
Jordi Évole ha regresado a la parrilla de laSexta con una nueva temporada de Lo de Évole y lo ha hecho apostando por un estreno cargado de emoción, memoria y verdad. El primer invitado ha sido Manuel Carrasco, uno de los artistas más populares y respetados del panorama musical español, que se ha sentado frente al periodista en una de las conversaciones más íntimas y reveladoras de toda su carrera. Lejos de los focos y los grandes escenarios, el cantante onubense ha repasado su historia personal, marcada por una infancia humilde, el esfuerzo familiar y una dignidad que, según él mismo reconoce, sigue guiando su vida.
Durante la entrevista, grabada en Londres, Carrasco habló sin filtros sobre lo que significa el éxito cuando se viene de abajo. El artista sorprendió o incluso al propio Évole al recordar cómo creció junto a sus padres y sus cuatro hermanos en condiciones muy precarias. Una vivienda de apenas 60 metros cuadrados fue durante años el hogar de siete personas.
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“En casa había muy poco, yo me crie en un patio de vecinos, en una habitación los siete, y nos tocó una vivienda de protección oficial. Mi padre pidió fiado a la tienda donde compraba la comida y así compramos el piso, que tenía 60 metros para siete personas. Le dijo no te voy a pagar la compra durante dos meses para dar esta entrada y allí que pudimos ir. Teníamos literas", explicó.
El relato de sus primeros años dibuja una realidad dura, común en muchos barrios de los años 80 y 90. Carrasco se crio en un patio de vecinos en Isla Cristina, rodeado de marineros, mariscadores y familias que sobrevivían como podían. “Éramos buscavidas”, resumía al hablar de sus padres, obligados a sacar adelante a cinco hijos con recursos mínimos. El cantante recordó también cómo acudían al comedor escolar subvencionado porque en casa no siempre había suficiente para todos.
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La educación, en aquel contexto, parecía un lujo inalcanzable. “Vivíamos allí porque no había otra cosa y con los estudios nosotros siempre decíamos que eso era para los hijos de los maestros. Era como una derrota anticipada, que yo siempre he intentado luchar contra eso”, confesó, describiendo una sensación de derrota anticipada que marcó a su generación. Aun así, Carrasco fue el único de sus hermanos que logró terminar la EGB, aunque también dejó los estudios pronto para ponerse a trabajar.

El miedo al mar y la fortaleza de su madre
Uno de los momentos más sobrecogedores de la charla llega cuando Manuel Carrasco habla de su padre, marinero, que pasaba largas temporadas fuera de casa faenando en alta mar: “Él estaba unos 20 días fuera de casa, en Marruecos... Yo sufría con el oficio de mi padre muchísimo".
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El miedo era una constante. Los naufragios eran frecuentes y el recuerdo de los gritos de las viudas en su barrio quedó grabado en su memoria infantil. “En mi bloque murió un hombre y en el de enfrente otro. No se me olvidará nunca los lamentos de esas mujeres, de los gritos de dolor en el silencio de la noche, que ni el viento tapaba eso. Tenía miedo de que a mi padre también le pasara", relataba con voz contenida.
Mientras tanto, su madre sostenía el hogar prácticamente sola. Trabajaba en la fresa, cuidaba de los cinco hijos y mantenía la casa en pie. Carrasco la definió como “la capitana”, una mujer incansable que nunca tuvo tiempo para sí misma. “Ella no ha visto una película entera. Está inquieta...”, dijo, como símbolo de una entrega absoluta a su familia.
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Antes de dedicarse profesionalmente a la música, Manuel Carrasco hizo de todo. Trabajó en la obra como pintor, se subió a andamios siendo casi un niño y mariscó para vender coquinas en mercados y a las puertas de los supermercados. “Íbamos a la puerta de un supermercado y la intentábamos vender y ahí lo pasaba mal, porque aparecía la chavalita que te gustaba y dejaba el cubo de las coquinas y te daba mucha vergüenza, tendríamos 11 años", admitió.
La música también fue, desde muy pronto, una vía de escape y supervivencia. “Cuando iba a buscar a mi padre al puerto me hacía cantar en la barra de un bar y pasaba el plato cantando fandangos y me daban el dinerillo y me sacaba mis 300 o 400 pesetas. Yo era un buscavidas, me he criado así y eso ha sido una constante a lo largo de todos estos años”, explicaba a Jordi Évole.
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El éxito sin perder los pies en el suelo
Hoy, Manuel Carrasco es uno de los artistas más exitosos del país, pero su relación con la fama sigue siendo compleja. Reconoce que le ha costado asumir su nueva realidad y que incluso siente pudor ante el dinero y el reconocimiento. “Me ha costado reconocer la realidad a la que podía adaptarme y me da dado miedo incluso por mis hijos. Date cuenta cómo soy yo, me compré un coche pasados diez años, pero me daba como vergüenza", confesó. No le gusta ostentar ni sentirse fuera de lugar; prefiere mantenerse cerca de la gente de siempre.
“No me gusta ir por ahí de ostentar, no va conmigo eso. Me veo fuera del tiesto, pero me siento más a gusto con la gente de siempre”, admitió al periodista. Esa forma de entender la vida conecta con una idea que el cantante repite a lo largo de la entrevista: la dignidad. Un valor aprendido en la infancia y que considera clave para haber llegado hasta donde está. Hoy intenta transmitirlo a sus hijos junto a su mujer, Almudena Navalón, convencido de que las cosas importantes se pelean y se valoran.
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