Los expertos coinciden: salir de paseo con tu perro estimula el vínculo, mejora su salud y aporta beneficios físicos

Establecer este tipo de rutinas con las mascotas no es sólo necesario, sino que influye directamente en el bienestar general del animal

Mujer con gorra y camisa vaquera pasea un perro golden retriever con correa por vereda. Alrededor hay casas, árboles, césped y calle con autos.
Una mujer pasea con su perro golden retriever por una vereda tranquila de un barrio residencial, mientras el animal la observa durante su caminata matutina. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Salir a la calle con un perro no sirve únicamente para que haga sus necesidades. Los paseos regulares favorecen su salud física, estimulan su actividad mental y refuerzan la relación con la persona que le cuida. La frecuencia y la duración deben adaptarse a las características de cada animal, sin aplicar una pauta idéntica para todos.

Repartir las salidas a lo largo del día puede ayudar a evitar que el perro pase demasiadas horas sin moverse ni acceder al exterior. Tres paseos diarios pueden encajar en la rutina de muchos hogares, aunque un cachorro, un animal de edad avanzada o un perro con una enfermedad necesitará horarios y recorridos distintos. El veterinario y divulgador Carlos Rodríguez, conocido por su labor en medios y por el programa ‘Como el perro y el gato’, pone el foco precisamente en esta cuestión. Y su respuesta desmonta una idea muy extendida: hacerse mayor no significa dejar de moverse.

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La actividad física contribuye a gastar energía y a mantener un peso adecuado junto con una alimentación equilibrada. Además, caminar con regularidad ayuda a conservar el tono muscular y la movilidad. La falta de ejercicio puede favorecer el sobrepeso y la rigidez articular, sobre todo en animales que llevan una vida sedentaria.

La importancia del olfato para el perro

El paseo tiene un valor que no se mide sólo por la distancia recorrida. Para los perros, el olfato es una vía principal para conocer lo que sucede a su alrededor. Las marcas de otros animales, los cambios en una acera, la presencia de personas o los rastros de comida forman parte de la información que reciben durante el trayecto.

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Un perro de color dorado-marrón con un collar oscuro, cabeza abajo, olfateando la hierba verde detalladamente con luz natural de fondo.
El olfato de un perro es una vía principal para conocer lo que sucede a su alrededor. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dar tiempo al animal para detenerse y olfatear permite que el recorrido aporte una mayor estimulación mental. No todos los paseos han de tener un ritmo rápido ni perseguir un objetivo deportivo. En determinados momentos, una caminata más pausada, con margen para investigar el entorno, puede resultar más útil que un recorrido largo sin interrupciones.

Esta actividad puede ayudar a reducir el aburrimiento y a canalizar parte de la energía acumulada en casa. Algunos comportamientos, como morder objetos, rascar puertas o ladrar de forma insistente, pueden relacionarse con una falta de actividad o de estímulos. Cada caso exige una valoración individual, pero una rutina de salidas puede formar parte de la prevención.

Las caminatas también favorecen el funcionamiento digestivo y permiten establecer horarios para las deposiciones y la micción. Evitar que el perro retenga la orina durante periodos prolongados resulta relevante para su bienestar y puede reducir la aparición de molestias urinarias.

Un paseo que mejora la relación entre persona y animal

Caminar juntos crea una rutina de atención compartida. Durante el paseo, la persona responsable puede observar cómo se mueve el perro, si se muestra interesado por el entorno o si aparecen señales de cansancio, dolor o ansiedad. Esas observaciones pueden aportar datos útiles ante una futura consulta veterinaria.

Una mujer camina con un perro con correa por un sendero de parque. Hay árboles con hojas anaranjadas y amarillas, y personas pasean al fondo.
Una mujer de unos 40 años pasea con un perro de 11 años por un sendero de parque con árboles de follaje otoñal y hojas caídas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El contacto gradual con calles, parques, otros animales, personas, vehículos y sonidos también puede contribuir a la adaptación del perro a distintos ambientes. Esa exposición debe ser segura y respetuosa con su temperamento. Un animal que se asusta o reacciona mal ante ciertos estímulos puede necesitar recorridos tranquilos y una aproximación progresiva, sin forzar encuentros.

Los beneficios alcanzan también a quienes acompañan a sus mascotas. Tener un horario fijo para salir puede facilitar que incorporen caminatas a su propia rutina y reduzcan el tiempo de inactividad. El paseo diario puede convertirse en una actividad compartida con efectos físicos para ambos, siempre que se ajuste a las condiciones del animal y de la persona. Según el investigador Ingo Froböse, profesor emérito de Ciencias de la Prevención y Rehabilitación en la Universidad Deportiva Alemana de Colonia, “Un paseo con tu perro puede valer más que una hora en el gimnasio”. Por ello, antes de aumentar la distancia, la velocidad o el número de salidas, conviene consultar con un veterinario.

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