
Solo en 2023, las enfermedades cardiovasculares se cobraron cerca de 19 millones de vidas, lo que equivale a una de cada tres muertes en el mundo y supone un incremento notable respecto a las 13,1 millones registradas en 1990. Este repunte refleja no solo el impacto del crecimiento y envejecimiento poblacional, sino también la influencia de factores prevenibles como la obesidad y la diabetes, según el último informe del Estudio de la Carga Global de Enfermedad (GBD) publicado este miércoles en JACC, la revista insignia del Colegio Americano de Cardiología, que analiza datos de 204 países y territorios.
El estudio señala que la cardiopatía isquémica, causada por la obstrucción de las arterias del corazón, encabeza la lista de enfermedades cardiovasculares más prevalentes, con unos 240 millones de personas afectadas en 2023, seguida por la afección relacionada con la acumulación de placas de grasa que afectó a otros 122 millones en todo el mundo. El accidente cerebrovascular también permanece entre los principales motivos de muerte y discapacidad en todas las regiones.
La investigación revela que los hombres presentan mayores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares que las mujeres en la mayoría de las regiones, con un aumento significativo del riesgo a partir de los 50 años. Entre 2018 y 2023, el sobrepeso y los niveles elevados de glucosa en sangre en ayunas se posicionaron como los factores metabólicos de crecimiento más rápido, en línea con el avance de la obesidad y la diabetes en todo el mundo.
Uno de los puntos centrales del análisis, según explica el autor principal del artículo, Gregory A. Roth, catedrático de la División de Cardiología y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, es que la carga de las enfermedades cardiovasculares resulta considerablemente mayor en regiones menos desarrolladas, incluso tras ajustar las cifras según la edad de la población. El estudio revela diferencias marcadas entre distintas áreas geográficas, que no se explican únicamente por el nivel de ingresos de cada país.

Asimismo, el informe destaca que el impacto de las enfermedades cardiovasculares aumenta con mayor rapidez en regiones con menos recursos. “Se trata de una llamada de atención. Las enfermedades cardíacas siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo y su impacto crece con más velocidad en lugares donde los recursos para enfrentarlas son limitados”, ha señalado Harlan Krumholz, profesor de medicina en la Universidad de Yale y editor jefe de la revista JACC. La buena noticia, añade, es que al identificar “cuáles son los riesgos y cómo abordarlos, los países pueden actuar y adoptar políticas que refuercen sus sistemas sanitarios”. “Se pueden salvar millones de vidas”.
Para medir el impacto de estas enfermedades, los autores del estudio utilizaron el indicador AVAD, que mide cuántos años de vida saludable se pierden por enfermedad o discapacidad. Según los datos, las enfermedades cardiovasculares ocasionaron la pérdida de 437 millones de años de vida sana en 2023, mucho más que los 320 millones en 1990.
Consumo de tabaco, inactividad física y contaminación
Por otro lado, el estudio indica que en 2023 la presión arterial sistólica elevada, condición que aumenta el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca,fue el factor que más contribuyó a la carga global de enfermedades cardiovasculares. No obstante, también hay otros riesgos clave como una alimentación inadecuada, la contaminación atmosférica tanto exterior como en los hogares, la exposición al plomo y a temperaturas extremas, niveles altos de colesterol LDL, el consumo de tabaco, problemas renales, poca actividad física y el consumo de alcohol de forma insegura.
El estudio revela que América Latina logró una de las mayores reducciones en enfermedades cardiovasculares asociadas al tabaco desde 1990. Sin embargo, América Latina Central y el Caribe presentan altos niveles de exposición a la disfunción renal, lo que eleva el riesgo cardiovascular. El Caribe, además, tuvo el mayor aumento mundial en la prevalencia de enfermedad cardíaca reumática entre 1990 y 2023, mientras que Europa del Este registró la mayor disminución.
La contaminación del aire también tuvo un impacto especialmente fuerte, ya que provocó cerca de 4 millones de muertes cardiovasculares. Aunque en general la exposición a esta contaminación ha bajado en el mundo, regiones como Oceanía concentraron las tasas más altas de fallecimientos asociadas. Por otro lado, la exposición al plomo persiste como un riesgo considerable en lugares de Asia Central y África del Norte, donde continúa representando un peligro importante para la salud cardiovascular.
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