Arrate Mariño, psicóloga: “Una emoción no puede mantenerse en un pico de intensidad alto durante mucho tiempo”

La especialista propone aprender a transitar las emociones intensas y evitar estrategias de lucha o evasión para recuperar el equilibrio

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Arrate Mariño, psicóloga, habla sobre las emociones intensas (TikTok / @arratemarino.psicologa)
Arrate Mariño, psicóloga, habla sobre las emociones intensas (TikTok / @arratemarino.psicologa)

Las emociones intensas forman parte de la experiencia humana y, en ocasiones, pueden aparecer de manera inesperada, alterando la rutina diaria y generando una sensación de desbordamiento.

Este tipo de respuestas emocionales pueden estar vinculadas a situaciones de estrés, conflictos personales o cambios relevantes en la vida cotidiana. Además, algunos factores externos como la presión laboral o la incertidumbre social pueden aumentar la frecuencia y la intensidad de estas experiencias.

Ante este escenario, la gestión emocional se convierte en un desafío para muchas personas que buscan recursos para recuperar la calma y el equilibrio. En la actualidad, las redes sociales han facilitado el acceso a información y orientación profesional sobre salud mental, acercando a especialistas como la psicóloga Arrate Mariño al público general.

La naturaleza pasajera de las emociones intensas

Cuando las personas enfrentan emociones abrumadoras, la psicóloga Arrate Mariño propone en su cuenta de TikTok (@arratemarino.psicologa) un enfoque distinto: “Por muy intensa que sea una emoción, ninguna ola se va a quedar arriba para siempre”. Según su explicación, comprender este fenómeno fisiológico puede ser clave para atravesar momentos de malestar emocional.

La profesional aclara que el cuerpo no sostiene picos emocionales de manera prolongada. “Una emoción no puede mantenerse en un pico alto de intensidad durante mucho tiempo. Es una sensación que suele durar unos minutos, pero nunca horas”, explicó Mariño al hablar sobre la naturaleza fugaz de las emociones extremas. La comparación de las emociones con las olas del mar ayuda a visualizar el proceso de ascenso y descenso de la intensidad afectiva, aportando una perspectiva más manejable ante el malestar.

Una mujer experimentando emociones intensas (Freepik)
Una mujer experimentando emociones intensas (Freepik)

En la práctica cotidiana, resulta habitual que las personas recurran a mecanismos automáticos para enfrentar la incomodidad emocional. A menudo, la tendencia es intentar distraerse, reprimir lo que se siente o emplear estrategias de evitación.

Mariño señala que, pese a la intención de aliviar el sufrimiento, estos métodos pueden incrementar el agotamiento y prolongar la sensación de malestar. “Cuando estamos dentro de esa emoción, se siente como si fuese a durar para siempre”, expresa la psicóloga, reflejando una percepción frecuente en situaciones de angustia.

Aceptar y atravesar las emociones

Respecto a las estrategias habituales ante el malestar, Mariño detecta un error frecuente: “Es ahí cuando intentamos luchar contra esa emoción, intentamos evitarla o intentamos salir corriendo”. A su juicio, esos intentos resultan contraproducentes, ya que “es como intentar atrapar una ola con las manos. No va a funcionar y encima te va a agotar muchísimo más”.

La comprensión de que las emociones tienen un ciclo natural y limitado en el tiempo permite afrontar el malestar con una mayor aceptación. Este tipo de enfoque se apoya en conceptos desarrollados por varias corrientes de la psicología, como la terapia de aceptación y compromiso, que promueven la observación sin resistencia de los estados emocionales. Bajo esta perspectiva, la clave radica en dejar de luchar y permitir que la propia emoción siga su curso.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Para la psicóloga, el desafío no consiste en eliminar las olas emocionales, sino en aprender a transitarlas: “La alternativa no es que no haya olas, sino que tú aprendas a sostenerlas mientras están pasando”. Adoptar esta actitud, según numerosos especialistas, favorece el desarrollo de recursos internos para afrontar el malestar, reduce el desgaste y facilita la recuperación del bienestar una vez que la emoción disminuye en intensidad.