
Hace aproximadamente un año, la vida de un joven francés de 30 años dio un giro inesperado y trágico. Mientras disfrutaba de una jornada recolectando setas con amigos en el bosque de Bormes-les-Mimosas, al sureste de Francia, fue baleado por un cazador de 83 años que lo confundió con un cerdo. El disparo le destrozó la pierna izquierda, que debió ser amputada.
El tirador, que participaba en una cacería de jabalíes organizada en la zona, declaró a la policía que vio “algo negro” entre los arbustos y disparó creyendo que se trataba de un animal salvaje. “Para mí, era un cerdo”, dijo durante su declaración, según reportó el medio local Nice-Matin.
El impacto del disparo fue devastador. Uno de los amigos de la víctima logró improvisar un torniquete en la pierna, lo que resultó crucial para salvarle la vida antes de la llegada de los servicios de emergencia. A pesar de varias cirugías y una prótesis, un año después, el hombre aún no puede caminar sin muletas.
“No vi cazadores, no escuché perros. Pensé que había pisado una mina”, relató la víctima ante el tribunal. Su testimonio expuso la gravedad del hecho y las secuelas físicas y emocionales que aún arrastra.
El incidente ocurrió temprano en la mañana, antes de que se colocaran las señales de advertencia que suelen marcar la zona de caza. Esta omisión fue uno de los elementos centrales del proceso judicial, donde se debatió la responsabilidad del cazador y la falta de información para los transeúntes.
La sentencia judicial
El tribunal condenó al hombre de 83 años a ocho meses de prisión condicional por haber disparado sin identificar con certeza a su objetivo. Además, se le revocó permanentemente la licencia de caza y se le prohibió poseer armas de fuego.
Durante la audiencia, el cazador pidió disculpas a la víctima, mientras su abogada, Elsa Poncelet, aseguró que su cliente cumplía con todos los requisitos legales: portaba chaleco fluorescente, no había consumido alcohol y seguía el protocolo habitual. Sin embargo, el abogado de la víctima, Régis Durand, enfatizó que los daños son “innumerables y, en algunos casos, permanentes”. Como compensación, el tribunal estimó que el cazador tendrá que pagar 35.000 euros en concepto de daños morales a la víctima y su familia.
La caza, una tradición que sigue cobrándose vidas en España
Aunque el incidente ocurrió en Francia, España no se queda atrás a la hora de reflejar datos similares y preocupantes. En 2024, al menos once personas han muerto (diez de ellos cazadores), a los cuales se suman 19 heridos, según el recuento realizado por Colectivos contra la Caza, como informa Europa Press.
Estas cifras reflejan un problema recurrente que reabre el debate sobre la seguridad en las prácticas cinegéticas. Numerosas asociaciones medioambientales insisten en la necesidad de reforzar la formación obligatoria y los controles de armas, especialmente en zonas donde coincide la presencia de senderistas, recolectores o ciclistas.
La mayoría de los accidentes ocurrieron en entornos rurales o de monte bajo, donde la visibilidad puede verse reducida por la vegetación y el relieve. Los especialistas apelan a una mayor conciencia y prudencia por parte de los cazadores para evitar tragedias como la ocurrida en Francia.
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