Durante 15 años, María Florencia Mainet vivió una vida que, sobre el papel, parecía perfecta. Trabajaba como administrativa, tenía un sueldo fijo y una carrera estable en La Plata (Argentina). Sin embargo, notaba que algo le faltaba. “Podía ver con bastante claridad cuál iba a ser mi futuro si me quedaba ahí… y no era la vida que quería para mí”, recuerda en conversación con Infobae.
Graduada en Turismo, siempre soñó con viajar y estar en movimiento, pero la rutina terminó ganándole. “No me gustaba. Ni mi trabajo ni la vida que ese trabajo me ofrecía”. Hasta que en 2018 decidió dar un giro de 180 grados. Lo dejó todo y probó suerte fuera, llegando a la industria de los yates de lujo.
“Siempre fui un poco rebelde en el buen sentido. Nunca quise seguir en el camino tradicional ni hacer lo mismo que hace todo el mundo”, admite Florencia. Entre el miedo al fracaso, a la soledad y a perder todo lo que había conseguido, se puso manos a la obra para construir su deseo de una vida más auténtica.
“No quería quedarme en una rutina aburrida, sin desafíos y sin crecimiento. Para mí era mucho más emocionante vivir persiguiendo un sueño”, afirma. Y es que la argentina nunca quiso una familia tradicional, lo que le permitió ser quien es hoy: una mujer independiente, que genera su propio dinero, crea sus proyectos y construye su negocio desde cero.
Esa búsqueda de alternativas fuera de Argentina la llevó a un mundo inesperado. Trabajar en yates no solo transformó su vida, sino que también despertó en ella el deseo de ayudar a otros a animarse a algo distinto.

Dar el salto para dejar el miedo atrás
Dejarlo todo le trajo un aprendizaje constante. “Hoy en día me animo a arriesgar más, porque tengo mucho menos miedo que antes. Hacer lo que hice me dio una seguridad que pocas cosas en la vida te dan”.
Vivió y trabajó en Grecia, Estados Unidos, el Caribe, África y Europa. “Puedo moverme sola por cualquier lugar del mundo”, asegura. Y ahí está su verdadera clave del éxito: “Traspasar la barrera del miedo, animarte a hacer lo que da vértigo, es una de las formas más reales de transformar tu vida”. No obstante, reconoce que las situaciones y los desafíos de cada persona son diferentes: “Hay quienes piensan más antes de decidir y otros que ejecutan más rápido. Ninguna forma está mal; simplemente somos distintos”.

La vida a bordo de yates de lujo: experiencias inolvidables y destinos de ensueño
Trabajar en un yate de lujo combina glamour y exigencia, dice. “Como tripulante, un día a bordo puede variar muchísimo. Depende de si hay huéspedes o no”. Con pasajeros, las jornadas son más intensas. Ella, ahora como jefa de azafatas, organiza las comidas, bebidas, actividades y todo lo que los huéspedes puedan necesitar.
Sin embargo, cuando el barco está vacío, se concentran en la limpieza, mantenimiento, organización de los recursos y la preparación para la próxima jornada. La tripulación se organiza por departamentos: interior (azafatas), cubierta (marineros), máquina (ingenieros), galley (chef) y bridge (capitán y oficiales).
El trabajo de las azafatas es central: limpieza, orden, atención a los huéspedes y decoración de eventos especiales. “Requiere atención al detalle, discreción, organización y una gran orientación al servicio”, comenta.
Entre sus experiencias más destacadas, cuenta una en la que trabajó en un yate de 95 metros, con piscina, jacuzzis, cine y seis pisos. Sin embargo, lo que realmente marcó ese día fue que el capitán permitía disfrutar de las instalaciones cuando no había huéspedes. “Usamos la piscina, tomamos el sol, saltamos al mar e incluso cruzamos el Atlántico”, recuerda.
Es decir, la vida a bordo también tiene momentos de diversión. Desde noches de cine hasta karaokes. No obstante, lo mejor son los destinos: Mykonos, St Barth, Niza, Bahamas... “Los paisajes, el atardecer, el mar… Europa tiene algo único y el Mediterráneo es incomparable”, reconoce.

Sueldos, propinas... y exigencia física: perfil de los tripulantes
El trabajo exige energía constante. “Subimos y bajamos escaleras todo el tiempo. Es físicamente exigente, pero te mantiene en forma”, señala Florencia. Además, la remuneración es muy atractiva. Las azafatas sin experiencia ganan 2.500 euros al mes, mientras que chefs e ingenieros pueden superar los 6.000 euros.
Es más, todo está cubierto: alojamiento, comida, seguro médico y vuelos. Y las propinas, sobre todo en mega yates, pueden alcanzar los 10.000 euros por semana, llegando a 35.000 si se realizan viajes largos.
Pero trabajar como tripulante requiere ciertos requisitos. La industria valora la experiencia en servicio y el dominio del inglés. Para las azafatas, se recomiendan cursos de Housekeeping y Silver Service; para marineros, manejo de tender y Power Level 2. Otros requisitos incluyen pasaporte vigente, certificado médico marítimo, curso de seguridad y edad entre 18 y 45 años.
“El principal error es el currículum. Tiene que estar hecho específicamente para yates, porque es tu carta de presentación”, advierte. Asesorarse con alguien del sector también puede aumentar las posibilidades. Hoy, Florencia ayuda a decenas de personas a ingresar en la industria. “Este trabajo puede cambiar vidas y ayudar a muchas familias”, concluye.
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