La foca monje del Mediterráneo, la especie que habitaba las costas de España y que desapareció en nuestro país por culpa de la caza

Desde la Antigüedad, este animal era capturado por el alto valor de su piel y su grasa. A nivel global también está amenazado por la contaminación de su hábitat

Guardar
Ejemplar de foca monje del Mediterráneo fotografiado en Grecia. (Wanax01/Wikimedia Commons)
Ejemplar de foca monje del Mediterráneo fotografiado en Grecia. (Wanax01/Wikimedia Commons)

Aunque en la actualidad en aguas españolas no existan poblaciones estables, hubo una época en la que era frecuente ver focas en las costas y los mares de nuestro país. Víctima de la caza desde hace siglos por el alto valor de su piel y grasa, la foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus) experimentó un serio deterioro que ha llevado a la especie a una reducción considerable de su histórica área de distribución y a su desaparición en España. En la actualidad, los ejemplares que todavía resisten enfrentan amenazas como la contaminación de sus hábitats.

Un reciente estudio de científicos de Ocean Conservancy, la Universidad Estatal de Arizona y el Instituto Shaw, publicado en Conservation Biology, señala que tres cuartas partes de los mamíferos marinos más vulnerables a la contaminación por macroplásticos —fragmentos de más de 5 milímetros— ya se encuentran al borde de la extinción.

Las cinco especies que han experimentado una mayor disminución de su población por este motivo son la foca monje hawaiana, el manatí africano, el león marino australiano, la vaquita marina —endémica del Golfo de California, en México, y de la que se estima que quedan menos de 10 ejemplares— y la foca monje del Mediterráneo.

Ejemplar de foca monje del Mediterráneo fotografiada en Croacia. (Marinko Babić/Wikimedia Commons)
Ejemplar de foca monje del Mediterráneo fotografiada en Croacia. (Marinko Babić/Wikimedia Commons)

La caza de la foca durante siglos

La foca monje del Mediterráneo se distribuía históricamente a lo largo de las costas del Mediterráneo y del Mar Negro, así como la costa africana del Atlántico, desde el Estrecho de Gibraltar hasta Mauritania, y en la península Ibérica hasta el mar Cantábrico por el norte. También se localizaba en las islas de la Macaronesia, que es el nombre colectivo que reciben los archipiélagos de las Azores, Canarias, Cabo Verde, Madeira e islas Salvajes.

Tal y como señala el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), existen registros fósiles de la especie en nuestro país del Paleolítico, Neolítico antiguo y Medio, épocas en las que posiblemente ya fuese cazada y consumida, al igual que en la Antigüedad. Durante la Edad Media, la captura por parte de exploradores europeos y colonizadores, especialmente en las islas Canarias, llevó a la desaparición de las colonias establecidas en las playas, debido a que las focas monje del Mediterráneo tenían un alto valor por su piel y grasa.

“Hasta el siglo XX fue perseguida, principalmente por pescadores al causar daños en las artes de pesca y por ser, supuestamente, responsable de la disminución de la pesca costera”, señalan desde el MITECO. “A principios del siglo XX se fomentaba oficialmente su muerte y se pagaban recompensas por ello”.

Todo esto llevó a que, pese a que a mediados del siglo pasado se considerase abundante al menos localmente en Mallorca y Menorca, la foca monje del Mediterráneo ya no sea estable en nuestro país, al igual que en muchas otras zonas que durante siglos pobló.

Ejemplar de foca monje del Mediterráneo fotografiada en Croacia. (Mike Richardson/iNaturalist 
CC BY-NC 4.0)
Ejemplar de foca monje del Mediterráneo fotografiada en Croacia. (Mike Richardson/iNaturalist CC BY-NC 4.0)

La extinción de la foca monje del Mediterráneo en España

En la actualidad, únicamente se reproduce y aparece con regularidad en Cabo Blanco (Marruecos-Mauritania); islas Desertas, en Madeira (Portugal), y tres áreas del Mediterráneo: las costas del este de Marruecos-oeste de Argelia, las costas del mar Jónico de Grecia y las costas del Egeo de Grecia, Turquía y Chipre.

Según señala el MITECO, la foca monje del Mediterráneo, “se ha extinguido de la mayor parte de las costas y aguas españolas”. Sin embargo, se siguen produciendo observaciones ocasionales, aunque de individuos errantes y no colonias asentadas en la zona.

En el pasado ha sido posible la observación de varios ejemplares en las islas Chafarinas, un archipiélago español ubicado al este de Melilla cuya población está compuesta por científicos investigadores y militares. Designado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Refugio de Caza, es un enclave protegido debido a su fragilidad ambiental.

Isla de Isabel II, Chafarinas. (Miguel González Novo/Wikimedia Commons)
Isla de Isabel II, Chafarinas. (Miguel González Novo/Wikimedia Commons)

“La muerte accidental (en artes de pesca) o deliberada de focas fue posiblemente la fuente más importante de mortalidad. Así, la persecución directa ha sido clave en la extinción de la especie en España”, señalan desde el MITECO. “En la actualidad, la contaminación por organoclorados y PCB’s en el Mediterráneo, y las interacciones con pescadores son importantes amenazas a las escasas poblaciones de foca monje”. En nuestro país, la foca monje del Mediterráneo se encuentra incluida en el Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español.

Un ejemplo de la acción humana sobre el resto de especies

Aunque no existen datos precisos, se estima que el número global de animales maduros es probablemente de entre 400 y 600. A nivel mundial, en la actualidad, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cataloga esta especie como “vulnerable”. Esto desde 2023 gracias a signos de crecimiento poblacional, puesto que entre 1996 y 2013 se encontraba “en peligro crítico de extinción”, que es el nivel de amenaza más elevado antes de su desaparición en estado silvestre.

“Las principales amenazas de origen humano para esta población son los accidentes por interacción con las pesquerías y la contaminación por organoclorados de su medio; y desde el punto de vista demográfico, su pequeño tamaño de población y su posible aislamiento genético”, señalan desde el MITECO.

Esta cría de foca albina pelirroja, un fenómeno que ocurre solo una vez cada 100,000 nacimientos, fue avistada recientemente

La Fundación para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos (CRAM) apunta que el deterioro y la pérdida de su hábitat se debe también al aumento del turismo. Además, señala que otra de las amenazas más importantes que ha sufrido la especie en el Mediterráneo es “la proliferación de algas tóxicas (mareas rojas), que, por ejemplo, provocaron una mortalidad masiva en 1997, los vertidos de petróleo, la entrada de especies invasoras por el Canal de Suez y la contaminación”.

La historia de la foca monje del Mediterráneo, tanto en España como en toda su área de distribución, es solo uno de los miles de ejemplos que existen de las consecuencias de la presión humana sobre la fauna y flora con la que compartimos el planeta. Estas actividades y efectos antropogénicos están llevando a la biodiversidad al borde de un precipicio, hasta tal punto que muchos expertos ya hablan de la sexta extinción masiva.