
En una cultura que premia la resiliencia y celebra las historias de superación, el sufrimiento suele presentarse como un trampolín hacia una versión mejorada de uno mismo. Se nos dice que las crisis nos curten, que las pérdidas nos enseñan y que las heridas nos hacen más sabios. Sin embargo, en la experiencia cotidiana de muchas personas, el dolor no empuja hacia adelante: paraliza, bloquea y, en ocasiones, deja cicatrices que no se transforman automáticamente en fortaleza.
No todo sufrimiento implica aprendizaje. A veces, simplemente desgasta, agota los recursos emocionales y deja a quien lo padece sin energía para reaccionar. La idea de que todo lo malo encierra necesariamente una oportunidad puede convertirse, incluso, en una carga añadida: si no sales reforzado, parece que has fracasado también en eso.
En este contexto, la psicóloga Ainhoa Vila, a través de uno de sus vídeos de TikTok (@ainhowins), lanza una advertencia clara contra uno de los lemas más repetidos cuando alguien atraviesa una adversidad. “Hay una frase que te aseguro que hace muchísimo daño, que es: ‘Lo que no te mata, te hace más fuerte’. Desde la psicología de la conducta y desde la psicología, esto no es cierto”.

“El dolor no te fortalece por sí solo”
Esta expresión simplifica en exceso la complejidad de la experiencia humana ya que no existe un mecanismo interno que, por el mero hecho de sufrir, active un proceso de fortalecimiento. “El dolor no te fortalece por sí solo, sino que lo que realmente está fortaleciendo es lo que haces con él”, subraya Vila.
En esa distinción reside la clave del malentendido: no es el golpe lo que construye fortaleza, sino la manera en que la persona logra, o no, procesarlo, entenderlo e integrarlo en su historia. Para ilustrarlo, la psicóloga recurre a la metáfora del peso: “Un peso fortalece si lo levantas, no si te aplasta o si te lesiona”. Así, del mismo modo que en el ejercicio físico la sobrecarga debe ser progresiva y manejable para generar músculo, en el plano emocional el impacto del sufrimiento puede resultar demasiado intenso o prolongado como para convertirse en aprendizaje.
“Esto me lo encuentro muchísimo en mi consulta”, explica. “Personas que básicamente han aguantado muchísimo, pero que no han podido hacer una elaboración de lo que les está ocurriendo”. La psicóloga insiste en que el sufrimiento, por sí mismo, no tiene un efecto transformador garantizado. “No te hace más fuerte, sino que lo que te hace fuerte es aprender a responder de una forma diferente con la que sentirte bien”. La diferencia está en la respuesta, no en la herida.
Este matiz cambia por completo la narrativa dominante: si el dolor no trae automáticamente crecimiento, entonces la responsabilidad no es “aprovechar” cada golpe como si fuera una lección obligatoria, sino buscar herramientas, apoyo y espacios de elaboración que permitan construir una respuesta más saludable. Eso puede implicar terapia, red de apoyo, tiempo o, simplemente, permiso para no poder con todo.
En un entorno social que tiende a romantizar la adversidad, Vila lanza una recomendación muy importante mensaje directo: “No romantices el dolor, trabaja en la respuesta”. La frase funciona como contrapunto a ese optimismo forzado que convierte cualquier tragedia en una supuesta oportunidad.
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