobiliaria Renta Corporación y transferido después a la socimi Urbagestión Desarrollo e Inversión S.L., que reclamó a Maricarmen un alquiler mensual de 2.650 euros frente a los 500 euros que pagaba hasta entonces. La cifra representaba un incremento del 275% sobre la renta original, una suma que la inquilina no podía afrontar con su pensión de 1.450 euros.

El litigio ha durado varios años. Maricarmen logró un fallo favorable en primera instancia, pero el Tribunal Supremo terminó por darle la razón a la propiedad. Este miércoles tenía lugar el cuarto intento de desahucio, el definitivo. La anciana ya está en la calle, Urbagestión está de enhorabuena.

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