Lo que nunca debes hacer para guardar el queso en la nevera: “Si haces esto, te lo estás cargando”

El popular creador de contenido gastronómico Marcos Serén, @chefmspin.recetas en TikTok, explica cómo conservar un alimento estrella de la gastronomía para que no aparezca moho

Montaje Infobae
Lo que nunca debes hacer para guardar el queso en la nevera: “Si haces esto, te lo estás cargando”. (Montaje Infobae)
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El queso es uno de esos alimentos estrella de la gastronomía. Y es que es perfecto para incluirlo en todo tipo de recetas, tanto dulces como saladas. Pero la forma en que se guarda en casa suele pasar desapercibida. Y lo cierto es que esto influye directamente en su calidad y el tiempo que puede durar. Un error frecuente es envolverlo en papel film o conservarlo en el envase original tras abrirlo, bajo la creencia de que así se prolonga su frescura. Esta práctica, lejos de protegerlo, contribuye a que pierda propiedades y se deteriore antes de tiempo.

El queso requiere condiciones específicas para mantener su sabor y textura. Al tratarse de un alimento vivo, necesita ventilación y un nivel de humedad controlado. Si se almacena de manera incorrecta, se altera su consistencia, disminuye su aroma y sabor, y se incrementa la posibilidad de aparición de moho. Los expertos recomiendan envolver los quesos en papel de vegetal, o de horno, y guardarlos en la parte menos fría del refrigerador para conservar su calidad por más tiempo.

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El creador de contenido gastronómico Marcos Serén, conocido en TikTok como @chefmspin.recetas, alerta sobre esta práctica en uno de sus videos. “Si haces esto y guardas así el queso, te lo estás cargando. Si no lo sabías, el plástico no deja respirar al queso y se ablanda”.

El papel film concentra humedad del queso

Uno de los errores más frecuentes consiste en cubrir el queso con plástico transparente. Aunque parece una solución práctica para aislar el alimento, el film crea una barrera que limita la ventilación. La humedad queda atrapada en la superficie y puede hacer que el producto se ablande antes de tiempo.

Diferentes tipos de queso (Adobe Stock)
Diferentes tipos de queso (Adobe Stock)

Esa condensación afecta sobre todo a las piezas que necesitan intercambiar aire sin perder toda su humedad. El queso requiere ventilación y un nivel de humedad controlado para conservar sus cualidades. Cuando esas condiciones se alteran, puede perder aroma y sabor, además de presentar una textura pegajosa o excesivamente húmeda.

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Dejarlo en el envase original tras abrirlo también puede plantear problemas, especialmente si el recipiente carece de ventilación. El aire y la humedad que se acumulan en el interior favorecen el deterioro. Por ello, las recomendaciones de conservación apuntan a sustituir el plástico por materiales que permitan una mejor transpiración, como el papel vegetal, el papel manteca o los envoltorios específicos para quesos.

Cada variedad necesita una conservación distinta dentro de la nevera

La propuesta de Marcos Serén consiste en utilizar papel de horno como primera envoltura y colocar el queso en un táper sin tapa en la parte alta de la nevera, donde la temperatura suele ser menos baja que en otras zonas. “Seguro que tienes papel de horno en casa. Envuélvelo, colócalos en un táper sin tapa y directos a la parte alta de la nevera”, indica el creador gastronómico.

El método para guardar el queso que hace que dure más tiempo y tarde en aparecer el moho, según una experta.

Los quesos curados y semicurados, como el manchego o el parmesano, pueden envolverse primero con papel vegetal o encerado para conservar parte de su humedad sin bloquear la ventilación. Después, es posible guardarlos en un recipiente que los proteja de la desecación excesiva. El objetivo es evitar tanto la acumulación de agua como el contacto directo y prolongado con el aire frío.

Los quesos blandos, entre ellos el brie y el camembert, necesitan un ambiente con más humedad. Si su envase original dispone de tapa y rejilla, puede ser una opción adecuada; de lo contrario, conviene recurrir al papel vegetal dentro de un recipiente cerrado. En el caso de variedades frescas, como la mozzarella, la ricotta o el queso de Burgos, resulta aconsejable conservarlas en su líquido original o en un recipiente hermético con papel absorbente, que debe reemplazarse cuando esté demasiado húmedo.

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