Las pantallas antes de los 2 años causan decisiones más lentas y mayor ansiedad en la adolescencia, según un estudio

La lectura compartida entre padres e hijos ofrece una experiencia enriquecedora e interactiva que el consumo pasivo de pantallas no proporciona

Guardar
Un niño frente a una
Un niño frente a una pantalla jugando a un videojuego. (Adobe Stock)

Un equipo de investigadores de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A’STAR) de Singapur ha relacionado la exposición de niños a pantallas antes de los dos años con una toma de decisiones más lenta y con mayores niveles de ansiedad durante la adolescencia.

El estudio, publicado en la revista “eBioMedicine”, señala que los niños que pasaron más tiempo frente a pantallas durante la infancia presentan una maduración acelerada de las redes cerebrales encargadas del procesamiento visual y del control cognitivo. Este fenómeno podría estar vinculado a la intensa estimulación sensorial que proporcionan las pantallas.

Los autores subrayan que el tiempo de pantalla medido a los tres y cuatro años no produjo los mismos efectos. Esto refuerza la idea de que la primera infancia es un periodo especialmente sensible para el desarrollo cerebral.

Niña pequeña usa el móvil.
Niña pequeña usa el móvil. (Shutterstock)

“La maduración acelerada se produce cuando determinadas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, a menudo como respuesta a la adversidad u otros estímulos”, ha explicado el primer autor del estudio, el doctor Huang Pei.

Tras ello, el investigador ha detallado que, en un desarrollo normal, las redes cerebrales se especializan de forma progresiva con el paso del tiempo. Sin embargo, en los niños con una alta exposición a pantallas, las redes que controlan la visión y la cognición se especializan antes de haber desarrollado las conexiones eficientes necesarias para el pensamiento complejo.

“Esto puede limitar la flexibilidad y la resiliencia, reduciendo la capacidad de adaptación del niño en etapas posteriores de su vida”, ha añadido.

Especialización prematura

De hecho, esta especialización prematura explicaría por qué los niños con redes cerebrales alteradas tardan más en tomar decisiones durante tareas cognitivas a los 8,5 años. Todo esto apunta a una menor eficiencia o flexibilidad cognitiva.

Asimismo, estos niños han reportado mayores síntomas de ansiedad a los 13 años. Los hallazgos sugieren que la exposición a pantallas en la infancia puede tener efectos que se prolongan mucho más allá de los primeros años. Esto influye en el desarrollo cerebral y en el comportamiento a largo plazo.

Un adolescente se muestra pensativo
Un adolescente se muestra pensativo y cabizbajo sentado en la cama. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio se basa en datos de 168 niños de la cohorte Creciendo en Singapur Hacia Resultados Saludables (GUSTO). Se ha realizado un seguimiento durante más de una década. Los investigadores realizaron imágenes cerebrales a los 4, 5, 6 y 7,5 años, lo que permitió analizar la evolución de las redes cerebrales a lo largo del tiempo.

El trabajo se ha llevado a cabo en colaboración con investigadores del Hospital Universitario Nacional de Singapur, el Hospital de Mujeres y Niños KK y la Universidad McGill (Canadá).

Contrarrestar el impacto

Por otro lado, los investigadores han recordado que uno de sus estudios previos mostró que el tiempo que los bebés pasan frente a pantallas también se asocia con alteraciones en las redes cerebrales responsables de la regulación emocional. No obstante, la lectura compartida entre padres e hijos podría contrarrestar parte de estos cambios.

En concreto, entre los niños cuyos padres les leían con frecuencia a los tres años, la relación entre el tiempo de pantalla y un desarrollo cerebral alterado se debilitó de forma significativa. Esto sugiere que la lectura compartida ofrece una experiencia enriquecedora e interactiva que el consumo pasivo de pantallas no proporciona, al incluir interacción recíproca, exposición al lenguaje y conexión emocional.

Lectura compartida entre padre e
Lectura compartida entre padre e hijo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Esta investigación nos ofrece una explicación biológica de por qué es crucial limitar el tiempo frente a pantallas durante los dos primeros años de vida. Además, pone de relieve la importancia de la implicación parental, mostrando que actividades como leer juntos pueden marcar una diferencia significativa”, ha señalado el investigador principal del IHD P A’STAR, científico clínico de la NUS y autor principal del estudio.