
A partir de los 30 años, la reserva ovárica de la mujer experimenta una disminución significativa. Aunque al nacer se cuenta con cerca de 400 mil óvulos, investigaciones científicas indican que entre los 30 y los 35 años se ha perdido cerca del 90% de esa reserva. De esta manera, a los 40 años, solo permanece un 3% de los óvulos iniciales. Esto, como indica el Grupo Internacional de Reproducción, reduce notablemente las posibilidades de quedarse embarazada, especialmente a partir de los 36 años.
Para contrarrestar esto, en los últimos años se ha recurrido a la congelación o donación de óvulos. Aun así, el envejecimiento del útero sigue siendo una de las principales barreras para lograr un embarazo exitoso. Incluso con óvulos de alta calidad, las madres de edad avanzada presentan menores tasas de implantación y un mayor riesgo de pérdida gestacional.
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Ahora, un estudio publicado en la revista Cell Host & Microbe revela que la clave para combatir este declive podría esconderse en los diminutos habitantes de nuestro propio cuerpo. Un equipo de investigadores de la Universidad de Pekín (en el Tercer Hospital de la Universidad de Pekín) ha descubierto cómo una bacteria “buena” del útero y sus componentes bioquímicos pueden rejuvenecer el tejido uterino y restaurar su capacidad para acoger un embrión.

La llave biológica que desbloquea el camino
Tradicionalmente se pensaba que el útero era un ambiente estéril, pero hoy sabemos que alberga su propio microbioma: una delicada comunidad de microorganismos que influye en la salud reproductiva. En mujeres jóvenes y sanas, este microbioma está dominado por bacterias del género Lactobacillus, las cuales protegen el tejido y regulan las defensas locales. Sin embargo, al analizar muestras de 149 pacientes de distintas edades, los investigadores han descubierto un fenómeno alarmante: a medida que avanza la edad reproductiva, las poblaciones de Lactobacillus beneficiosos (como L. crispatus y L. gasseri) disminuyen drásticamente, siendo reemplazadas por otras bacterias menos favorables como L. iners y Gardnerella vaginalis.
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Esta pérdida de bacterias aliadas coincide con un útero envejecido, con menor receptividad y con peores resultados en los tratamientos de reproducción asistida. Tras aislar y evaluar diferentes cepas de bacterias, el equipo científico identificó a Lactobacillus gasseri como la candidata más prometedora gracias a sus potentes efectos antioxidantes, antiinflamatorios y su gran capacidad de adherencia a las células uterinas.
Pero lo más innovador de la investigación es que no usaron la bacteria viva directamente como un probiótico convencional, sino que se enfocaron en sus “postbióticos”. Estas son sustancias beneficiosas que las bacterias producen y liberan. En este caso, purificaron los exopolisacáridos (EPS), unos azúcares complejos producidos por L. gasseri.
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Al aplicar este compuesto en ratones de edad avanzada y en cultivos de células uterinas humanas envejecidas, los resultados fueron asombrosos: el postbiótico logró revertir los marcadores del envejecimiento celular, redujo el estrés oxidativo y la inflamación, y disminuyó significativamente la cicatrización o fibrosis en el útero. Lo más importante es que las tasas de implantación de embriones en los ratones mayores que recibieron el tratamiento aumentaron notablemente.

“Una estrategia complementaria” a otros factores
Para comprender cómo este postbiótico obra su “magia”, los científicos analizaron los cambios genéticos en el útero. Descubrieron que durante el envejecimiento se sobreactiva una ruta de comunicación celular llamada vía Hippo. Esta sobreactivación bloquea a una proteína vital llamada YAP, impidiéndole entrar al núcleo de las células. Sin la YAP activa en el núcleo celular, el útero envejece y pierde su capacidad de volverse “receptivo” para que el embrión se implante.
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El postbiótico de L. gasseri actúa precisamente apagando la señal de alerta de la vía Hippo y permitiendo que la proteína YAP regrese al núcleo celular, reactivando los genes necesarios para preparar el útero para el embarazo. “Nuestros hallazgos sugieren que restaurar las bacterias Lactobacillus beneficiosas y aplicar exopolisacáridos (EPS) podría representar una estrategia complementaria para mejorar la función del endometrio y los resultados de fertilidad en mujeres de edad reproductiva avanzada”, afirman los investigadores del estudio.
Aunque los resultados son sumamente esperanzadores, los investigadores advierten que se trata de ciencia básica realizada en modelos animales y celulares, por lo que aún queda camino por recorrer antes de que este tratamiento llegue a las clínicas humanas. Factores como los cambios hormonales naturales de la edad también juegan un rol clave en el microbioma y la fertilidad, aspectos que deben seguir estudiándose.
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