Silvia Severino, psicóloga: “El mundo no se detiene cuando te duele algo”

La experta reflexiona sobre la importancia de abandonar la ingenuidad y aprender a proteger el propio bienestar emocional en un entorno marcado por la competitividad

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La psicóloga Silvia Severino recuerda
La psicóloga Silvia Severino recuerda que el mundo no se para ante la tristeza o el dolor. (Freepik)

Hay días en los que el dolor propio lo ocupa todo. En estos momentos, se desearía que el mundo se detuviera unas horas y que las exigencias quedaran en pausa hasta que la herida cerrara. Sin embargo, esto no ocurre: las notificaciones siguen llegando, el trabajo espera resultados y la vida continúa con su ritmo acelerado, ajena a cualquier aspecto emocional.

Vivimos en una cultura que premia la productividad constante y la resiliencia silenciosa, por lo que la debilidad se erige como un signo incómodo. El dolor queda relegado a un segundo plano, como si fuese un estorbo que hay que gestionar en privado.

Quizá lo más difícil de aceptar no es solo que el mundo no se detenga, sino que tampoco garantiza justicia. Existe una idea extendida de que comportarse bien con los demás asegura el mismo trato de vuelta. Sin embargo, la experiencia suele demostrar lo contrario: no siempre la bondad recibe bondad, ni la lealtad obtiene lealtad. A veces, el equilibrio moral que esperamos simplemente no llega.

La experta advierte sobre los
La experta advierte sobre los peligros de mantener la ingenuidad. (Freepik)

En este sentido, la psicóloga Silvia Severino (@lasombradesilvia en TikTok) ha compartido un vídeo en sus redes sociales en el que reflexiona sobre estas cuestiones: “Tienes que entenderlo: el mundo no se detiene cuando te duele algo”, afirma. La frase, lejos de invitar al cinismo, plantea un ejercicio de realismo emocional: el sufrimiento propio no altera la dinámica colectiva. “Algunos miran, otros pasan de largo y otros aprovechan”, añade, describiendo un paisaje humano en el que conviven la empatía, la indiferencia y el oportunismo.

“Crecer implica dejar de ser ingenuo”

Según Severino, parte del malestar proviene de expectativas poco ajustadas a la realidad. Esperamos que el entorno reaccione con la misma sensibilidad con la que nosotros reaccionaríamos. Sin embargo, “no siempre avanzan los más justos, avanzan los que entienden cómo funciona el juego”, sostiene. La afirmación puede resultar áspera, pero apunta a una verdad frecuente: el mérito moral y el éxito social no siempre caminan de la mano.

En esa línea, la psicóloga advierte sobre los riesgos de la ingenuidad prolongada. “Mientras tú esperas reciprocidad, otros observan oportunidades. Mientras confías a ciegas, otros buscan tu punto débil”. No se trata de sospechar de todo el mundo ni de abandonar la confianza como principio vital, sino de asumir que no todos comparten los mismos códigos éticos ni las mismas intenciones.

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El problema, insiste Severino, no es la bondad en sí, sino la expectativa automática de justicia. “La justicia no siempre llega a tiempo”. Aceptar esta idea puede generar frustración, pero también abre la puerta a una posición más autónoma. Si el mundo no garantiza equidad, entonces la protección personal deja de ser una opción secundaria para convertirse en una responsabilidad.

“Por eso crecer también implica dejar de ser ingenuo”, afirma. La madurez emocional, según la experta, no consiste en endurecerse hasta la insensibilidad, sino en desarrollar criterio: aprender a leer contextos, identificar dinámicas y establecer límites. “No se trata de volverte frío, sino consciente, de aprender a protegerte, a elegir cuándo mostrarte y cuándo callar”.

La conciencia, en este sentido, no equivale a desconfianza permanente, sino a discernimiento. Todo esto forma parte de una estrategia para mantener el bienestar emocional. “El poder personal no lo regalan, se construye cuando dejas de esperar que el mundo sea justo y empiezas a hacerte cargo de ti”.