Los ruidos que favorecen la concentración y los que la dificultan, según expertos

La clave para rendir mejor en un entorno ruidoso no siempre es el silencio absoluto. Especialistas aclaran qué sonidos ayudan realmente a pensar y cuáles, en cambio, suponen una trampa para la mente

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Primer plano de una oreja con una onda sonora estilizada en blanco, y el fondo desenfocado de un restaurante lleno de mesas y siluetas de personas.
Una oreja en primer plano con una onda sonora digital, en contraste con el fondo desenfocado de un restaurante concurrido, ilustra el reto de la audición selectiva en ambientes ruidosos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Que el ruido ambiental influya en la capacidad de concentración es algo que no pillará a nadie por sorpresa. La falta de atención se atribuye muchas veces a la comida, al cansancio o a la rutina, pero rara vez se piensa en los sonidos que rodean a diario. El ruido, presente casi en cualquier espacio, compite todo el tiempo por la atención del cerebro, incluso cuando no se percibe de forma consciente, y puede dificultar mucho la concentración.

El cerebro utiliza distintas zonas para procesar el ruido. Lauren Mahoney, neuropsicóloga y profesora en la City University of New York, explica en Real Simple que la amígdala detecta amenazas, la corteza cingulada anterior se encarga de vigilar lo que ocurre alrededor y la corteza prefrontal controla la atención y el autocontrol. Ramses Alcaide, neurocientífico y cofundador de Neurable, señala que la mayoría de las personas no es consciente de cómo reacciona el cerebro al ruido y solo nota el agotamiento o el estrés que aparece después. El cerebro diferencia entre ruidos predecibles e impredecibles y responde de manera distinta en cada caso.

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Herramientas y trucos para reducir la distracción sonora

El ruido predecible agrupa sonidos continuos y suaves que el cerebro identifica rápidamente y deja en segundo plano: música instrumental, el murmullo de la lluvia, un ventilador o el conocido ruido rosa, muy parecido a la lluvia. Mahoney apunta que, cuando los sonidos son estables y no cambian, ayudan a que el cerebro mantenga la calma y la concentración. Estos ruidos pueden pasar desapercibidos y crear un ambiente estable, ideal para pensar o estudiar.

Por el contrario, los ruidos impredecibles o bruscos, como un portazo, una sirena o una conversación inesperada, ponen en alerta al cerebro al instante. Un ruido fuerte puede acelerar el corazón antes de que se entienda lo que está pasando. Si esto pasa repetidamente a lo largo del día, el cuerpo se queda en un estado de estrés leve, aunque no siempre se note. Las interrupciones repentinas o los sonidos que aparecen y desaparecen hacen que el cerebro esté siempre pendiente y se canse más rápido. Las voces o charlas cercanas resultan especialmente disruptivas porque el cerebro está preparado para captar información social, así que pueden cortar la concentración en seco.

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Ilustración de un hombre sentado en un escritorio, con las manos en la cabeza y los ojos cerrados, rodeado de líneas caóticas y palabras que representan ruido
Los ruidos impredecibles o bruscos, como un portazo, una sirena o una conversación inesperada, ponen en alerta al cerebro al instante (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todas las personas reaccionan igual al ruido. Alcaide destaca que lo que a una persona no le molesta puede reducir la capacidad de concentración de otra. Algunas personas desarrollan una sensibilidad mayor, como quienes tienen misofonía: ciertos sonidos, como masticar o golpear, resultan insoportables y provocan reacciones físicas o emocionales intensas. Mahoney cuenta que quienes viven con ansiedad suelen tener el cerebro más activado, por lo que incluso los sonidos suaves pueden distraerles. Otras condiciones como el TDAH, el autismo, el agotamiento físico o emocional o haber atravesado situaciones difíciles también pueden hacer que el ruido afecte más.

Para reducir el impacto del ruido, no siempre es necesario eliminarlo por completo. Lo más realista es conseguir que el sonido sea predecible y fácil de controlar. Identificar señales tempranas, como dolor de cabeza, tensión en la mandíbula, impaciencia, ganas de salir de la habitación o dificultad para seguir una conversación, ayuda a tomar medidas antes de perder la calma.

Los auriculares con cancelación de ruido pueden ser útiles frente a sonidos continuos, aunque no tanto frente a voces. En lugares con muchas conversaciones, combinar los auriculares con un ruido de fondo suave, como la lluvia, puede ser una buena solución. Otra opción para rebajar el estrés es practicar la respiración consciente. Inspirar profundamente dos veces por la nariz y soltar el aire despacio por la boca ayuda a relajar el cuerpo y despejar la mente. Dormir bien también es clave. El cerebro sigue escuchando sonidos durante el sueño y el ruido, aunque sea bajo, puede afectar la calidad del descanso y la salud. Utilizar tapones, máquinas de ruido blanco, ventiladores o cortinas gruesas favorece un sueño más reparador y permite afrontar el ruido diario con más energía.

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