Madrid busca ideas para hacer más eficientes sus torres de vigilancia contra incendios: solo 6 de 34 han podido detectar más del 50% de los fuegos producidos en “su cuenca visual”

El Gobierno de Ayuso abre una consulta para que empresas del sector aporten propuestas que mejoren con soluciones tecnológicas el trabajo de detección que se hace desde estos puestos

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Una de las torres de
Una de las torres de vigilancia de la red de la Comunidad de Madrid

La Comunidad de Madrid las considera “uno de los pilares esenciales del operativo de detección temprana y apoyo a la extinción de incendios forestales”. Se trata de las 34 torres de vigilancia distribuidas por toda la región, más cuatro cámaras fijas, en las que se combina “un sistema de observación humana directa y procedimientos de comunicación y coordinación centralizada”. Pero el Gobierno regional que preside Isabel Díaz Ayuso cree que este sistema, como cualquier otro, se puede mejorar. Por eso ha puesto en marcha una “consulta preliminar” para que empresas del sector puedan identificar “propuestas innovadoras” que luego se puedan traducir en proyectos concretos. Hay que tener en cuenta, según la documentación que ha podido consultar Infobae, que solo en seis de las 34 torres la eficacia de la detección de incendios ha superado el 50%. Se trata de las que hay en Rascafría, Colmenar de Oreja, Navalagamella, Villaviciosa de Odón, Pezuela de las Torres y Montejo de la Sierra.

Como eficacia, la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 define “el porcentaje de incendios detectados en cada torre respecto a los incendios producidos en su cuenca visual”. Hay otras ocho torres cuya ‘eficacia’ está por debajo del 10%. La Agencia también establece la distancia media de la cuenca visual de estos puestos de vigilancia: un radio de 15 kilómetros, “alcance razonable para la observación de una persona situada en el centro de una plataforma a cinco metros de altura”. Este sistema operativo es tan sencillo como parece: se basa en la presencia permanente de vigilantes en los puestos, especialmente durante la campaña de riesgo alto (de junio a septiembre). Cada vigilante (bomberos) realiza barridos visuales sistemáticos del horizonte, apoyándose en prismáticos, instrumentos de orientación y sistemas de comunicación por radio profesional.

Luego el protocolo establece que, ante la detección de una columna de humo o indicio de incendio, se comunique la localización estimada al centro de control mediante coordenadas o referencias geográficas reconocibles, validando posteriormente la información por triangulación visual con otras torres o mediante confirmación de medios desplazados. Los últimos datos oficiales (los de 2024) revelan que una rápida actuación —que viene precedida de una rápida detección— y los trabajos de prevención que se realizan antes de la campaña de verano lograron reducir en 2024 la media de incendios respecto a los últimos cinco años en seis puntos. Se contabilizaron 265 siniestros, de los que 204 (un 76,98%) quedaron en conatos, con menos de una hectárea calcinada. En total se quemaron 1.707 hectáreas. La cifra de 2025 (a la espera de datos oficiales) será mayor, ya que solo en el municipio de Tres Cantos ardieron 2.055 hectáreas.

Ubicación de las 34 torres
Ubicación de las 34 torres de vigilancia en la Comunidad de Madrid

Ante esta realidad, la Agencia ha identificado la necesidad de explorar soluciones tecnológicas innovadoras que fortalezcan las redes de detección de incendios forestales. “El objetivo es avanzar hacia una red integrada, autónoma y conectada, capaz de detectar indicios tempranos de fuego, correlacionar información procedente de sensores distribuidos, cámaras ópticas y térmicas, sistemas no tripulados (UAS) y datos meteorológicos, y generar alertas inteligentes para la toma de decisiones en tiempo real”, explican desde la Consejería de Medio Ambiente.

Las 34 torres están ubicadas en función de tres criterios: la cuenca visual que observan, el riesgo de incendio y el valor ambiental del territorio observado. Son emplazamientos de gran valor estratégico y garantizan la observación continua de las zonas de mayor interés de la región por sus valores naturales y la necesidad de proteger núcleos urbanos. Por ejemplo, la torre que más hectáreas vigila (29.441) está ubicada en el municipio de Puentes Viejas. La que menos (1.696 hectáreas) está en Colmenar de Oreja. La que encabeza el ranking de ‘potencial de detección’ (número de incendios entre 2010 y 2024) es la de Valdemoro, con 494 incidentes.

Vigilantes veteranos

El problema es que, aunque el servicio está operado por un cuerpo de vigilantes con amplia experiencia acumulada, su perfil demográfico está envejecido. “Cerca de la mitad del personal se aproxima al final de su ciclo profesional, lo que plantea un escenario de relevo natural a medio plazo. Esta circunstancia, unida a las limitaciones de cobertura y a la creciente demanda de integración tecnológica, refuerza la necesidad de planificar una transición ordenada hacia un modelo híbrido, en el que la observación humana se complemente con la sensorización, la analítica inteligente y la supervisión remota desde centros de control especializados”, aseguran desde la Consejería. En su configuración actual, la red madrileña de torres “tiene una dependencia elevada del factor humano para la detección inicial y la validación de alertas, y opera con infraestructuras de comunicación basadas principalmente en radio profesional (TETRA)”.

Bomberos trabajando en 2019 en
Bomberos trabajando en 2019 en el incendio que afectó a Cadalso, Cenicientos y Rozas de Puerto Real

Y aunque este esquema ha demostrado eficacia operativa, su sostenibilidad a medio plazo requiere “homogeneizar estándares técnicos, modernizar equipamientos y fortalecer la interoperabilidad con el sistema de emergencias 112″. El modelo madrileño presenta, por tanto, un valioso capital humano y operativo, que constituye la base de cualquier proceso de modernización. “Sin embargo, la combinación de factores como el envejecimiento del personal, la heterogeneidad de infraestructuras y la falta de integración plena con sistemas tecnológicos avanzados, sitúan al servicio en un punto de inflexión”, inciden desde la Agencia. Este contexto justifica la realización de esta consulta, orientada a estudiar el potencial de las nuevas tecnologías y su capacidad de integrarse eficazmente en la red de vigilancia.

El Gobierno regional está muy interesado en poder trabajar con sensores y sistemas de visión remota instalados en los puestos de vigilancia, que incluyen cámaras ópticas PTZ y térmicas con zoom de largo alcance, capaces de detectar de manera automática columnas de humo o focos térmicos. Estos equipos suelen complementarse con estaciones meteorológicas locales y micrófonos ambientales, e incluso con tecnologías radar en entornos específicos donde la orografía o las condiciones atmosféricas dificultan la visibilidad.

Primera torre de vigilancia de
Primera torre de vigilancia de incendios forestales levantada en la Comunidad de Madrid en 1968, ubicada en Navalcarnero

La Agencia define como debilidad del sistema el “peso relevante del factor humano en las fases de detección y validación inicial del sistema”. La red de vigilancia se articula principalmente en torno a la observación directa, circunstancia que define su funcionamiento operativo en escenarios de simultaneidad de avisos o condiciones de visibilidad reducida. Esta configuración, junto con la evolución demográfica de la plantilla [su envejecimiento], constituye un elemento a considerar en el análisis de la capacidad de adaptación del sistema“. En un contexto, el de la gestión de los incendios forestales, “de mayor complejidad territorial, presión sobre los recursos y exigencia de inmediatez en la respuesta”.

La noche del 14 de febrero, se ha declarado un incendio al sur de Cartagena, en Murcia. / 112 Murcia

“El factor humano aporta más datos”

Jesús Molina, representante de los bomberos forestales de la Comunidad de Madrid, explica a este diario que el trabajo de los profesionales de las torres es indispensable. “Los vigilantes dan muchos datos sobre el terreno, que cámaras y otras tecnologías no aportan, datos sobre vientos locales, nombres de fincas colindantes, accesos que hay en la zona... un vigilante se conoce muy bien el terreno, el estado de la vegetación. El factor humano siempre aportará más datos”. El proceso de consulta está abierto. La Agencia de Seguridad estudiará todas las propuestas presentadas. Si se considerasen de interés, se realizarán convocatorias individuales a las personas proponentes para una presentación más detallada o para la ampliación de la información sobre la propuesta.