La Guerra Civil no acabó con una batalla épica, lo hizo con espías, pactos y traiciones: “La versión franquista de una victoria épica es propaganda”

El historiador Gutmaro Gómez Bravo desmonta en su último libro los mitos que construyeron los dos bandos y que llegan hasta nuestros días

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El lema "No pasarán" colgado en un cartel en una calle de Madrid durante la Guerra Civil junto a una imagen tomada de la realización de pintura ecuestre del dictador Francisco Franco. (PCE/Archivo Moreno/Ministerio de Cultura)
El lema "No pasarán" colgado en un cartel en una calle de Madrid durante la Guerra Civil junto a una imagen tomada de la realización de pintura ecuestre del dictador Francisco Franco. (PCE/Archivo Moreno/Ministerio de Cultura)

La imagen de Franco a lomos de un caballo como lider victorioso de una batalla se repitió hasta la saciedad después de la Guerra Civil. El bando franquista tenía clara la imagen que quería trasladar durante el régimen. Y llega hasta nuestros días. La victoria franquista en la Guerra Civil española se decidió en el frente, pero la caída final de la Segunda República y la instauración de la dictadura fue el resultado de una estrategia dirigida desde el Cuartel General del Generalísimo, donde el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) controló la propaganda, la diplomacia y la descomposición del enemigo desde dentro.

Frente al relato tradicional de traiciones y caos, el histodriador Gutmaro Gómez Bravo reconstruye la operación de inteligencia planificada hasta el último detalle que acabó con el raquítico Gobierno de la República. Con una documentación inédita de archivos españoles e internacionales, Cómo terminó la guerra civil española (Crítica, 2026) revela cómo la victoria franquista se preparó entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid. Con un relato detallado, el libro replantea los últimos meses del conflicto y ofrece una nueva interpretación del nacimiento de la dictadura franquista.

-Pregunta: ¿Cuál es la versión que hemos tenido hasta ahora y cuál es la nueva versión que consigues crear a partir de toda la nueva documentación a la que has tenido acceso?

-Respuesta: Tradicionalmente hay dos versiones. La consolidada es que hay una victoria militar franquista, que eso está más o menos decidido, pero que hay una posibilidad de resistencia republicana hasta que estalle la Segunda Guerra Mundial. Esa es la versión ‘negrinista’ o la versión republicana de los últimos 20 años, que tiene relación con la rehabilitación de la figura de Negrín. La documentación alemana y británica demuestra que eso no es así, que es al revés, que todo el mundo quiere acabar la guerra civil y no tiene sentido. Es una cuestión propagandística. La versión franquista, la de una ofensiva final, una victoria aplastante, una cuestión épica, también es propaganda. Para conseguir esa rendición ordenada y ese final de la guerra, necesitan el reconocimiento diplomático y que se rinda todo el mundo ordenadamente. Necesitan negociar e inician una negociación que luego interrumpen, pero esa negociación y esos intercambios con los republicanos los mantuvieron ocultos. Ambas versiones cambian un poco.

-P: Ese halo de epicidad, de la mano de Dios, todo este discurso, ¿queda roto?

-R: Sí, eso no se sostiene.

El historiador Gutmaro Gómez Bravo. (Cedida)
El historiador Gutmaro Gómez Bravo. (Cedida)

-P: Hablando del reconocimiento diplomático, ¿qué es lo que lleva a las potencias internacionales a decantarse por el franquismo y no por la república? Porque al final era el gobierno democrático y era el gobierno elegido, ¿por qué optan por Franco?

-R: En la primera parte de la guerra se mantienen neutrales, aunque han creado la Comisión de Intervención. Su opinión pública es favorable a la república y tienen peso favorable a la república. A partir de 1938 tienden a reconocer la victoria franquista, sobre todo porque no quieren enfrentarse a Alemania. Temen que España entre en el eje alemán, que finalmente es lo que sucede con el tratado antikomintern que aprueban en secreto. La cronología de la guerra cambia porque todos los tratados que aprueban en secreto los conocen unos y otros.

El 16 de febrero de 1939, Moscú, Berlín, Londres y París acuerdan reconocer a Franco y salir de la guerra porque están girando hacia la Segunda Guerra Mundial, hacia el acuerdo germano-soviético. Los británicos temen que el apoyo alemán o esa inserción se acelere y lo están viendo. Los franceses han cambiado de gobierno, son una coalición conservadora y tienen medio millón de refugiados españoles que no quieren. Todo esto acelera el reconocimiento de Franco y hace desaparecer la república como gobierno. A partir de ahí los franquistas ya no negocian con nadie porque no tienen interlocutor. Lo dejan morir internacionalmente y luego lo rinden.

-P: ¿Hasta qué punto es fundamental todo este movimiento diplomático?

-R: No es diplomacia pública. La mayor parte de los diplomáticos o de las misiones diplomáticas son agentes de información. Lo hacen todo a través de la inteligencia militar. Una vez que la inteligencia militar decide, la cuestión diplomática acuerda. Primero es la inteligencia. En esas negociaciones o en esos pasos previos, que todo es reservado, es muy importante la tecnología. Por ejemplo, interceptan todos los mensajes de los republicanos al exterior para intentar una mediación, la única posibilidad que les queda. La inteligencia los intercepta y los diplomáticos ejecutan. La visión de bloques ideológicos es propagandística y un poco idílica porque dicen una cosa y están haciendo otra.

-P: Escribes que el 1 de abril la guerra civil llega a muchos lugares donde no se había vivido. ¿Qué quieres recoger en esta frase?

-R: Una vez que se liquida esto, lo que queda es la cuestión interior, el plan de Burgos de terminar de anexionarse todo el territorio republicano. La guerra llega a pueblos y ciudades que no la habían vivido, porque aunque han estado en guerra, ahora quedan dentro del plan de posguerra franquista, que es control, clasificación y represión. La guerra llega para ellos en su versión, en lugar de paz, de guerra. La guerra continúa por otros medios.

-P: ¿Cómo se organiza el espionaje en Madrid y el consejo asesor? Me pareció interesante cómo planificaban que hubiese más hambre y los bombardeos con panecillos.

-R: Este final tiene también guerra psicológica, que potencian al máximo. El consejo asesor tiene una función política y sobre todo logística. Controlan las empresas, saben lo que entra y lo que sale, tienen control del abastecimiento y pasan los datos a Burgos. Justo al final de la guerra, aunque siguen bombardeando cuestiones logísticas y de armamento, las ciudades las bombardean con pan y proclamas de perdón. Cuando llevan casi mil días y están exhaustos, nadie come y la mortalidad infantil se dispara, lanzan todo ese mensaje de rendición y perdón, de que no les va a pasar nada. A la población civil esto le provoca querer rendirse.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha anunciado la firma de las actuaciones previas del procedimiento de extinción de la fundación Francisco Franco. Así, ha hecho referencia a la Ley de Memoria Democrática: "Se considera contraria al interés general la apología del franquismo" (Fuente: Ministerio Cultura)

-P: ¿Qué falla dentro de la República para que en Madrid haya montada una red así y no lo descubra, que no haya ningún equipo de inteligencia capaz de contrarrestar esto?

-R: El gran éxito de la inteligencia franquista es absorber a su enemigo. No lo destruyen, lo absorben y lo hacen trabajar para ellos. En eso son muy modernos, con mucho apoyo alemán, que es una táctica muy alemana. Los únicos que pueden contrarrestar esto son los soviéticos, que se han dado cuenta, pero están en otra cosa y se retiran de España. Captan el servicio enemigo, lo ponen a su servicio y hacen una separación clara de partes. El Frente Popular es una coalición política muy dividida y fomentan esa división hasta el extremo contra los que quieren continuar la guerra a nivel político. Luego separan a los militares profesionales del resto. El ejército profesional, que tiene mucha más experiencia y gran parte del mando al final de la guerra, se pone a su servicio. Dialogan con ellos, crean una pantalla que es el propio consejo asesor y el partido único, y luego lo desmantelan. Lo controla todo el ejército profesional y con ellos acuerdan la rendición, que es la entrega definitiva de los combatientes y de las ciudades.

-P: La República tenía pocas capacidades para resistir.

-R: En esta etapa final hay una descompensación enorme. Siempre se ha hablado del material de guerra, del apoyo alemán e italiano, que era mucho mayor, de las armas, y es cierto, pero sobre todo lo que tienen es a nivel de servicios de información, tecnología y contraespionaje. Han quedado totalmente obsoletos. Además están divididos. Esas dos cuestiones hacen que no se desplomen, sino que se entreguen de manera ordenada, que es lo que quiere el gobierno de Burgos. La idea de que tenían capacidad para resistir hay que cuestionarla bastante.

-P: En el libro defiendes que la guerra podría haber acabado mucho antes, ¿cómo y por qué?

-R: Los propios republicanos se dan cuenta de que no pueden subvertir esto. Después de la batalla del Ebro no les llega armamento soviético, no tienen capacidad y están separados. Una vez que Cataluña queda aislada, estratégicamente la guerra está perdida. Intentan una mediación internacional para que se suspendan las hostilidades y haya un armisticio, como en la Primera Guerra Mundial, y una paz con condiciones. Eso es lo que quiere Negrín, lo que quieren Casado y todo el Estado Mayor republicano, pero no lo consiguen.

Lo intentan por medios distintos. El primero que acepta esa mediación es el Vaticano. En Nochebuena de 1938 tienen previsto un armisticio con el visto bueno de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Franco tiene la guerra ganada y no quiere parar, pero no se puede oponer frontalmente al Vaticano porque es un Estado católico y el Vaticano ha bendecido su guerra. Ordena una operación de inteligencia para acortar la guerra antes de que haya una mediación internacional. No sale nada de Roma y acorta la guerra. Tienen previsto el reconocimiento el 25 de febrero y acabar la guerra el 2 de marzo. Al final eso no sucede, que es precisamente el día que se proclama el nuevo papa. Intentan hacerlo coincidir. El último mes están haciendo el traspaso de lo que queda del Estado republicano al franquista: todos los servicios de Madrid, el Banco de España, grandes compañías, telefónica, industriales, y eso se les va más de un mes. Al final se alarga, pero podía haber terminado mucho antes.

Imagen de un edificio bombardeado, a 30 de enero de 1938. (Biblioteca Nacional de España)
Imagen de un edificio bombardeado, a 30 de enero de 1938. (Biblioteca Nacional de España)

-P: ¿Qué ocurre en ese proceso de entrega y traspaso de documentación y claves?

-R: Están traspasándose claves, más de ciento diez documentos con información de fondos en el extranjero, documentación del Banco de España, el Consejo de Administración, Hacienda. Todo eso lo entregan los republicanos, pensando que no les va a pasar nada. Muestran una cara de clemencia, una cara de perdón. Negocian esa amnistía con los militares profesionales y luego no la cumplen.

P: ¿La España que se dibujaba en esos acuerdos es la que luego se creó? Porque luego hay ajusticiamientos, fusilamientos, hambre... ¿Ese castigo posterior podía esperarlo la República?

-R: Lo que sostengo es que eso no es de después, es la preparación de la posguerra. Lo que ocurre después de la guerra ya está prácticamente anunciado el 1 de enero, lo dice Franco con el plan de redención de penas. Envuelven el castigo en el mensaje del perdón. Las instrucciones de rendición que les pasan ya incluyen todo lo que va a ocurrir. Los republicanos también las cuentan censuradas, quitan a la población las partes duras. Todo el mundo engaña, corta y pega el mensaje según le conviene. Eso está diseñado y todo el mundo intenta posicionarse para el día siguiente. La cuestión es cuándo será el fin de la guerra. Por eso el parte final de la guerra pone “en el día de hoy” sin fecha. No saben cuándo será, pero sí tienen claro cómo.

-P: Expones también que no hay buenos ni malos...

-R: Tanto el mundo franquista como el republicano dieron versiones idealizadas de su triunfo o de su derrota. La construcción de la guerra de liberación no es cierta, también tiene gran parte de cálculo, diplomacia y economía. Son modernos e inteligentes. Tampoco hay que dar la versión de que todo se hace por la fuerza de las armas y con una brutalidad incipiente. Tienen habilidad y hay que reconocerlo. Tampoco los republicanos son ingenuos que se rinden y entregan todo. No hay buenos ni malos, ni héroes ni villanos. Nos hemos encasillado en esa visión.

La guerra es la antesala de la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de la absorción de millones de personas, una operación de ocupación de un país entero. Eso es lo que hacen los alemanes cuando inician la Segunda Guerra Mundial en Europa Occidental. Son operaciones militares enormes de guerra total. Hay que comprenderlo así. La población civil no importa, no es un actor. Tampoco los republicanos, que a esa altura ya están atomizados, ni el ejército profesional piensa en la población civil. Son formas de justificar la derrota y luego es la memoria de la guerra. Cada grupo construye la suya. La republicana se fue al exilio con esa división y enfrentamiento. En los últimos años ha llegado de manera idealizada. Lo que intento decir es que el mundo va por otro lado y que si lo miras a nivel geopolítico, tiene otra óptica totalmente distinta.

-P: ¿Crees que libros como este o los que siguen esta línea pueden conseguir un cambio del relato?

-R: Cuesta mucho, pero es nuestro trabajo. Hay relatos asentados, cuesta más el relato heredado, las propagandas que crearon para encubrir esto. Es más fácil desterrar el relato tradicional con documentación que las visiones o la utilización política de la guerra hoy. Son dos cosas que actúan a la vez. El relato tradicional se puede cambiar con historia y archivos. La utilización política de la guerra es más complicada porque al final es una cuestión política. Si entramos ahí, estamos perdidos. La mayor parte de la gente ya no se posiciona por lo que era su familia. Eso ya no opera. Opera el posicionamiento político, lo que diga tu grupo. El discurso al que te acoges, con el que empatizas o reconoces en un partido u otro. De ahí no salimos. Ese es el problema para cambiar el relato.

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