Cuál es el efecto del azúcar en el hígado graso

El azúcar añadido puede ser tan perjudicial como el alcohol, alertan los expertos

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La bollería industrial es rica
La bollería industrial es rica en azúcar y grasas (AdobeStock)

El hígado graso es una epidemia que se propaga de forma silenciosa especialmente entre los adultos jóvenes. La esteatosis hepática, como se le conoce en términos médicos, es una afección caracterizada por la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado. Según la Clínica Mayo, se considera hígado graso cuando más del 5 % del peso del órgano corresponde a grasa.

Los hábitos de vida juegan un papel fundamental en esta patología hepática; por ejemplo, el consumo de alcohol. Sin embargo, el azúcar también tiene un rol crucial y, en ocasiones, puede pasar más desapercibida. El azúcar favorece la acumulación de grasa y puede desencadena procesos patológicos que desembocan en la llamada enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Un estudio publicado en el Journal of Hepatology observó que la ingesta diaria de bebidas endulzadas con fructosa libre y sacarosa genera un aumento de dos veces mayor de grasa en el hígado en comparación con quienes no consumen ese tipo de bebidas. En el proceso de metabolización, el hígado almacena la grasa restante de estos azúcares simples y, con el tiempo, sus células pueden ser reemplazadas progresivamente por adipocitos, lo que contribuye de forma directa al desarrollo del hígado graso no asociado al consumo de alcohol.

Los peligros del azúcar en el hígado

El riesgo de enfermedad hepática se incrementa notablemente cuando el consumo cotidiano de azúcar se suma a otros factores como la obesidad y la diabetes tipo 2. Desde la Asociación Catalana de Pacientes Hepáticos (ASSCAT) señalan que el azúcar puede resultar igual de nocivo que el alcohol para el hígado, incluso sin que exista un exceso de peso corporal.

El deterioro hepático, según expone la organización British Liver Trust, implica una alteración en la capacidad del órgano para procesar y eliminar toxinas. Esta disfunción puede revertirse si hay un cambio sostenido hacia un estilo de vida más saludable y una alimentación adecuada. Mantener bajo control la ingesta de azúcares, tanto en bebidas como en otros productos, es central para preservar la salud hepática.

Episodio: ¿Qué es el hígado graso?

Cómo reducir el daño hepático

La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda limitar el consumo diario de azúcares añadidos con el objetivo de reducir el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. En concreto, aconseja que la ingesta no supere las 100 calorías al día en las mujeres (lo que equivale aproximadamente a 24 gramos o seis cucharaditas de azúcar) y las 150 calorías diarias en los hombres, es decir, unos 36 gramos o cerca de nueve cucharaditas. Estas recomendaciones se refieren únicamente a los azúcares añadidos durante la elaboración o el procesamiento de los alimentos, no a los azúcares que se encuentran de forma natural en productos como las frutas o la leche.

Este límite pretende ofrecer una referencia clara y práctica para ayudar a la población a controlar el consumo de azúcar, ya que muchos alimentos de consumo habitual contienen cantidades importantes sin que siempre seamos conscientes de ello. Bebidas azucaradas, productos de bollería, cereales industriales, salsas preparadas o algunos alimentos ultraprocesados pueden aportar una cantidad considerable de azúcares añadidos a la dieta diaria, lo que hace más fácil superar las recomendaciones sin darse cuenta.