Silvia Bronchalo relata en ‘¡De Viernes!’ cómo se reconstruye la relación con su hijo Daniel Sancho tras años de silencio

El reencuentro entre madre e hijo está marcado por conversaciones centradas en la rutina carcelaria y el apoyo económico dentro de la prisión tailandesa

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06/02/2026 Silvia Bronchalo en su
06/02/2026 Silvia Bronchalo en su primera entrevista en televisión en el programa De Viernes. ('DE VIERNES')

La reconstrucción de la relación entre Silvia Bronchalo y su hijo Daniel Sancho, marcada durante años por la distancia y definida hoy por la tragedia, ha emergido como uno de los relatos más contundentes tras la condena por asesinato dictada en Tailandia. En una entrevista realizada en el programa ¡De Viernes!, la madre del joven despliega una narrativa atravesada por la ausencia, la culpa y una convivencia penitenciaria desconocida para la mayoría.

“Nuestra última conversación en libertad fue el dos de febrero de 2020, cuando regresé de Roma y me pidió unas zapatillas”, recordó Silvia Bronchalo, subrayando el significado retrospectivo de aquella escena cotidiana. “Esa fue la última vez que le vi, libre”, insistió. Sobre la fractura previa a los hechos, no dejó espacio para equívocos: “Yo no tenía relación con mi hijo antes. Llevaba tres años sin verle y apenas sin hablar con él”, confesó.

Esta distancia, según explicó, hunde sus raíces en la adolescencia de Daniel, después del divorcio con Rodolfo Sancho. “A partir de los diecisiete, dieciocho, apenas teníamos relación. No le veía ni en vacaciones ni en Navidad”, relató Bronchalo. Añadió que, en aquellos años, Daniel la responsabilizaba de la ruptura familiar: “Quizá él me culpaba de haber roto la unidad familiar. Pero es que no había unidad familiar”.

Distancia, silencio y una relación marcada por la prisión

Durante el extenso diálogo Bronchalo reconoció que intentó retomar el contacto sin obtener respuesta: “Yo le escribo, le llamo, pero no tengo respuesta”. A preguntas sobre si habían explicitado los motivos de ese silencio, fue rotunda: “Tuvimos alguna conversación al respecto, hace mucho tiempo atrás. Pero no sé a qué es debido el que no quisiera hablar conmigo, y a día de hoy todavía no lo sé”.

El acercamiento que ahora se produce no responde a una reconciliación convencional, sino a la urgencia impuesta por la condena. “Ha sido ahora, a raíz de esta tragedia cuando hemos vuelto a tener una relación”, afirmó Bronchalo. Las conversaciones se limitan a cuestiones legales, económicas y el ánimo de Daniel dentro del penal de máxima seguridad de Surat Thani.

Daniel Sancho siendo detenido
Daniel Sancho siendo detenido (EFE)

La cotidianidad que el joven enfrenta en Tailandia es rigurosa y sin concesiones. “Está adaptado. No tiene problemas con ningún preso, tiene amigos dentro y muy poco que hacer. Las prisiones ahí no son como en España, no tienen ningún tipo de actividad. Las cárceles en Tailandia están hechas para que no quieras volver a delinquir”, explicó Bronchalo.

El contacto semanal es breve pero constante: “Me cuenta sobre todo lo que hace todos los días, que está leyendo, si ha podido practicar Muay Thai... Tiene dos amigos extranjeros, por lo menos puede mantener conversaciones en inglés. Él ya va aprendiendo tailandés”, describió la madre en la misma entrevista.

Rutina, carencias y el papel del apoyo familiar en la cárcel

Sobre la rutina carcelaria, detalló: “Se levantan, rezan, cantan el himno, desayunan y luego tienen momentos de esparcimiento para leer o hacer deporte. A las cinco y media vuelven a rezar y después van a la celda. Está en una celda con trece personas. Duerme en el suelo con mantas o colchonetas”, puntualizó Bronchalo.

Ante los rumores sobre posibles privilegios, fue tajante: “No. Allí nadie tiene privilegios. Él vive en la misma celda que otras trece personas, no tiene ducha, tienen una especie de piscina con la que se bañan con un cazo. Es un baño turco y está dentro de la habitación, no veo ningún privilegio”, aseguró.

Daniel Sancho, hijo del actor Rodolfo Sancho, ha ingresado en prisión en Tailándia por el asesinato del cirujano colombiano Edwin Arrieta.

El apoyo económico que recibe es clave para la supervivencia de Daniel en prisión. “Le mando semanalmente o cada 15 días a una persona que le ingresa dinero, alrededor de 400 euros, y que le compra productos de higiene, café... Se cambian café por agua porque la mayoría de la gente que está en esas prisiones no tienen dinero o familiares que les puedan ayudar”, explicó la madre.

El dolor de Bronchalo se cristaliza en una declaración final, desgarradora por su sinceridad: “Preferiría que todo siguiera igual y que esto no hubiera ocurrido. Hubiera firmado no volver a hablar con él nunca más y que esto no hubiera pasado”.