La contaminación por cocaína altera el comportamiento de los salmones salvajes: nadan hasta 12 kilómetros más

Un experimento ha comprobado cómo afecta a los peces la presencia de esta droga en su hábitat natural, donde cada vez es más frecuente

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Un ejemplar de salmón salta en un río
Los salmones afectados por los metabolitos de la cocaína alteran sus patrones de movimiento. (Pixabay)

La contaminación por ciertas drogas ilícitas en el medio natural no es una cuestión anecdótica. En múltiples países se está detectando la presencia de cocaína y sus metabolitos en masas de agua como ríos, lagos y estuarios. Sus consecuencias sobre los ecosistemas y la fauna silvestre todavía son desconocidas, aunque cada vez más estudios analizan los cambios alimenticios, reproductivos o comportamentales, así como otros efectos, que esta contaminación tiene sobre las especies de estos hábitats.

Estas investigaciones, que han demostrado que estas sustancias pueden afectar la función cerebral y el comportamiento en la fauna silvestre, se han realizado siempre en condiciones de laboratorio artificiales. Hasta ahora.

Un nuevo estudio internacional liderado por la Universidad de Griffith y en el que han participado la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal ha realizado por primera vez un experimento sobre las alteraciones que la cocaína provoca en los animales en su hábitat natural. En concreto se han centrado en los salmones atlánticos (Salmo salar).

Alevines de salmón atlántico. (Peter Steenstra/Wikimedia Commons)
Alevines de salmón atlántico. (Peter Steenstra/Wikimedia Commons)

Los salmones afectados por la cocaína nadan casi el doble de lejos

Para llevar a cabo la investigación, cuyos resultados se han publicado en la revista Current Biology, se monitorizaron 105 salmones atlánticos juveniles en el lago Vättern, en Suecia. Los ejemplares se distribuyeron en tres grupos: uno de control, uno expuesto a cocaína y el último al principal metabolito de esta droga, la benzoilecgonina.

Los investigadores combinaron implantes químicos de liberación lenta y seguimiento mediante telemetría acústica para reconstruir su trayectoria y sus patrones espaciales dentro del lago natural.

Los resultados demostraron que estos metabolitos alteran los patrones de dispersión y el comportamiento espacial de los peces. La exposición a la benzoilecgonina aumentó las tasas de movimiento semanales en aproximadamente 1,9 veces; así, se dispersaron cerca de 12,3 kilómetros más lejos que los ejemplares de control.

“Estos resultados indican que los contaminantes derivados de la cocaína pueden alterar la ecología espacial de los peces, influyendo potencialmente en el uso del hábitat, las interacciones tróficas y los patrones de dispersión a nivel poblacional en los ecosistemas naturales”, señalan los autores. Estos son elementos fundamentales para la supervivencia y dinámica de las poblaciones de peces.

Aquí hay un breve video de uno de los primeros salmones del Río Klamath en llegar a los afluentes por encima del antiguo Dique Iron Gate. La grabación fue realizada el viernes pasado por la geóloga del Departamento de Pesca Yurok, Kayah Ray, quien forma parte de un equipo que está realizando un estudio de los salmones en el tramo del río que ya no tiene presa.

Además, observaron que la benzoilecgonina produjo unos efectos más intensos que la cocaína. “Esto es especialmente preocupante porque los posibles peligros para distintas especies de contaminantes ambientales —como fármacos y drogas de abuso— suelen evaluarse según los compuestos originales en lugar de sus metabolitos, pese a que estos últimos aparecen frecuentemente a concentraciones más elevadas en las aguas superficiales", señalan los autores del estudio publicado en Current Biology.

De esta manera, es importante y urgente incorporar estos contaminantes en las estrategias de monitoreo y gestión para la conservación de las especies acuáticas vulnerables, ya que pueden perturbar su ecología espacial y su comportamiento locomotor.

“Nuestros hallazgos demuestran que concentraciones ambientalmente relevantes de cocaína y su metabolito mayor, la benzoilecgonina, pueden acumularse en los cerebros de salmones atlánticos expuestos —una especie de gran importancia ecológica y económica— y alterar su movimiento y uso del espacio en la naturaleza".

Aunque las implicaciones de esta contaminación todavía deben investigarse más en profundidad, los investigadores destacan la relevancia tanto económica como ecosistémica de esta especie; su alteración o degradación por este u otro tipo de contaminación, por tanto, tendría consecuencias para los hábitats en los que vive y para nosotros mismos.