Cansado de los malos olores de la pescadería de abajo, un vecino fabrica un arma y apuñala en el ojo al pescadero

La víctima tuvo que ser operada de urgencia

Guardar
Policia de Francia
Policia francesa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Érick Sénéchal tiene la mitad de la cara vendada. Un gran protector cubre el vendaje que le colocaron los médicos y deja al descubierto el ojo que los cirujanos intentaron salvar durante la noche del domingo. “No sé cuál será el resultado, ya veremos”, ha dicho el pescadero de 52 años, al medio francés Le Parisien. Lleva menos de 24 horas fuera del quirófano.

El ataque ocurrió la noche del 3 de mayo en la rue des Gravilliers, en el distrito 3 de París (Francia), en pleno barrio de Le Marais. Un vecino, harto de los olores de la pescadería, se lanzó contra él con un cuchillo de fabricación casera. No hubo discusión previa ni advertencia: directamente, la hoja. El golpe impactó de lleno en la zona orbital, provocando heridas graves que obligaron a una intervención quirúrgica urgente.

PUBLICIDAD

Me operaron anoche”, alcanzó a decir Érick al salir del hospital, aún en shock y con visibles secuelas físicas, según ha comentado.

Una tensión que venía de lejos

Lo sucedido no fue un episodio aislado, sino el desenlace de un conflicto larvado durante meses. Cuando Érick se instaló en su local en julio de 2024, descubrió que la pequeña ventana que daba al patio del edificio estaba sellada con clavos. Aquella decisión, tomada incluso antes de su llegada, buscaba evitar la propagación de olores.

PUBLICIDAD

“Todo empezó cuando llegué a la pescadería hace poco menos de dos años”, ha relatado. Lo que en un principio parecía un simple daño material pronto se convirtió en un símbolo de una convivencia difícil.

Con el paso del tiempo, la incomodidad de uno de los vecinos fue creciendo. La molestia por los olores derivó en una tensión constante que, según el ha dicho de la víctima, fue escalando sin que nadie lograra frenarla.

Pescado fresco en una pescadería (Adobe Stock)
Pescado fresco en una pescadería (Adobe Stock)

Del malestar cotidiano a la violencia extrema

El domingo, esa tensión acumulada encontró una salida brutal. El agresor, lejos de limitarse a una queja o una discusión, habría fabricado su propia arma blanca para atacar directamente al comerciante.

Érick, que insiste en que “solo estaba haciendo su trabajo”, trata ahora de comprender lo ocurrido. No logra explicarse cómo una disputa por olores pudo desembocar en una agresión de tal violencia.

Qué puede pasar ahora: consecuencias penales

Tras la agresión, queda por ver si Érick Sénéchal decide presentar denuncia formal contra su vecino. En Francia, este tipo de hechos se encuadra dentro de las “violencias voluntarias”, una figura penal cuya gravedad depende, en gran medida, de las lesiones sufridas por la víctima y de si se utilizó un arma.

En este caso, el uso de un cuchillo y la localización del golpe, directamente en el rostro, son elementos que pueden agravar la calificación de los hechos. La clave estará en el parte médico y en la evolución de la lesión ocular.

Si las heridas provocan una incapacidad temporal de trabajo inferior o igual a ocho días, la pena puede alcanzar hasta tres años de prisión y 45.000 euros de multa. Si supera ese umbral, las sanciones aumentan hasta cinco años de cárcel y 75.000 euros.

Sin embargo, el escenario más grave se daría si las secuelas en el ojo fueran permanentes. En ese caso, la justicia podría considerar que existe una “mutilación” o “invalidez permanente”, lo que eleva la pena hasta diez años de prisión y 150.000 euros de multa.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD