Las anécdotas más comentadas de la jornada electoral en Aragón: un desmayo, mesas a medio gas y un saludo negado

La jornada de las elecciones autonómicas anticipadas se desarrolla con normalidad administrativa, salpicada de pequeños episodios que retratan el pulso del territorio

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Aragoneses votan en el colegio
Aragoneses votan en el colegio electoral CEIP Joaquín Costa (Ramón Comet / Europa Press)

La jornada electoral de este domingo en Aragón ha comenzado con el mensaje que inaugura casi cualquier cita con las urnas: normalidad absoluta y ausencia de incidentes reseñables. Es la fórmula que se repite elección tras elección y que, en términos estrictamente administrativos, vuelve a ser cierta. Las mesas se han constituido, los colegios han abierto sus puertas y los ciudadanos han podido ejercer su derecho al voto. Pero, como suele ocurrir en días así, la vida se cuela entre las actas y los sobres, y deja un puñado de escenas que, sin alterar el desarrollo del proceso, explican mejor que ningún comunicado oficial cómo transcurre una jornada electoral.

Porque más allá de lo que se decide en estas elecciones autonómicas anticipadas —las primeras de la historia de Aragón—, el pulso del día lo marcan los gestos pequeños, los encuentros incómodos, las prisas, los retrasos y las rutinas personales que cada cual intenta mantener incluso cuando toca pasar por la urna. El “salseo”, que dirían algunos, forma parte inseparable del paisaje electoral.

Una de las primeras anécdotas de la mañana ha tenido como protagonista a la candidata del PSOE a la Presidencia de Aragón, Pilar Alegría. La dirigente socialista ha llegado a su colegio electoral con gesto relajado y actitud cordial, pero se ha encontrado con la negativa de uno de los miembros de la mesa a saludarla. Un desplante breve, aunque visible, que ha provocado murmullos inmediatos. “No pasa nada, no pasa nada”, ha repetido Alegría, restando importancia al gesto, mientras desde su entorno se escuchaba un “maleducado” dirigido al susodicho. La escena no ha ido más allá, pero ha quedado como uno de esos momentos incómodos que, sin buscarlo, se convierten en parte del anecdotario del día.

Muy distinto ha sido el ambiente en la comparecencia del candidato del PP y presidente en funciones, Jorge Azcón. Ha acudido a votar acompañado de su familia y, en especial, de uno de sus hijos, que participaba por primera vez en unas elecciones. Azcón no ha dejado pasar la ocasión de subrayarlo ante las cámaras. “Retratarle bien, que es la primera vez que vota”, ha pedido, en un tono cercano y distendido. El momento se ha completado con un encuentro inesperado en la mesa electoral, donde coincidía con Juan Forcén, consejero del Real Zaragoza, uno de los ciudadanos llamados a ejercer como miembro de mesa.

Entre la misa, el gimnasio y la urna

A lo largo de la mañana, muchos aragoneses han integrado la votación en su rutina habitual de domingo. En Zaragoza, no han sido pocos los que han acudido a las urnas después de asistir a misa en la Basílica del Pilar. Es el caso de las religiosas de la residencia Hermanas Angélicas, que han sido de las más madrugadoras de la ciudad. Tras la celebración religiosa, han votado en el hall del Ayuntamiento, un espacio que agrupa desde hace años a varios centros que antes contaban con colegio electoral propio.

Papeletas de diferentes partidos en
Papeletas de diferentes partidos en un colegio electoral de Aragón (Europa Press)

Según ha explicado Pilar Ibáñez, recepcionista de la residencia, alrededor de 60 de las 156 mujeres residentes con derecho a voto habían ejercido ya su derecho antes del mediodía. Algunas han llegado por sus propios medios; otras, acompañadas y en silla de ruedas, en función de sus limitaciones físicas. Una estampa habitual que se repite en cada convocatoria y que refleja una logística silenciosa y poco visible del proceso electoral.

Otros electores, en cambio, se han apresurado a votar para continuar después con planes más profanos: una ruta en bicicleta, una visita al gimnasio o el vermú de rigor. Porque incluso en jornada electoral, la vida sigue su curso.

Retrasos, desvanecimientos y pueblos sin prisa

Como es habitual, no todas las mesas se han constituido a la hora exacta. Algunos presidentes y vocales han apurado hasta el último momento con la esperanza de librarse de la obligación. En Utebo, uno de los casos más comentados, el presidente de una mesa se ha presentado una hora y media tarde, a las 9.30, pese a las advertencias sobre posibles sanciones. En el mismo municipio, otro de los responsables sufrió un desvanecimiento que obligó a buscar un sustituto, un episodio que ha generado comentarios entre los presentes y que ha retrasado el inicio de la votación.

También se han registrado incidencias con ciudadanos que no figuraban en el censo correspondiente, pese a acreditar que ese era su colegio electoral. Casos puntuales que han sido remitidos a la Junta Electoral y que no han alterado el desarrollo general de la jornada. Según el Gobierno de Aragón, el 100% de las mesas estaban constituidas a las 9.30 horas, aunque algunas lo hicieran con retrasos de hasta media hora.

En la provincia de Teruel, la jornada ha estado marcada además por problemas técnicos arrastrados de días anteriores. La rotura de una torre de cobertura telefónica en la Sierra de Albarracín afectó a municipios como Toril y Masegoso, una incidencia que obligó a buscar soluciones alternativas para garantizar las comunicaciones durante el proceso.

Mientras tanto, en los pequeños municipios de la llamada ‘España vaciada’, el tiempo ha avanzado a otro ritmo. En Bádenas, en la comarca del Jiloca, no se había depositado ni una sola papeleta en las dos primeras horas de votación. En Fago, con un censo de 23 personas, solo dos electores habían votado pasadas las once y media de la mañana, sin contar a los miembros de la mesa. En otros pueblos, como Aguatón, Tormón o Torre de las Arcas, la participación avanzaba despacio pero constante.

Los candidatos a la presidencia de Aragón ejercen su derecho al voto en las elecciones de febrero de 2026. (Europa Press)

Especial atención ha vuelto a despertar Salcedillo, un municipio turolense con apenas 11 vecinos con derecho a voto, donde en otras elecciones la mesa ha llegado a cerrarse a los 15 minutos de abrir. Este año, sin embargo, la duda sobre si uno de los electores votaría por correo o presencialmente ha roto la tradición y ha obligado a alargar la espera, pese a la ligera nevada caída a primera hora.

A las 18.00 horas, la participación en Aragón alcanzaba el 56,29%, apenas unas décimas más de la registrada en las elecciones de 2023. Un dato que confirma una mañana tranquila, salpicada de pequeñas historias que, como casi siempre, acaban siendo la letra pequeña de un día grande para la democracia.