Un nuevo hallazgo arqueológico en Sevilla: las obras del Monasterio de San Isidoro destapan tinajas del siglo XVIII y columnas romanas

Las labores de restauración del conjunto monumental de Santiponce revelan piezas de almacenamiento de aceite del siglo XVIII y materiales arquitectónicos de origen romano

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Grupo de personas con chalecos reflectantes y cascos de seguridad posa en el interior de una nave en restauración durante una visita a las obras del Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, relacionadas con un hallazgo arqueológico reciente.
La consejera de Cultura y Deporte en funciones, Patricia del Pozo, durante su visita a las obras de rehabilitación. Francisco J. Olmo / Europa Press

Las obras de restauración en el Monasterio de San Isidoro del Campo, en la localidad sevillana de Santiponce, han permitido un hallazgo arqueológico inesperado: tinajas del siglo XVIII y columnas de origen romano que permanecían ocultas bajo el suelo y entre las estructuras del recinto. Este descubrimiento no solo ha despertado el interés de especialistas, sino también de muchos vecinos y visitantes, ya que aporta nuevas pistas para comprender la historia agrícola y arquitectónica de uno de los monumentos más reconocidos de Andalucía.

El convento, protegido como Bien de Interés Cultural y Monumento Artístico Nacional, está siendo restaurado por primera vez de forma integral en sus zonas históricamente dedicadas al trabajo en el campo. La intervención, coordinada por la Junta de Andalucía y financiada con fondos europeos, se centra en la almazara, el pósito y el almacén. Estos espacios, que suman unos 7.000 metros cuadrados, estuvieron durante siglos vinculados a la producción, el almacenamiento de alimentos y la vida cotidiana de las comunidades que habitaron el conjunto.

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Descubrimientos arqueológicos: tinajas y columnas antiguas

En los primeros meses de la obra, los arqueólogos han encontrado tinajas de grandes dimensiones, que estaban semienterradas bajo el suelo original de la almazara. Estas vasijas eran fundamentales para guardar aceite, uno de los productos esenciales para la economía del monasterio en el siglo XVIII, época en la que se levantó esa parte del edificio. El hallazgo de estas tinajas permite saber con más detalle cómo elaboraban y conservaban el aceite los antiguos habitantes del lugar.

Durante las tareas de limpieza y retirada de escombros, también han aparecido elementos del antiguo sistema de agua del monasterio. Han salido a la luz pozos, canales y sumideros en el patio que comunica el molino con el depósito donde se almacenaba el grano. Entre los restos más destacados figuran un pozo de noria y una alberca, que podrían remontarse a los orígenes cistercienses del monasterio, mostrando cómo gestionaban el riego y el abastecimiento de agua para las huertas y la vida diaria.

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Varias tinajas de cerámica parcialmente enterradas aparecen en una excavación arqueológica bajo el suelo de una estancia del Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce.
Imágenes de las obras de rehabilitación del Monasterio de San Isidoro del Campo. Francisco J. Olmo / Europa Press

Además de estos elementos, los trabajos han revelado columnas de época romana y otros materiales antiguos reutilizados a lo largo de los siglos. La reutilización de piezas de diferentes épocas era frecuente en este tipo de edificios. Por ejemplo, el almacén actual se construyó a finales del siglo XIX o principios del XX, aprovechando materiales de un antiguo claustro. Así, el monasterio fue cambiando su aspecto y funciones según las necesidades de cada momento, y los nuevos hallazgos muestran cómo se integraban restos antiguos para crear nuevos espacios.

Impacto histórico y nuevas pistas sobre el pasado del monasterio

El hallazgo arqueológico de las tinajas y las columnas ayuda a reconstruir la evolución del monasterio y entender cómo cambiaron sus usos a lo largo del tiempo. Ahora se sabe que la almazara y el pósito, dos de los espacios principales, se construyeron en el siglo XVIII para responder a las necesidades agrícolas de la comunidad. Por su parte, el almacén es posterior y refleja un periodo en el que el recinto se destinó sobre todo al ganado y a la producción agropecuaria.

La almazara, situada en la parte norte del conjunto, destaca por su nave de ladrillo, dividida por arcos y cubierta con tejados inclinados. El pósito, en el centro, es reconocible por sus dos plantas y techos abovedados en la inferior, además de una estructura de madera en la superior. Estas características muestran cómo cada espacio tenía una función específica y cómo se adaptaban a las necesidades de la época.

Encontrar sistemas originales de agua, tinajas para aceite y columnas de otras épocas permite a los expertos y al público general hacerse una idea mucho más clara de cómo era la vida cotidiana en el monasterio: cómo se organizaban, cómo almacenaban sus productos y cómo se protegían frente al paso del tiempo. Cada hallazgo arqueológico suma información para conocer la historia de uno de los monumentos más valiosos de Andalucía, que sigue ofreciendo nuevas sorpresas cada vez que se realiza una intervención en su interior.

(Con información de Europa Press).

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