Cómo conseguir ir al veterinario sin estresar a tu gato: “La mayoría no odian al veterinario, lo que odian es el proceso de llegar allí”

Una sencilla revisión puede convertirse en una odisea para las mascotas y sus dueños

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Un veterinario examina a un gato en su consulta.
Un veterinario examina a un gato en su consulta. (Canva)

Ir al veterinario con un gato no suele ser una experiencia agradable. Los dueños acuden preocupados por el estado de salud de las mascotas y ellas, con miedo a un lugar desconocido y a lo que pueda ocurrir. Los problemas no llegan solo en la consulta, sino que empiezan antes incluso de salir de casa.

Pero evitar la visita al veterinario no puede ser una opción, sobre todo ante problemas de salud graves. Por eso, los veterinarios Alejandro Elson y Ana Anglada han querido dar a los dueños algunos consejos sobre cómo hacer el proceso menos traumático y más agradable, tanto para la mascota como para el humano.

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“Para la mayoría de los gatos, ir al veterinario es una experiencia comparable a que tú te despiertes un día y alguien te meta en una caja para llevarte, sin aviso, a un lugar lleno de olores raros, ruidos metálicos y manos que te tocan sin preguntar”, ejemplifican. Ambos especialistas cuentan en Mi gato. Manual para humanos domésticos los pasos a seguir para que la visita transcurra sin incidentes.

El transportín: el origen de todos los males

Un gato se sienta, asustado, en su transportín.
Un gato se sienta, asustado, en su transportín. (Canva)

Elson y Anglada aseguran en el manual publicado por Purina que lo que los gatos odian no es el veterinario, sino el proceso de llegar hasta allí. En este camino, es el transportín lo que origina el estrés en el animal. “En su mente, ese objeto está asociado con experiencias desagradables: lo metieron a la fuerza, lo zarandearon, lo sacaron de su territorio y lo llevaron a un lugar lleno de olores desconocidos”, explican.

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Los veterinarios explican que, para cambiar la relación que tienen con este objeto habituándole a estar en presencia del transportín. “Déjalo abierto, con una manta suave y su olor dentro. Coloca dentro algunos premios o su juguete favorito”, aconsejan. Al convertirlo en un lugar cotidiano para él, viajar será menos complicado. Incluir en él objetos reconocibles, como camisetas o mantas que huelan a su hogar o a su dueño, puede también darle una sensación de familiaridad al llegar a un lugar desconocido.

Pero, por muy acostumbrado que esté a su transportín, el trayecto al veterinario puede complicarse por la gran variedad de estímulos que presenta la calle: olores diferentes, ruidos, frenazos en el coche, gritos, bociznazos... Para reducir este caos sensorial, Elson y Anglada recomiendan cubrir el transportín con una toalla ligera y rociar la jaula con feromonas felinas sintéticas, que le indican al gato que está a salvo. Si viajas en coche, el asiento trasero o el suelo del vehículo son los lugares ideales para que viaje, al ser los más estables y seguros.

Mantener la calma en la clínica

Con un transportín que transmite tranquilidad, el próximo reto es la propia clínica veterinaria. Algunos de estos establecimientos cuentan con zonas Cat Friendly, adaptadas para la tranquilidad del animal. Cuando estas áreas no existen, el gato no se enfrenta a una oleada de gente, perros, ruidos, teléfonos... que pueden generarle estrés. Elson y Anglada recomiendan en estos casos esperar el turno en el coche y no en la sala de espera o, de no tener esta opción, colocar su transportín en un lugar elevado y cubierto con una toalla para bloquear estímulos.

Durante la propia revisión, la presencia de su dueño puede ser un ancla de calma. “Si tu gato busca refugio en ti, deja que te huela o toque tu mano”, indican los veterinarios. Ambos expertos desaconsejan el uso de la fuerza durante la visita, a no ser que el sanitario lo requiera para realizar algún acto veterinario.

Elson y Anglada también recomiendan practicar en casa con “mini chequeos” que ayuden a normalizar la visita al veterinario. “Tócale suavemente las patas, revisa sus orejas, abre su boca un segundo para mirar los dientes. Todo eso lo acostumbrará al contacto veterinario”, aseguran.

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