Marisa, la señalera del aeropuerto de Barajas que ha conseguido que un taller de motores abandonado sea declarado BIC y quiere que ahora albergue un museo

Una técnica de operaciones ha luchado desde finales de 2024 para que un abandonado taller del aeropuerto sea clasificado como Bien de Interés Cultural, expediente que acaba de iniciar el ministerio. “El edificio es precioso y la Fundación pública Enaire tiene 1.300 obras que exponer”

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Una imagen de archivo de
Una imagen de archivo de los Talleres Aeronáuticos de Barajas (Foto: Fundación Alejandro de la Sota)

Marisa Zurita lleva 20 años trabajando en el aeropuerto madrileño de Barajas. Ahora, dada su experiencia, está en labores de formación. Pero durante mucho tiempo, como técnica de operaciones, trabajó de señalera en la terminal 2. Los señaleros son los ojos de los pilotos en las pistas, encargados de que todo funcione correctamente y de que el campo de vuelo esté en perfectas condiciones. De hecho, tienen permiso para circular entre los aviones para comprobar que los equipos que los van a asistir en tierra cumplan con su trabajo. Una función muy especializada que requiere ser muy detallista y observador.

A Marisa le gusta observar. Además, estudió Bellas Artes y le apasiona la arquitectura, así que cuando un compañero le habló de unos talleres abandonados que debía conocer, no se lo pensó dos veces. “Me dijo que era un edificio especial. Era una nave a la que llamaban ‘el almacén’, donde AENA guardaba los trastos”. Se refiere a los Talleres Aeronáuticos de Barajas (TABSA), una infraestructura aeronáutica proyectada por el arquitecto gallego Alejandro de la Sota Martínez entre 1957 y 1958, y que durante mucho tiempo fue utilizada para arreglar los motores de los aviones. Está situado al final de la Terminal 1, junto a la carretera M-14, que separa el aeropuerto con el barrio de Alameda de Osuna.

“Pensé que era el edificio ideal para que la Fundación Enaire pudiera tener un espacio fijo para albergar un museo o hacer exposiciones”, señala Marisa. La Fundación Enaire es una institución cultural pública, dependiente del Ministerio de Transportes, dedicada a “gestionar, conservar y difundir el patrimonio artístico de Enaire, así como a fomentar, divulgar e impulsar la cultura aeronáutica en la sociedad”. De hecho, la fundación tiene actualmente una colección de 1.300 obras de diversa tipología de más de 300 autores españoles e iberoamericanos. “El padre del compañero que me habló de estos talleres había trabajado en ellos. Ahora está en una zona restringida, pero abandonada, con mucha maleza, sucia y con cristales rotos. Pero el edificio conserva bien las paredes. Mantiene su dignidad”, prosigue Marisa.

En un círculo naranja, los
En un círculo naranja, los Talleres Aeronáuticos

Así que esta técnica de operaciones empezó a trabajar en noviembre de 2024 para hacer una pequeña memoria de la historia del edificio y de sus posibles usos, y se la presentó a la Fundación Enaire y a la Fundación Alejandro de la Sota, que conserva el legado del arquitecto. “Y luego lo presentamos al Ministerio de Cultura para intentar que lo catalogara como BIC. He descubierto un tesoro. Y la única manera de protegerlo es nombrarlo BIC”. Marisa ha conseguido su objetivo. El pasado 10 de marzo, el BOE publicó la resolución por la que la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes iniciaba el expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de monumento, a favor de los Talleres Aeronáuticos de Barajas.

“Indispensable su conservación”

“Los Talleres Aeronáuticos de Barajas-TABSA constituyen un ejemplo excepcional del Patrimonio Industrial en España, que hace indispensable su conservación y puesta en valor”, señala la resolución de Cultura. Los Talleres se constituyeron en 1953 con el fin de realizar labores de mantenimiento de los motores de los aviones de Iberia y AVIACO. “Desde su constitución, TABSA fue aumentando progresivamente su actividad de inspección, banco de pruebas, reparación de un número creciente de modelos de motores y de material auxiliar de aviones, lo que hizo necesaria la construcción de una nave específica”. Así se empezó a construir en 1956 la nave que ahora se quiere proteger.

Los Talleres se componen de dos edificaciones: la principal, con 107 metros de longitud, 36 metros de ancho y una superficie total de 3.852 metros cuadrados; y otra más pequeña, destinada a banco de pruebas de motores, ubicada a 22 metros de la edificación principal y con una superficie total de 125 metros cuadrados.

Una señalera en un aeropuerto
Una señalera en un aeropuerto de AENA

“La nave central se configura como un espacio completamente diáfano, estructurado mediante una cubierta sostenida por 14 cerchas metálicas de sección alveolada, que la soportan formando un perfil quebrado en forma de dientes de sierra”, explican desde Cultura. “Esta cubierta con este perfil de dientes de sierra, alterna entre cercha y cercha un faldón quebrado con una parte vertical en la que se disponen grandes lucernarios que posibilitan la iluminación natural. De este modo, el espacio combina la eficiencia funcional exigida por el programa con una solución técnica de carácter innovador y una apuesta por una estética racionalista”.

Una vez sea declarado BIC, ¿cuál será el futuro de los Talleres? “Las actuaciones irán encaminadas a su conservación, consolidación y rehabilitación”, señala la ley. “Eso espero”, señala Marisa. “AENA tiene dinero para un premio literario, debería tenerlo para conservar esta nave y poder habilitar en ella un museo o sala de exposiciones. Es un señor edificio, con una luz preciosa”, asegura. “Las fábricas de la última ola industrial son reflejo de nuestra Historia reciente en sí mismas. Parece evidente la necesidad de generar planes estratégicos que ayuden no solo a poner en valor el tejido industrial menguante que todavía sobrevive a las demoliciones, sino también que planteen y fomenten posibles usos públicos y privados para devolverles su vitalidad original”, señala la memoria que preparó Marisa.

Imagen histórica del interior de
Imagen histórica del interior de los Talleres de Aeronáutica (Foto: Fundación Alejandro de la Sota)

En Madrid, a excepción de actuaciones puntuales como la rehabilitación de la Nave Boetticher en Villaverde, poco se ha hecho para preservar su legado industrial. En el entorno metropolitano, quedan apenas una decena de complejos industriales que van más allá de la actividad logística, y muchas de las antiguas fábricas abandonadas han dado paso a solares en barbecho, a la espera de tiempos mejores para especular. “Urge extender esa percepción de la importancia que ha tenido y tiene la arquitectura industrial para nuestros días como referente de nuestra Historia reciente”, concluye Marisa.

“La iniciativa para su declaración como monumento no ha partido de las administraciones culturales, sino de un grupo de trabajadores de AENA y Enaire, un gesto que demuestra cómo el reconocimiento y la defensa del patrimonio arquitectónico también nace del compromiso de quienes conviven diariamente con estas obras”, explican desde la fundación Alejandro de la Sota.

El director de la Casa Museo Zenobia Juan Ramón Jiménez, Antonio Ramírez explica la situación en la que se encuentra el pino de Fuentepiña en Moguer (Huelva). (Europa Press)

Margarita Asuar, directora gerente de la Fundación Enaire, asegura que ellos “no tienen presupuesto para poder rehabilitar las naves de TABSA. Cuando se declare BIC, se abrirá la posibilidad de rehabilitar estas con cargo al 2% cultural; el primer paso para esto es este expediente que ha incoado el Ministerio de Cultura para declararlo Bien de Interés Cultural, porque los Talleres Aeronáuticos de Barajas constituyen un ejemplo excepcional del patrimonio industrial en España, que hace indispensable su conservación y puesta en valor”.

Las obras de la Colección Enaire están repartidas en los aeropuertos gestionados por AENA, donde hay casi 1.000 obras en 38 instalaciones. También está la Colección Enaire de arte contemporáneo y la Colección de maquetas aeronáuticas en el Centro de Arte Naves de Gamazo, en Santander. En la web de la fundación se puede ver el MetaMuseo de las Colecciones ENAIRE de arte y aeronáutica. “No le corresponde a la Fundación Enaire decidir el uso y destino de las naves de TABSA. Aunque ya existe el precedente de éxito de la gestión que la Fundación realiza de un edificio industrial BIC en Santander, las Naves de Gamazo, que se rehabilitaron con cargo al 1,5% cultural con la dirección de Fundación Enaire porque recibimos el encargo para hacerlo y el presupuesto correspondiente”, recuerda Asuar.