Marta Jiménez, neuropsicóloga: “Tus emociones funcionan como un termostato, están todo el rato escaneando tu entorno y tu mente”

En enfoque de aprendizaje y normalidad ante los errores ayuda a que las respuestas emocionales no se traduzcan en frustración, ansiedad y agotamiento mental en la vida cotidiana

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La neuropsicóloga Marta Jiménez en
La neuropsicóloga Marta Jiménez en el video. (TikTok/@martajimenezpsicologia)

El modo en que interpretamos nuestras emociones y pensamientos determina, para la neuropsicóloga Marta Jiménez, el equilibrio de nuestra vida y la calidad de nuestra experiencia diaria. Cuestionar la raíz de la sensibilidad se convierte, así, en un ejercicio efectivo para que las respuestas emocionales no se traduzcan en frustración, ansiedad y agotamiento mental en la vida cotidiana

“No explotas por todo porque seas ‘demasiado sensible’. Explotas porque tu termostato emocional está mal calibrado. Tus emociones se activan según las instrucciones mentales que tú mismo les das”, explica Jiménez, que divulga sobre salud mental a través de su cuenta de TikTok (@martajimenezpsicologia). De este modo, la especialista plantea que el origen de los altibajos emocionales no es la sensibilidad excesiva, sino un desajuste entre nuestras exigencias internas y la realidad.

Cambiar el pensamiento y la mirada

De acuerdo con Jiménez, al establecer un diálogo interno de perfeccionismo, cualquier “mínima falla dispara frustración, agobio o ansiedad”. Esta interpretación no es inevitable. La posibilidad de cambio surge cuando se modifican las pautas mentales. “Cuando cambias esas instrucciones por ‘estoy aprendiendo’ o ‘equivocarme es normal’, tu sistema deja de saltar a la mínima”, sostiene la neuropsicóloga.

“Tus emociones funcionan como un termostato. Están todo el rato escaneando tu entorno y tu mente y cuando detectan un pequeño cambio, saltan. ¿Y sabes quién decide el punto exacto en el que se activan? Tú. Bueno, más bien las instrucciones mentales que tú mismo le has dado”, afirma Jiménez. El perfeccionismo, dice, provoca que la alarma emocional se dispare ante la menor desviación. En cambio, al abrazar la idea de aprendizaje y normalidad del error, el sistema emocional reduce su nivel de alerta.

La distancia entre las ideas que sostenemos y lo que vivimos intensifica las alertas internas. Para Jiménez, “cuanta más coherencia haya entre lo que piensas y la realidad, menos alarmas internas se activarán”. Esta relación directa entre pensamiento, realidad y reacción emocional subraya la importancia de evitar el autoengaño y de recalibrar el diálogo interno.

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Tomarse la vida menos en serio

“La próxima vez que todo parezca ir mal, recuerda que estás de paso y que no viniste aquí a controlarlo todo, sino a vivirlo todo”, aconseja Jiménez en otro de sus videos. En su visión, tomarse la existencia con menos rigidez, lejos de provocar apatía, invita a una experiencia vital más plena y realista. “No te tomes la vida tan en serio. Nadie sale vivo de ella. Y desde entonces dejé de tomarme en serio todo lo que me decía mi mente”, insiste la especialista, que anima a rebajar el peso del día a día.

“¿Cuántas veces te has tragado un pensamiento como si fuera una predicción real? ¿Y si pierdo el control? ¿Y si me pasa algo? ¿Y si me deja? ¿Y si me equivoco? Piénsalo. Todo esto se va a acabar algún día. Y eso no es motivo de angustia. Es un recordatorio de que lo único que importa es vivir con intención, sentir cada día con presencia y darle importancia a lo que realmente lo merece”, sentencia.