El “Manhattan Medieval”, el pueblo español de 130 habitantes que fue propiedad de la Duquesa de Alba y que tiene un castillo árabe del siglo XV

Del puerto aduanero que aportó privilegios a la villa a la dura despoblación actual, la historia de Moya sigue dejando huella en el territorio conquense

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Moya. (Shutterstock)
Moya. (Shutterstock)

Los españoles, cuando viajamos, somos todos como Alfredo Landa en Vente a Alemania, Pepe. Comparamos todos los lugares con algún otro sitio. Los conquistadores de los siglos XV y XVI, por ejemplo, veían parecidos constantes con las ciudades que conocían en cualquier lugar al que llegaban: Cempoala era ‘igual’ que Sevilla; Tenochtitlan era Venecia o, también Sevilla; y Xalapa podía recordar a (lo han adivinado) Sevilla. Y esta manía no ha desaparecido con el paso de los siglos, como demuestra esta noticia sobre un pueblo de Cuenca que, aparentemente, algunos conocen como “el Manhattan medieval”. Se trata de Moya.

Este municipio de 133 habitantes, que conserva la memoria de una villa medieval que desempeñó un papel clave en la defensa de los reinos peninsulares, alberga hoy las ruinas de siete iglesias, dos conventos, dos hospitales, un castillo de origen árabe —cuya estructura visible actual data de entre los siglos XII y XV— y hasta cinco recintos amurallados. Situado en un cerro de la Serranía Baja de Cuenca, Moya fue propiedad de la Duquesa de Alba y mantiene una monumental fisonomía que sobresale sobre el paisaje circundante.

Moya recibe su apodo de “Manhattan Medieval” por su extraordinario conjunto de murallas, iglesias y castillo árabe del siglo XV. Llegó a acoger 1.200 habitantes, y aunque ahora está casi abandonado, su silueta monumental persiste sobre el cerro, testimonio de su antiguo esplendor histórico.

Al recorrer los 140.000 metros cuadrados de la antigua ciudadela, es visible la magnitud de lo que fue Moya: murallas que se mantienen en pie en buena parte de su trazado, restos dispersos de templos y rastros de la densa trama urbana que ejerció, durante siglos, como punto estratégico y de control en la frontera de Castilla, Valencia y Aragón. En la actualidad, la villa y el castillo permanecen deshabitados, mientras la vida municipal se concentra en los barrios bajos como El Arrabal.

Castillo de Moya, Cuenca.
Castillo de Moya, Cuenca.

El castillo árabe del siglo XV

En el extremo sur del cerro, a 1.149 metros sobre el nivel del mar, se alza el castillo de Moya. El origen de la fortaleza es árabe, si bien su estructura actual se desarrolló entre los siglos XII y XV, destacando la torre del Homenaje que aún domina el entorno.

El castillo era el principal símbolo del poder local y desde su torre se contemplan vistas sobre tres provincias. Sus muros, construidos en piedra caliza, han resistido el paso del tiempo y su estado de conservación actual permite intuir la antigua función de vigilancia, defensa y control dentro de la estructura territorial medieval.

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El marquesado y la Duquesa de Alba: de la nobleza al abandono

La condición señorial de Moya se estableció en 1480, cuando los Reyes Católicos concedieron el marquesado al conquense Andrés Cabrera, a quien premiaron por su lealtad en la guerra de sucesión de Castilla. A lo largo de los siglos, el título pasó por diferentes linajes hasta integrarse, mediante herencia, en la Casa de Alba.

La Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, fue la propietaria más reconocida en la segunda mitad del siglo XX, y existen registros de su visita a la villa en 1969 y 1987.

El declive de Moya refleja la realidad de numerosos núcleos rurales del interior español. Las desamortizaciones y la reconfiguración administrativa del siglo XIX, seguidas por la emigración durante el siglo XX, motivaron el abandono progresivo de la villa. A mediados de los años 50, los últimos habitantes dejaron el cerro para instalarse en El Arrabal y otros barrios próximos.