A sus 53 años, decide cambiar toda su vida por completo: se muda a las montañas, compra un refugio y cumple su mayor sueño

Gabriele Vedova asume la gestión de un recinto con el que busca potenciar la colaboración de la comunidad local, durante una temporada

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Gabriele Vedova, encargado del refugio Vederna
Gabriele Vedova, encargado del refugio Vederna (Il Trentino dei Bambini)

Gabriele Vedova ha decidido dar un giro completo a su vida profesional con tan solo 53 años. El veneciano asume la gestión del refugio Vederna, situado en la val Noana, en el municipio italiano de Imer. Será el viernes, uno de mayo, cuando abra oficialmente sus puertas bajo su dirección, tras una trayectoria en el sector hotelero que le ha llevado por distintos rincones del norte de Italia.

La creación del refugio Vederna tiene la intención de ofrecer una experiencia centrada en la calidad y el producto autóctono. Está ubicado a 1.324 metros de altitud y puede alcanzarse tanto a pie, como en bicicleta o en coche. Gabriele Vedova cuenta con una gran experiencia en la hostelería, ya que ha trabajado en los últimos años en un refugio en Valle d’Aosta durante la temporada estival. También en diversas responsabilidades en hoteles y cursos de formación para personal de recepción. La temporada arrancará el 1 de mayo y se prolongará durante cinco meses.

El cambio hacia la gestión de un refugio de montaña supone para este italiano una nueva etapa profesional marcada por un cambio de estilo de vida. Durante nueve años ha combinado sus responsabilidades dirigiendo hoteles con la formación de profesionales del sector, algo que seguirá haciendo durante el invierno, cuando el refugio permanezca cerrado. Esta oportunidad surgió tras una excursión que realizó el veneciano a la zona para enterarse de la disponibilidad del refugio. Aprovechando la ocasión, contactó con la propietaria y formalizó el acuerdo.

Cómo es el refugio Vederna

Gabriele Vedova ha explicado que afronta la gestión del refugio con gran entusiasmo y sentido de responsabilidad hacia la comunidad local, según el medio Il Dolomiti. “El refugio es muy importante para quienes viven cerca, es un punto de referencia importante”, explica el veneciano. Su planteamiento busca potenciar la colaboración con los actores vinculados al territorio, seleccionando para su plantilla a colaboradores jóvenes y apostando por los valores humanos, la pasión y la atención.

El parque natural de España en el que puedes ver osos pardos en libertad: miradores en un impresionante paisaje entre montañas.

La carta del refugio seguirá una filosofía sencilla donde habrá pocas propuestas, pero elaboradas con materias primas locales. El objetivo es elevar la calidad de la hospitalidad, centrando su modelo de gestión en la satisfacción integral del visitante. “Mi objetivo es priorizar la atención hacia el huésped, porque he basado toda mi carrera en esto. Quiero que quien venga al refugio esté contento y satisfecho, el resto vendrá por añadidura”, ha enfatizado.

Además, Gabriele Vedova asume el reto de continuar el legado de los anteriores gestores, a quienes reconoce una labor excelente. Su intención es mantener los logros alcanzados e incluso tratar de mejorarlos, convirtiendo al refugio en un lugar abierto a todos, alejado de la exclusividad y basado en la autenticidad.

El anterior trabajo de Gabriele Vedova y el reto de romper con la rutina urbana

Gabriele Vedova tiene una pasión: la montaña. Un elemento central para él y para este proyecto vital. Tras años en los que sus obligaciones profesionales le han llevado a recorrer hasta 40.000 kilómetros anuales en coche, valora especialmente la posibilidad de de limitar el uso del automóvil a los desplazamientos de abastecimiento durante los próximos cinco meses. “He viajado incluso 40.000 kilómetros al año en coche y saber que durante la temporada solo la utilizaré para ir a la vall a hacer la compra, para mí ya es bastante”, ha destacado.

El refugio estará operativo entre mayo y el final de la temporada, es decir, cinco meses. Un periodo que para el veneciano supone tanto la realización de un sueño largamente perseguido como el inicio de una nueva ruta profesional. “Siempre he querido acabar mi carrera gestionando un refugio: ahora tengo cincuenta y tres años y quiero adentrarme en este mundo. Necesito relacionarme con gente auténtica, alejado de la vorágine del día a día”, ha concluido.