Patricio Ochoa, doctor: “La gran mayoría de personas evita sus emociones pensando que así van a desaparecer, cuando en realidad pasa todo lo contrario”

Identificar internamente cada experiencia emocional, sin juzgar ni luchar contra ella, ayuda a disminuir su peso

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El médico Patricio Ochoa en
El médico Patricio Ochoa en el video. (TikTok/@dr.patricio_ochoa)

Reconocer y poner nombre a las emociones es una herramienta eficaz a la hora de regular el impacto emocional en la vida diaria, para Patricio Ochoa, médico que divulga sobre salud a través de sus redes sociales (@dr.patricio_ochoa). Según ha expuesto en una de sus últimas publicaciones, la tendencia habitual de la mayoría de personas es evitar las emociones con la esperanza de que desaparezcan.

Sin embargo, lejos de disiparse, estas emociones tienden a intensificarse cuando no se enfrentan. Para ilustrar este efecto, Ochoa ha recurrido a una metáfora: “Lo que empieza haciendo una pequeña lagartija, un día se puede convertir en un dragón”. Por eso, propone una solución basada en la psicología –el “etiquetado emocional”–, cuyo principio es tan simple como potente: consiste en identificar y nombrar lo que se está experimentando internamente, sin analizar ni juzgar, con el único objetivo de reconocerlo. Según el experto, aunque a priori pueda parecer un gesto sencillo, su repercusión a nivel cerebral resulta muy significativa.

Qué ocurre cuando ignoramos las emociones

Ochoa ha detallado que cuando una persona experimenta una emoción –como ansiedad, enfado o miedo– y no la identifica, la amígdala cerebral se activa intensamente. Esta estructura neurológica, encargada de las respuestas emocionales, actúa de forma reactiva y no reflexiva. Mientras permanece activada, la corteza prefrontal –que regula funciones como el razonamiento o la toma de decisiones– queda parcialmente inhibida. Este proceso explicaría, según Ochoa, por qué el dominio de las emociones provoca pérdida de claridad y genera sensación de agobio.

El giro se produce cuando, siguiendo el proceso de etiquetado, la persona nombra sus emociones con precisión: “Esto es ansiedad”, “esto es enfado”, “esto es un pensamiento catastrófico”. Ante este nombramiento explícito, entra en juego la corteza prefrontal ventrolateral, zona que modula activamente la actividad de la amígdala. El cere­bro pasa entonces de la simple reacción a la observación consciente, y las emociones pierden fuerza porque dejan de definirse como identidad (“yo soy esto”) para pasar a ser vivencias (“esto me está pasando a mí”). Esta distancia psicológica, ha subrayado Ochoa, contribuye a rebajar la intensidad de la emoción.

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Técnicas para etiquetar y regular emociones

Ochoa ha trasladado en su mensaje cómo llevar a la práctica el etiquetado emocional: se trata de detenerse y nombrar mentalmente la experiencia, por ejemplo: “Actualmente estoy sintiendo ansiedad” o “esto es un pensamiento pasajero”. Este reconocimiento no implica combatir la emoción ni buscar modificarla, sino aceptar su presencia y poder normalizarla o enfrentarla.

El especialista ha querido recalcar que estas técnicas no hacen desaparecer las emociones, sino que permiten regularlas. En palabras de Ochoa, cuando una persona aprende a nombrar lo que ocurre en su interior, deja de ser gobernada por las propias emociones y pensamientos, y recupera la capacidad para decidir cómo actuar. Su reflexión final ha insistido en este principio: “Lo que no se nombra, te controla. Pero lo que tiene nombre y apellido, eso sí se puede regular”, ha explicado Patricio Ochoa en el contenido publicado a través de sus redes sociales.