La edad perfecta que recomienda un médico para llevar a tus hijos a correr contigo

La carrera en menores no supone ningún riesgo, pero siempre hay que incrementar paulatinamente la intensidad y adaptarla

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Un niño con camiseta azul y pantalones cortos color caqui corre hacia la derecha, con el cabello al viento y zapatillas rojas levantando polvo en un día soleado.
Un niño corre con energía al aire libre (Imagen Ilustrativa Infobae)

Salir a correr en compañía de los hijos ha suscitado dudas entre los padres aficionados a esta práctica deportiva sobre cuál es la edad ideal para incorporar a los más pequeños a esta actividad. No existe ningún riesgo para la salud de los niños si se inicia la carrera a edades tempranas, pero siempre debe haber un incremento paulatino de la intensidad, adaptándolo al desarrollo de fuerza y resistencia de cada menor.

Las recomendaciones sobre el inicio de la carrera infantil no están sujetas a una norma generalizada. El profesor de Ciencias del Deporte de la Universidad de Adelaida, Hunter Bennett, sostiene que los niños que practican cualquier tipo de ejercicio físico logran reducir el riesgo de obesidad, mejorar su salud cardiovascular, favorecer su bienestar psicológico y desarrollan una mayor tendencia a la actividad física en la edad adulta.

Sin embargo, el experto también explica, a ABC Lifestyle, que antes de iniciarse en carreras más largas o en entrenamientos más estructurados, hay que tener en cuenta la edad y la disposición física y emocional del menor, vigilando especialmente a quienes tengan menos de cinco años, ya que es un grupo para el que no se recomienda ejercicio pautado.

Cómo se debe empezar a correr con niños pequeños

Los juegos activos como el conocido “pilla-pilla” constituyen el tipo de carrera espontánea más frecuente en la infancia, caracterizándose por esfuerzos cortos, cambios de dirección y movimientos variados (laterales, saltos o ‘sprints’ improvisados). Hunter Bennett especifica que este tipo de actividades proporcionan un desarrollo equilibrado al intervenir la fuerza muscular, la potencia, la densidad ósea y las habilidades sociales. Este estilo se diferencia del running de fondo, en el que la repetición y la uniformidad de movimientos durante largos períodos de tiempo son protagonistas.

La progresión y el entorno constituyen elementos esenciales. David Lubans, director de la Global Sport and Movement Collaborative de la Universidad de Newcastle, explica la carrera lúdica como una especie de “entrenamiento interválico espontáneo”, más alineada con los intereses infantiles y motivada por la diversión y la interacción social. La motivación en la infancia temprana decae cuando la actividad es presentada como algo obligatorio o como una técnica de entrenamiento.

La campeona olímpica y mundial de bádminton, Carolina Marín, anuncia su retiro del deporte profesional. En un emotivo mensaje, repasa su increíble carrera, las lesiones que la marcaron y agradece a su equipo, familia y aficionados por su apoyo incondicional.

El mejor momento para introducir rutinas estructuradas varía, aunque ambos expertos son partidarios de posponer el ejercicio formal al menos hasta los seis o siete años. Algunas actividades pueden introducirse jugando, pero el principal criterio que se debe seguir es el deseo que tenga el menor de realizar ese deporte. Hay que evitar enfoques exigentes hasta que la propia dinámica lúdica deje de darse espontáneamente en su día a día.

La variedad y el entorno social son claves para evitar el rechazo

Antes de contemplar carreras más largas, como pueden ser las de cinco kilómetros, es necesario aumentar la distancia y la intensidad de manera muy gradual, alternando las fases de caminata y correr. La adaptación del niño debe ser progresiva, buscando evitar una asociación negativa hacia el deporte. Una especialización prematura con presión añadida puede conllevar una sobrecarga que desembocará en el abandono deportivo o en trastornos relacionados con la alimentación, si la actividad acompaña de discursos en torno al peso o a las calorías de las comidas.

La profesora de salud infantil y adolescente de la Universidad de Sídney, Louise Baur, propone, en ABC Lifestyle, que los padres adopten un papel de modelo activo, fomentando actividades alternativas como los juegos del escondite, las carreras de obstáculos, los paseos por la naturaleza, los bailes, los partidos de deportes con pelota, etc. La clave reside en mantener una atmósfera de cero presión, donde se priorice el vínculo social y el disfrute de todos.