
Michael Douglas, uno de los rostros más reconocibles de Hollywood, llega este 25 de septiembre a los 81 años con una vida marcada no solo por su legado cinematográfico, sino también por su estrecha conexión con nuestro país y más concretamente con Mallorca. El actor, que cuenta con dos premios Oscar y más de medio siglo de carrera, ha encontrado en la isla balear el escenario perfecto para disfrutar de una madurez tranquila, rodeado de su familia y de un entorno que ya considera parte de su identidad.
Lejos de los focos de Los Ángeles, Douglas disfruta de un soñado retiro en la Costa Balear y, de hecho, el pasado año no dudó en celebrar su 80 cumpleaños en las fiestas de La Beata, donde se le vio bailar y mezclarse con los vecinos. “¡Una fiesta en el pueblo para los que celebramos los 80!”, bromeó en sus redes sociales, mostrando cercanía y vitalidad. Y es que esa espontaneidad es la que lo ha convertido en un vecino más de Valldemossa, el municipio donde se alza S’Estaca, su imponente residencia con vistas a la Serra de Tramuntana y al Mediterráneo.
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El vínculo de Douglas con Mallorca comenzó en 1990, cuando adquirió S’Estaca junto a su entonces esposa Diandra Luker. La propiedad, levantada en 1867 por el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, se convirtió en refugio de la pareja, aunque tras su separación el reparto de la finca por turnos de seis meses generó tensiones. “Era muy incómodo compartir la casa de s’Estaca con Diandra. Seis meses para cada uno no era algo agradable para nadie. Ahora que ya está todo arreglado y que la casa es cien por cien nuestra, de Catherine y mía”, confesó el actor al diario mallorquín Última Hora.
Ese capítulo quedó cerrado en 2020, cuando Douglas compró la parte que correspondía a su exmujer y se quedó con la finca en exclusiva junto a Catherine Zeta-Jones. Desde entonces, la actriz galesa ha tomado las riendas de la decoración, llenando cada rincón de un estilo acogedor que mezcla lo rústico mallorquín con detalles mediterráneos y británicos.
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Una villa con historia y comodidades
S’Estaca no es una simple casa de vacaciones, sino un complejo compuesto por ocho edificaciones independientes rodeadas de viñedos y olivares centenarios. La finca cuenta con diez dormitorios, diez baños, varias terrazas, piscina de mármol, spa, cine privado, gimnasio y biblioteca, con capacidad para albergar a veinte personas. En palabras del propio Douglas al citado medio local, se trata de un espacio pensado para varias generaciones: “Mis hijos seguirán viniendo y mis nietos y sus hijos. Estoy seguro que durante generaciones esta isla será suya. Esta casa es de mi familia y lo seguirá siendo. A Cameron, Dylan y Carys les encanta. Mi hija habla perfectamente español”.

Y es que el protagonista de Wall Street se siente como uno más de la isla y se muestra siempre muy cercano con la prensa sobre sus días en Mallorca. En una entrevista llegó a admitir lo sencillos que son sus días allí: despertar temprano, leer la prensa, hacer algo de ejercicio, recibir amigos para almorzar o simplemente descansar en el jardín. Esa rutina, simple pero cargada de significado, contrasta con la exigencia de su carrera en el cine. Zeta-Jones comparte con él esta etapa más relajada, en la que priorizan la intimidad y la convivencia con los vecinos.
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Valldemossa, con sus calles empedradas, fachadas de piedra dorada cubiertas de buganvillas y el recuerdo constante de Chopin, se ha convertido en el escenario de esta nueva vida. Allí la pareja pasea, asiste a actos locales y se involucra con la comunidad, un gesto que los habitantes valoran especialmente.

Entre la pantalla y la vida real
No obstante, el actor ha intentado vender la finca en el pasado, llegó a ponerla en el mercado en 2014 por unos 50 millones de euros, reducidos más tarde a 29, aunque terminó retirándola al adquirir él su totalidad. Con el tiempo, comprendió que aquel lugar era insustituible. La finca incluso ha tenido su papel en la ficción: en 2020 fue escenario de la serie White Lines, producida por Álex Pina.
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A pesar de estar prácticamente retirado desde 2022, Douglas asegura que aún estaría dispuesto a volver al set si apareciera “un papel realmente especial”. Sin embargo, su prioridad actual es disfrutar de la vida familiar y de los placeres cotidianos que le brinda la isla. El año pasado, fue homenajeado en el Atlàntida Mallorca Film Fest, donde protagonizó un momento muy comentado con la reina Letizia al recibir el premio Masters of Cinema. “Mallorca es mi segundo hogar. Llevo aquí 35 años y cada vez me siento más unido a esta tierra”, afirmó entonces para IB3, entre risas por su “español terrible”. De hecho, el intérprete ha querido devolver parte del cariño que recibe fundando en Valldemossa el Centro Cultural Costa Nord, un proyecto en el que invirtió más de dos millones de euros y que hoy depende del Govern balear.

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