
La regla forma parte de la rutina de aproximadamente a 2.000 millones de personas en todo el mundo, pero el tema sigue siendo un tabú, al menos en España. Un macroestudio elaborado por el Instituto INGENIO, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politécnica de València (UPV), ha mostrado cuatro de cada diez personas siguen percibiendo la regla como algo negativo.
La investigación ha contado con la participación de más de 4.000 españoles mayores de 14 años. Los resultados evidencian que solo seis de cada diez perciben el ciclo menstrual con normalidad y que, aunque existen señales de cambio, la percepción social de la menstruación continúa marcada por el silencio, la incomodidad y la persistencia de normas de género que exigen discreción y limpieza.
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El trauma de la primera regla

La vivencia de la primera regla supuso para muchas mujeres el inicio de la sexualización de sus cuerpos y la imposición de nuevas expectativas sociales, lo que en algunos casos se tradujo en sensaciones de inseguridad y vulnerabilidad.
“La menarquia o primera regla no se vive solo como un cambio biológico, sino como un constructo social que marca el inicio de nuevas restricciones y miradas externas”, explica Rocío Poveda, coautora del estudio. Según la investigadora, la forma en la que se vive este momento termina por influir “en cómo las jóvenes se perciben a sí mismas y en cómo son percibidas por los demás”.
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La aceptación del periodo, sin embargo, aumenta con la edad: las mujeres posmenopáusicas reportaron un mayor nivel de aceptación social en el estudio (6,63 sobre 10), seguidas por las mujeres menstruantes (5,87), los hombres (5,80) y las mujeres antes de la menarquia (5,57). Estos resultados sugieren que, a mayor experiencia y madurez, mayor normalización se le otorga.
Por generaciones, en cambio, la tendencia se muestra descendente. Son las mujeres nacidas en las décadas de 1950 y 1960 quienes consideraron que la menstruación estaba más normalizada, con medias de 7,67 y 6,87 sobre 10 respectivamente, mientras que los nacidos en los 80 y 90 puntuaron más bajo (5,76 y 5,67).
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La información y educación ayudan a normalizar el periodo
En este estigma que cargan las mujeres, influye el silencio social que existe alrededor del tema. El 79% de quienes respondieron al estudio afirmó que la menstruación no aparece o lo hace muy raramente en series y películas, y un 73% señaló lo mismo respecto a los libros. Las personas encuestadas señalaron también la ausencia de conversaciones sobre la regla en medios de comunicación, algo que consideran un acto deliberado.

La publicidad recibió las críticas más duras por parte de los participantes, por mostrar imágenes irreales de la regla, con líquidos azules para representar la sangre o mujeres presentadas como enérgicas, radiantes y siempre sonrientes, pese a los cambios físicos emocionales que se viven en el ciclo menstrual. “Estas representaciones, consideradas por las participantes como poco realistas y nada identificables, alimentan la idea de que la menstruación debe embellecerse o higienizarse para ser socialmente aceptable”, explica Sara Sánchez-López, investigadora principal del estudio.
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“Los mayores avances se producen cuando se rompen los silencios de género”, considera Sánchez-López, una afirmación respaldada por el estudio. Según los entrevistados, recibir información práctica y clara en la primera menstruación es un factor significativo en la normalización del periodo. Así, aquellas participantes que recibieron ese acompañamiento se sienten hoy más cómodas hablando de la regla en distintos contextos. Pese a la importancia de la educación, un estudio previo del mismo equipo constató hace dos años que solo un 5% de las mujeres recibe información práctica en la escuela sobre cómo manejar el sangrado.
El tabú de la regla afecta a la autoestima
El trabajo del instituto Ingenio subraya que el estigma de la menstruación tiene consecuencias. Las creencias negativas sobre la regla terminan usándose para desacreditar o deslegitimar a las mujeres en la vida cotidiana. “Los testimonios recogidos entre las 4.000 participantes señalan que, en ocasiones, la menstruación se utiliza para restar valor a sus emociones o a sus argumentos, lo que genera estigmatización y conflicto interpersonal”, explica Santiago Moll, coautor del estudio.
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El estigma que rodea al ciclo menstrual también impide que se trate en debates públicos y políticos, lo que “frena avances en la regulación y el acceso a productos menstruales, dificulta diagnósticos médicos adecuados y perpetúa mitos por falta de información fiable”, concluye Sánchez-López.
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