Rodrigo Arteaga, doctor: “Si te duelen las rodillas al caminar, muchas veces el problema no está solo ahí”

El médico experto en salud integral explica cómo influyen el resto de partes del cuerpo en este tipo de dolencia

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El dolor de rodilla puede deberse a otras partes del cuerpo. (Freepik)
El dolor de rodilla puede deberse a otras partes del cuerpo. (Freepik)

El dolor de rodilla es una de las molestias más comunes en la población adulta. Aparece al caminar, al subir escaleras o incluso tras largos periodos de inactividad, y suele asociarse de forma inmediata a un problema localizado en la propia articulación. Sin embargo, cada vez más especialistas insisten en que esta visión puede resultar limitada.

En los últimos años, el enfoque sobre las dolencias musculoesqueléticas ha evolucionado hacia una comprensión más global del cuerpo. La idea de que las distintas partes funcionan de manera aislada ha dado paso a una concepción en cadena, donde cada segmento influye directamente en el siguiente. Esto ha abierto nuevas vías tanto en la prevención como en el tratamiento del dolor.

En este contexto, los expertos ponen el foco en los patrones de movimiento cotidianos. Caminar, una acción aparentemente automática, puede esconder desajustes que, repetidos en el tiempo, terminan generando molestias persistentes. Analizar cómo se distribuye el peso y qué estructuras participan en ese gesto resulta clave para entender el origen del problema.

El doctor Rodrigo Arteaga (@dr.rodrigoarteaga en TikTok) lo resume de la siguiente manera: “Si te duelen las rodillas al caminar, muchas veces el problema no está solo en la rodilla. Es cómo estás cargando tu peso en cada paso, porque tu rodilla está entre tu cadera y tu tobillo, y depende de ambas para mantenerse alineada”. Según explica, “cuando uno falla, la rodilla compensa y duele”.

Dolor de rodilla. (Freepik)
Dolor de rodilla. (Freepik)

La rodilla, el cuádriceps y el tobillo

Partiendo de esa base, el especialista analiza cómo las distintas partes del cuerpo pueden influir en el dolor de rodilla. En primer lugar, señala el papel de la musculatura de la cadera: “Los glúteos evitan que tu cadera se caiga mientras estás en una sola pierna, que es lo que pasa en cada paso”. Esta función es esencial durante la marcha, ya que cada zancada implica un momento de apoyo monopodal.

Cuando esa musculatura no responde correctamente, aparecen los problemas. “Si no tienes suficiente fuerza, la cadera se inclina, la pierna se mete hacia adentro y la rodilla también”, advierte. Este desajuste no es puntual, sino repetitivo: “Esa mala alineación repetida es lo que la irrita y causa dolor”.

El segundo elemento clave es el cuádriceps. Arteaga lo describe como mucho más que un simple extensor de la rodilla: “Es el músculo que tienes en frente del muslo que extiende la rodilla, pero también es el que ayuda a frenar tu peso”. Su papel resulta especialmente importante en situaciones de carga.

De hecho, añade que “al caminar, y sobre todo al bajar escaleras, tiene que absorber impacto”. Cuando no está suficientemente fortalecido, el cuerpo pierde esa capacidad de amortiguación: “Si no tiene fuerza, el impacto se va directo a la articulación, se desgasta más rápido y duele”.

El hallazgo principal, publicado durante este mes, mostró que la intervención basada en el entrenamiento de la marcha proporciona resultados comparables a los medicamentos antiinflamatorios no esteroides.

El recorrido continúa hacia el tobillo, una articulación que suele pasar desapercibida en este tipo de dolencias. Sin embargo, su movilidad es determinante. “Si no se mueve bien hacia delante, cambias la forma de pisar, y esa compensación sube hasta la rodilla”, explica el doctor. El resultado es un sobreesfuerzo que termina pasando factura, “haciendo que trabaje más de lo necesario, desgastando y causando dolor”.

Frente a este diagnóstico, la propuesta no pasa por el reposo absoluto. Al contrario, el especialista apuesta por la actividad controlada y el fortalecimiento específico. “Fortalece tus glúteos con ejercicios como puente de glúteo o caminando en subida”, recomienda. Para el cuádriceps, sugiere “sentadillas o levantándote de una silla sin usar las manos”.

El trabajo del tobillo también tiene su espacio en esta rutina: “Trabaja tu tobillo con elevaciones de talón, subiendo y bajando lento. Haz estos ejercicios dos o tres veces por semana”. Arteaga insiste en sus beneficios. “No necesitas dejar de caminar, porque caminar también ayuda a lubricar la articulación”, señala. La clave, concluye, está en la distribución del esfuerzo: “Lo que necesitas es repartir mejor la carga con cada paso, porque cuando cada parte hace su trabajo, la rodilla deja de compensar y el dolor baja”.