
Hoy en día, vivimos en una sociedad altamente acelerada. Todos tenemos días en los que el estrés y la ansiedad se acumulan de golpe. Jornadas laborales en las que el cuerpo está al límite, cargado de tensión, con la mente saturada y una sensación general de frustación. Esto no solo es cansancio, es una mezcla de presión, del entorno y de exigencias que acaban por desbordarse.
Así lo explica Pablo Emilio Gutiérrez, psicólogo clínico y creador de contenido con más de 160.000 seguidores en TikTok, en uno de sus últimos vídeos compartidos. En el clip pone nombre y forma a esos días que se nos hacen tan difíciles, en los que el entorno, sobre todo el laboral, parece exigir respuestas inmediatas cuando tal vez la mente está pidiendo una pausa.
“Y si bien podemos estar supersaturados y necesitamos resolver cosas, nuestro cuerpo nos está pidiendo una pausa. Personalmente, yo considero que estos son de los días más complicados de lidiar”, señala el psicólogo. Cuando llegas a un límite, parar puede ser el punto de partida perfecto para no castigarnos y seguir rindiendo al cien por cien.
Reducir exigencias
El primer paso, según el psicólogo, es reducir los niveles de autoexigencia, ya que aunque el entorno no sea favorable, realmente somos nosotros mismos los que tenemos el poder de frenar la rumiación mental. En los días de mucho estrés no es realista ni sano pretender que puedes hacerlo todo igual de bien. Aunque desde fuera parezca que estás haciendo algo mal o que todo urge, no todo tiene la misma prioridad, y realmente muy pocas cosas tienen esa importancia.

Una herramienta muy típica en terapia, pero que es clave para realizar cambios notables, es la elaboración de una lista. En ella podemos apuntar qué cosas sí puedo hacer hoy y qué cosas no tengo que resolver ahora mismo, qué cosas están en mi mano y qué cosas no.
Podemos darnos permiso para no ser plenamente productivos, es una forma de autocuidado. Es evidente que deseamos dar todo de nosotros mismos y, que al final, es inevitable no demandarnos ciertas cosas o luchar para ascender, construir una mejor carrera o unos mejores estudios, pero es importante conocer nuestros propios límites. La flagelación no va a mejorar nada.
Relajar el cuerpo y la mente
El segundo paso consiste en relajar tanto el cuerpo como la mente. Para ello, el psicólogo propone tres herramientas básicas. La primera es la respiración diafragmática y consciente, consiste en inhalar durante unos segundos, sostener el aire y exhalar lentamente.
La segunda herramienta es el movimiento. Estirarnos, levantarnos de la silla, cambiar de postura, dar un corto paseo o incluso ir a comprar un café, puede romper el bucle y la rigidez física que acompaña al estrés. La tercera herramienta será liberarnos completamente de esos pensamientos. Anotar esas preocupaciones, ya sea en una libreta o en el móvil, ayuda a sacarlos de la cabeza. Después, desechar esos factores que no podemos controlar y reducir la sensación de caos.
El mensaje de Pablo Emilio es claro y directo: no somos máquinas diseñadas para producir. Tener días de estrés no nos define ni como personas ni como porfesionales. También es muy importante que nuestros compañeros y superiores entiendan como acompañarnos a mejorar y a avanzar.
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