
En la familia Martínez de Irujo, las historias no dejan de sorprender, por muy acostumbrados que estén al escrutinio público. Con motivo del centenario del nacimiento de Cayetana de Alba, la exposición ‘Cayetana. Grande de España’ volvió a reunir a casi todos los hermanos bajo el mismo techo. El ambiente fue cordial, e incluso el rey Felipe VI se dejó ver en el acto. Solo faltó Fernando, ausente por compromisos previos, aunque desde la familia insisten en que no existe ningún conflicto grave, más allá de los típicos roces que surgen en cualquier casa numerosa.
Menos de quince días después, Cayetano Martínez de Irujo ha reaparecido en Sevilla para presentar el ciclo homenaje a su madre y, esta vez, el tema de la economía familiar salió a relucir sin rodeos. De hecho, Cayetano no tuvo reparo en hablar de cifras y dejó claro que el dinero, lejos de ser tabú, ha formado parte de las conversaciones familiares, aunque no siempre con la misma naturalidad para todos.
“Por eso les he dado los datos: a mí no me da vergüenza; a mis hermanos sí”, reconocía ante los medios. Fue ahí cuando relató el momento exacto en que su madre le pidió, junto a su hermano Carlos, actual duque de Alba, que se encargara de gestionar las propiedades familiares. Lo que nunca imaginó fue el panorama que se iba a encontrar nada más empezar.

“Cuando empecé a gestionar la casa, tuve que ir a mi madre y decirle: ‘Se acabó’. Le dije que ya no podía seguir con sus donaciones y repartos, y mientras lo decía pensaba: ‘A lo mejor me destituye nada más llegar’”, confesó, entre risas. El motivo era contundente: una deuda acumulada de 14 millones de euros. Según cuenta, la reacción de la duquesa fue de auténtica sorpresa: “¿Pero qué me estás contando? ¡Qué tonterías!”. Tuvo que explicarle que nadie le había informado antes de esa situación y que, por primera vez, tocaba apretarse el cinturón.
A pesar de lo abultado de la cifra, Cayetano matiza que, para una casa con semejante patrimonio, no era un drama insalvable. De hecho, asegura que durante los cinco años siguientes logró saldar la mitad de la deuda, a base de mucha gestión y control del gasto. “Contestaba a todo el mundo y ayudaba a todos. En año y pico, tenía un millón y medio de donaciones”, recuerda.
Una carta, un deseo y más de un roce familiar

En 2009, la duquesa de Alba dejó por escrito su voluntad: quería que Cayetano asumiera la gestión de todas las propiedades agrícolas. “No quiero discusiones, la decisión la he tomado porque es mi deseo”, dejó claro en una carta a sus hijos. Sin embargo, la realidad fue otra. Según Cayetano, su hermano Carlos nunca estuvo de acuerdo y bloqueó el proceso. Así, la carta nunca tuvo efecto real, ya que no estaba incluida en el testamento y, legalmente, no era vinculante.
Ser el hijo elegido por su madre tampoco le salió gratis. Cayetano admite que esa posición le costó más de un disgusto y algunos conflictos internos. Aunque con el tiempo las aguas se han calmado y la relación con Carlos y Eugenia se ha asentado, la etapa no fue sencilla. Con Fernando, en cambio, siempre ha habido buena sintonía.

Como reconocimiento por este trabajo para salvaguardar a la familia y su legado, en 2013, Cayetana de Alba quiso reconocer el trabajo de su hijo y le cedió el título de duque de Arjona, el más antiguo de España. Ya era duque de Salvatierra, pero este gesto fue especial: premiaba años de esfuerzo por sanear, modernizar y mantener la Casa de Alba.
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