Los chefs coinciden en que el mejor método para conservar las patatas es ponerlas lejos de las cebollas y con los ajos cerca

Estrellas Michelin como Jordi Cruz o Begoña Rodrigo aconsejan pequeños detalles que solemos pasar por alto y ayudan a que las patatas se mantengan firmes y sin brotes durante más tiempo

(Montaje Infobae)
Los chefs coinciden en que el mejor método para conservar las patatas es ponerlas lejos de las cebollas y con los ajos cerca. (Montaje Infobae)
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Las patatas pueden mantenerse en buen estado durante más tiempo con un simple método de organización en la despensa: conviene alejarlas de las cebollas y dejarlas cerca de los ajos. El consejo, compartido por chefs Michelin como Jordi Cruz y Begoña Rodrigo, se basa en los compuestos naturales que liberan estos alimentos durante su conservación.

Patatas, cebollas y ajos suelen compartir un mismo cajón por su uso frecuente en guisos, sofritos y otras recetas. Esa costumbre, sin embargo, puede acelerar la aparición de brotes en los tubérculos. La luz, el calor, el exceso de humedad y la falta de ventilación también influyen en el deterioro, pero la proximidad de ciertos productos puede acortar aún más su vida útil.

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La clave está en el efecto opuesto que producen la cebolla y el ajo. Mientras la primera libera etileno, un gas vegetal que favorece la maduración y la germinación, el segundo contiene compuestos azufrados que pueden contribuir a frenar ese proceso. Separar las patatas de las cebollas no exige recipientes especiales ni grandes cambios en la cocina.

La patata lejos de la cebolla para mejorar su conservación

El etileno actúa como una hormona vegetal. Muchas frutas y hortalizas lo desprenden de forma natural, entre ellas el plátano, la manzana, el aguacate, el tomate y las propias cebollas. Su presencia puede resultar útil cuando se busca que una pieza verde alcance antes su punto de consumo, aunque tiene un efecto menos conveniente sobre una patata ya madura.

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Una caja de patatas (Magnific)
Una caja de patatas. (Magnific)

Cuando las cebollas permanecen junto a las patatas, el gas que emiten puede favorecer que los tubérculos germinen antes. Los brotes no solo modifican su aspecto: la patata pierde firmeza, se arruga y reduce su calidad culinaria. La recomendación tiene una excepción: si los tubérculos aún están poco maduros, una cercanía temporal con las cebollas puede ayudar a que evolucionen.

Una vez que alcanzan el estado adecuado para su consumo, resulta preferible trasladarlos a otro espacio. Las patatas destinadas a guardarse durante varias semanas no deberían quedar expuestas al etileno de forma continuada. Las variedades de piel gruesa suelen resistir mejor el paso de los días, mientras que las patatas nuevas, con piel fina, requieren un consumo más rápido.

El ajo es un buen amigo de la patata

El ajo ofrece un efecto contrario al de la cebolla. Entre sus componentes se encuentra la alicina, junto con otros compuestos azufrados que pueden inhibir parcialmente la germinación. Por eso, colocar unos dientes de ajo cerca de las patatas puede ayudar a que se mantengan firmes durante más días, siempre que el lugar de almacenamiento reúna las condiciones adecuadas.

Los famosos ajos de Aceuchal
Los ajos son un aliado para la conservación de las patatas. (Archivo Infobae)

La salida de brotes no es solo una cuestión visual. Según advierte Jordi Cruz, durante ese proceso la patata genera solanina y otras sustancias que, en cantidades elevadas, pueden resultar tóxicas. El doctor en Química Vladimir Sánchez, conocido en redes sociales como @breakingvlad, explica que la solanina es un alcaloide natural presente en estos tubérculos y que su concentración aumenta de forma notable cuando empiezan a brotar y a ponerse verdes.

De acuerdo con el especialista, esa sustancia puede afectar al sistema nervioso y provocar desde malestar estomacal hasta náuseas o trastornos neurológicos. Si los brotes son pequeños y la patata sigue firme, se pueden retirar junto con las zonas verdes antes de cocinarla. Si está blanda, muy arrugada o presenta una coloración verde extendida, lo prudente es desecharla. Para evitarlo, conviene conservarla en un sitio oscuro, seco, fresco y ventilado, sin lavarla antes de guardarla.

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