
Durante la última semana, la Armada española ha seguido el paso de varios buques rusos por aguas de interés nacional en el sur de la península, según ha informado EFE. El patrullero de altura ‘Vigía’ relevó al ‘Serviola’ para continuar el seguimiento de estos barcos, que transitaban del Mediterráneo oriental hacia el Atlántico a través del mar de Alborán y el estrecho de Gibraltar. Mantuvo la monitorización hasta la salida de las embarcaciones rusas de las aguas bajo vigilancia española.
Esta no ha sido la única intervención. De forma paralela, el Buque de Acción Marítima ‘Meteoro’ fue desplegado para localizar y seguir a otro buque ruso en aguas próximas al archipiélago canario, realizando un seguimiento continuado a lo largo de más de 360 millas náuticas en la Zona Económica Exclusiva.
La Armada desarrolla habitualmente estas tareas de seguimiento de unidades extranjeras conforme al derecho internacional, reforzando la seguridad y la vigilancia en áreas estratégicas. Todas estas operaciones se integran en la estructura del Mando Operativo Marítimo y bajo la dirección del Mando de Operaciones, asegurando el control permanente del entorno marítimo nacional. El reglamento especial del estrecho dificulta una posible intervención directa sobre un buque ruso.
Una amenaza cada vez más presente
Dos meses después de que Francia, con apoyo del Reino Unido, interceptara cerca de Almería un petrolero ruso recién salido del Estrecho de Gibraltar, la presencia de buques rusos en la zona continúa en aumento y refleja un giro en la estrategia naval del Kremlin en el Mediterráneo. Según el analista Luis Romero Bartumeus, la guerra en Ucrania y la pérdida de la base de Tartús en Siria han forzado a Rusia a incrementar el tráfico marítimo con buques militares y petroleros, empleando la denominada “flota fantasma” para eludir sanciones europeas y mantener sus exportaciones energéticas activas.
La Armada española, condicionada por el régimen jurídico internacional del Estrecho, se limita a acompañar y vigilar a estos barcos, sin potestad para intervenir salvo en situaciones muy concretas. El Estrecho de Gibraltar, pese a estar compuesto únicamente por aguas españolas y marroquíes, está catalogado como paso internacional, lo que garantiza el derecho de tránsito de cualquier embarcación mientras no fondee ni se detenga sin justificación.
La Unión Europea controla una lista de buques vetados por sanciones, pero el marco legal complica su detención en esta vía marítima crucial. La única respuesta posible de España y la OTAN es el seguimiento de los movimientos rusos, lo que deja en evidencia la impotencia de los países ribereños para impedir el paso de estos navíos. Este incremento de la actividad naval rusa en el Mediterráneo, con especial atención al Estrecho, responde tanto a la necesidad de asegurar rutas de exportación como a la estrategia de presión sobre Europa, convirtiendo la zona en un área de creciente vigilancia y tensión geopolítica.
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